"Sandro, siempre Sandro": el Gitano versión 1974
Sandro había alcanzado el estrellato tempranamente junto a su conjunto Los de Fuego a través de una serie de actuaciones para el magazine conducido por Pipo Mancera llamado “Sábados Circulares”. En 1974, esto es diez años después, su conductor y amigo de Roberto viajaba a Puerto Rico a entrevistarlo. Ya había transcurrido mucha agua bajo el puente y el por entonces “Iracundo” Sandro se había convertido en una pasión de multitudes, el gran Sandro de América. En dicha breve entrevista, Pipo informaba que el exitoso cantautor no sólo había recibido dos discos de oro sino también uno de platino en reconocimiento a su popularidad alcanzada en Latinoamérica.
Estamos en 1974, un año de quiebre para Sandro y para nuestro país. Perón había regresado definitivamente a la Argentina y había triunfado en las urnas para desempeñarse por tercera vez como presidente de la Nación. Sería la única vez donde Sandro opine políticamente cuando en plena gira en México declarara:
“Perón es como la crisálida... Es el motivador de la esperanza para los argentinos... le devolvió la confianza a mi pueblo y por eso estoy con él. En la Argentina la gente cree en Perón y piensa que puede ser el remedio a sus problemas...”
Pocos analistas y pensadores pudieron definirlo mejor. Sandro se refería más que a Perón al horizonte de expectativas que su figura presentaba, anticipándose a lo que el marxista Raymond Williams luego definió como “estructura del sentir”.
Para Williams, una "estructura del sentir" es la experiencia viva de una generación en un momento histórico específico. No se refiere a las leyes oficiales, la política partidaria o las doctrinas filosóficas escritas, sino a la "atmósfera", el "humor" o el "sentido común" compartido por una comunidad. Eran tiempos signados por la esperanza, donde la violencia formaba parte de lo cotidiano (y no era potestad del peronismo sino a todo Occidente).
Sandro también se sentía en medio de un proceso de metamorfosis y se lo reconocía a Mancera. En el año de la muerte de Perón y la consolidación de la crisis del petróleo, Sandro entendía la necesidad de barajar y dar de nuevo en muchos aspectos. Como dijimos en el artículo anterior, el disco que se relanza de manera digital “Sandro… siempre Sandro” sería el último de una trilogía que cerraba su ciclo con CBS.
“Sandro… siempre Sandro” coincidía con el pico de industrialización general del país, lo que se tradujo en una alta capacidad de consumo por parte de los trabajadores y la juventud. Las fábricas de prensado de vinilo locales trabajaban a máxima capacidad para abastecer a cientos de disquerías en todo el territorio antes de que la inestabilidad económica de fines de 1975 y el posterior golpe militar de 1976 provocaran una fuerte contracción y censura en el mercado cultural. En dicho año, Sui Generis trepa al éxito comercial poniendo en la cúspide a la denominada “música progresiva” mientras que Sandro (paradójicamente) parecía acercarse a la encerrona que también transitaba Elvis Presley yendo a contracorriente de la música “corriente”.
No obstante, Roberto sí buscaría innovar en su tránsito como actor ahora también estrenándose como guionista de su película “Operación Rosa Rosa”. Amada u odiada por los fanáticos, en la misma Sandro actúa como un agente secreto subiéndose a la tendencia propia del contexto de guerra fría donde proponía un James Bond bien argentino. Los que pertenecemos a los noventa no podemos evitar referirnos al icónico comic “Cazador” donde el antihéroe recurría a Sandro para combatir contra Margaret Thatcher, Stalin y Adolf Hitler.
Volviendo a la película, Sandro junto a la inolvidable Laura Bove, buscaban desmantelar el accionar de una banda que planeaba utilizar un arma química o bacteriológica (anticipándose a la pandemia que sufrimos apenas 6 años atrás) contra la población. Sandro debía destruir el arsenal usando armamento sofisticado, autos veloces, artes marciales y, por supuesto, su enorme poder de seducción. Aunque además en dicha película reluce una escena que anticipaba las tristemente célebres “picanas eléctricas” cuando el protagonista se encuentra atrapado en una silla donde recibe sesiones de shock eléctrico.
En ese mismo año, se instrumentaría bajo la dictadura de Pinochet en Chile la “doctrina del shock”. Tal como lo describiría Naomí Klein, la teoría de la doctrina del shock sostiene que para imponer reformas capitalistas extremas (desregulación, privatización masiva y recortes sociales) que la población jamás aceptaría en democracia, se requiere aprovechar o provocar un trauma colectivo (un shock).
