“Las hojas de las ciudades”, nuevo poemario de Mercedes Maiztegui
A menudo me pregunto si las ciudades son las personas o lo paisajes. Pero cuando las recorro y me detengo encuentro fácilmente la asociación entre ambas. Lo que no distingo es si las personas absorben los destellos de las ciudades o si las ciudades adquieren la personalidad de quienes las habitan.
Mercedes Maiztegui, en Las hojas de las ciudades, hace un recorrido hipnótico.
Las camina, las observa y encuentra aquello que las caracterizan, lo que sobresale. La singularidad, eso que las hace únicas.
A diferencia de las ciudades invisibles, de Ítalo Calvino, estas ciudades existen.
Son reconocibles, algunas más turísticas otras menos, como si estuvieran elegidas al azar. Las ciudades de Maiztegui van desde San Pablo a Reta.
Desde Berisso a Ámsterdam.
La cartografía de la escritora construye una miscelánea, donde la diversidad propone una geografía propia.
Maiztegui convirtió cada detalle en palabras y trazó una gran ciudad.
A medida que leo me pregunto si es posible hacer una ciudad con lo mejor de cada una. Hallazgo que ya hizo la poeta en las páginas de este libro.
Las hojas de las ciudades, editado por Malisia e ilustrado Mariasole Nervegna está conformado por cinco partes.
Los poemas en prosa se dividen en Souvenirs, Monumentos, Bolsos, Formas para un nombre, La curva.
En Souvenirs, la poeta busca la cualidad del lugar, ¿qué caracteriza una ciudad? Camina y las define en una palabra. ¿Qué se lleva de cada una?
Hace un extrañamiento y les da cuerpo, un contenido, una personalidad.
Hay algo que sobresale de los lugares y que no es para todos igual, tal vez se trate de un proceso de identificación, de afinidad. ¿Qué parte nos queremos llevar de los lugares? ¿Qué es eso que registra la mirada y se lo acuerda para siempre? Hay algo de enamoramiento cuando alguien va a un lugar por primera vez.
Por eso para Mercedes, Santiago del estero es la ciudad del patio; Río de Janeiro, la ciudad del collage; La Paz, la ciudad de las estrellas.
Y me detengo en “Teotihuacán, la ciudad de las escaleras”. “Las escaleras de Teotihuacán obligan a pensar para qué fueron construidas: si para competir con las montañas o buscar la perspectiva".
En los 20 poemas de Souvenirs se conjugan identidad, multiculturalidad y todos los colores que le dan vida al mundo.
En Monumentos, la civilización se funde con las costumbres y las tradiciones. ¿Qué hace que una ciudad sea alegre? ¿Por qué en algunas predomina la melancolía?
Ciudades cosmopolitas, temáticas, que a veces llevan la carga del estereotipo o el rótulo turístico. Sin embargo, la escritora va más allá y logra la convergencia entre la historia, los mitos y la simpleza de lo cotidiano.
Son 20 ciudades donde el gesto dice más que las palabras.
Me detengo en “Medellín, la ciudad de la amabilidad” donde " Las plantas no conocen reglamento de canteros. Se cuelan, reclaman".
En Bolsos, la elección de las ciudades es ecléctica, ciudades metrópoli como Montevideo, Barcelona y Santa Elena, Taxco o Mompiche.
La diversidad propone un recorrido imprevisto y curioso. Donde el lector tiene la opción de ir a buscar a qué países pertenecen o imaginarse un territorio nuevo, suelto, perdido, un destino posible cuando buscamos un refugio inhóspito.
Me detengo en una de mis ciudades favoritas, “Tafí del valle, el lugar acostado”, el que " se tiende como una colcha sobre montañas sensuales".
En Formas para un nombre, las ciudades son las personas. ¿Qué nombres habitan las ciudades?
Los personajes cobran un espacio predominante en cada espacio. Si pensamos en nuestra ciudad o en nuestro barrio aparece aquella persona que se destaca, que interactúa con la gente pero también con el paisaje. ¿Quiénes son habitués de plazas, escuelas, bares, estaciones de ómnibus? ¿Serian iguales las ciudades sin esas personas?
Aquí me detengo en “En un nombre, yo” mezcla de poesía autobiografía, historia, identidad y memoria, sino ¿de qué más está hecha una ciudad?
¿Qué parte nos queremos llevar de los lugares? ¿Qué es eso que registra la mirada y se lo acuerda para siempre? Hay algo de enamoramiento cuando alguien va a un lugar por primera vez.
¿Qué parte nos queremos llevar de los lugares? ¿Qué es eso que registra la mirada y se lo acuerda para siempre? Hay algo de enamoramiento cuando alguien va a un lugar por primera vez.
En La curva las ciudades se transforman. La curva en general te toma por sorpresa, es el peligro latente, el riesgo de lo imprevisto. Llega la pandemia y altera los ritmos de las ciudades. Un quiebre, una nueva forma de habitar. De mirarnos, de relacionarnos. La distancia no es solamente territorial, es humana.
¿La pandemia cambió las fisonomías de las ciudades?
Las hojas de las ciudades es una invitación a la mirada. Nos convoca a prestar atención a registrar con el cuerpo, a construir memoria emotiva.
Las ciudades también somos nosotros, en el epígrafe, Felisberto Hernández dice, " en un momento dado pienso que en un rincón de mi nacerá una planta"
Somos tierra fértil, un jardín que depende de nuestro cuidado, nadie sabe cómo hacerlo exactamente y como Felisberto deseamos " que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos".
En un nombre, yo
Mi nombre, antes de yo conocerlo, era uno de esos muebles que unían generaciones. En enero de 1978 mi tía Mercedes desaparece. Cuando nací, un poco después, me dieron su nombre.
Lloré mucho sin saber por qué una muerte sin nombre me diera a mí uno. No sé si es mío. Tiene la prudencia de los libros que no quieren molestar, que esperan ser abiertos, que pueden ser leídos. Ella nunca supo de mí y casi se poco de ella. Si lo que nos une son esas palabras que llaman nombre; si al final no fue tanto dolor callado lo que nos juntó como pan con mayonesa. Esta pena sigue contando nombres, muertes sin nombres y nombres sin muerte. Sigue habiendo una razón para que eso suceda y parezca edificio.
¿Se le podrá dar volados para que no esté tan hecho, tan triste, tan lunes?
Mercedes Maiztegui
Nació en 1981.Estudió letras en la Universidad Nacional de La Plata. En 2015 publicó el libro de cuentos El horizonte de la visera (Ed. Malisia)