Si “Operación Rosa Rosa” pasaba por nuestro país, sin pena ni gloria, “Sandro… siempre Sandro” quedaba preso del desinterés de CBS por promocionarlo teniendo en cuenta la confirmada desvinculación y su pase a la competencia RCA. Tal es así que el gran público solo podría reconocer al escucharlo, la única canción que Sandro interpretaría de aquel disco en la película: la pegadiza “Dime que más quiero”. Canción compuesta por la dupla Julián “Puma” Mandriotti (por entonces jefe de prensa de Roberto) y Leandro “Bebe” Mauro (un cantautor que daba sus primeros pasos musicales) que iniciarán la costumbre de aportar canciones frescas y movidas al repertorio de Sandro hasta 1978 (la última contribución del Bebe será “Sos una locura” para el álbum de Sandro de 1981).
Esas canciones surgidas de juntada entre amigos marcaran una continuidad que serían desplegadas para el repertorio del propio Mauro como exitoso cantante de cuarteto en los 80, ganarían un Martin Fierro por la canción contra la drogas titulada “El quinto jinete del Apocalipsis”, producida por Mandriotti y Sandro y presentada en el Teatro Cervantes en 1988. Paradójicamente el ciclo de colaboraciones de aquella dupla explosiva culmina con la inolvidable canción “Compañero” (interpretada por un Mauro que pretende imitar el registro de Leonardo Favio) que usaría Néstor Kirchner durante su presidencia y eventuales campañas políticas.
Volviendo a “Sandro… siempre Sandro”, el disco recurre a la misma propuesta de “Después de 10 años” dividiendo un lado “A” con canciones movidas y un lado “B” con baladas. A diferencia del anterior, resulta un disco mucho más solido repleto de composiciones inolvidables.
“María la Brava” abre el disco, donde Sandro busca emular el éxito de “Mi amigo el Puma”. Les recomiendo que vean en Youtube la frenética interpretación de la misma que hiciera el Astro en el Festival de Viña del Mar en 1975.
“A la salud de todos mis amigos” es la canción con el típico ADN gitano que tanto caracterizó a su obra. Le sigue una canción preciosa que contenía todos los ingredientes para ser un hit: “Deja de llorar mi vida” reúne la influencia musical de aquel “ultimo Elvis” donde inclusive la guitarra de Ricardo Lew se acerca bastante al estilo de James Burton (tal es asÍ que se puede comparar con “Thinking about you” del álbum “Promised Land” editado el mismo año que el álbum de Sandro).
Aquel “último Elvis” marcará de sobremanera la trayectoria de Sandro (a punto tal que décadas más tarde, Sandro dará inicio a sus conciertos también con “Así habló Zaratustra” como solía hacer Elvis mechándolo con su canción de apertura “See See Rider”, donde Roberto lo mezclaría con “Mi amigo el Puma”) En 1974, la obra de Elvis Presley estuvo profundamente marcada por una intensa actividad de conciertos en vivo y giras por Estados Unidos, la consolidación de su sonido country-soul maduro y un notable deterioro en su salud física.
En “Sandro… siempre Sandro” muchas de sus baladas alcanzan a aproximarse a dicho estilo: “Canción agradecida”. “Porque había” y “Amor, motivo de mi ser” (esta última vuelve a anticipar al mismísimo Elvis ya que homenajea a la clásica “Melodía desencadenada”) se pueden apreciar ciertas coincidencias de estilo con aquel Elvis que grabara en los Estudios Stax de Memphis.
Las letras de las baladas son, sin dudas, mucho más elaboradas y logradas en comparación con “Después de 10 años”. Desde el estremecimiento que transmite con “Por lo que quieras” pasando por la sutilmente pornográfica “Para poder vivir” (“Dos columnas candentes y un negro portal/ Titubeante mi paso y mi andar/ Mas contengo el aliento y me esfuerzo en seguir/ Porque voy a entrar en ti…) hasta el relato casi cinematográfico de un encuentro entre dos ex amantes “Abrazame tan fuerte como quieras”, “Sandro… siempre Sandro” refleja la ultima entrega de aquel Sandro latinoamericano que, como Messi, estaba realizando su frenética labor en el exterior mientras sus fieles se conformaban con seguirlo en la pantalla grande o escuchando sus canciones.
Por todo esto, y mucho más, no nos referimos a un disco del montón. Escucharlo sabiendo a qué Sandro de todos los que conocimos estamos disfrutando nos hace enriquecer y entender cómo un artista popular interpreta en sus “sencillas” canciones el sentir de un Pueblo y un momento histórico.