"Torso de perro", de Mariano Aja: "La novela refleja mucho el momento actual, porque es cruel y de incertidumbre"

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    Mariano Aja
    Foto: Joako Mendonça
ENTREVISTA

"Torso de perro", de Mariano Aja: "La novela refleja mucho el momento actual, porque es cruel y de incertidumbre"

31 Mayo 2026

APU entrevistó a Mariano Aja, Licenciado en Historia, trabajó en el diario La Nación y fue redactor publicitario. Artista digital, escribió guiones y dirigió el corto Las buenas acciones. Acaba de publicar su primera novela Torso de perro editada por Paradiso. 

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo fue la génesis de la novela?

Mariano Aja: La escribí hace bastantes años y la interrumpí en un momento porque, en un ataque de deseo cultural, me puse a estudiar la Licenciatura en Historia. Cuando terminé la tesis la volví a leer con el sentimiento de cuando ves una película que te gustó cuando eras joven y la gente la ve de nuevo y se cae a pedazos, pero en realidad no. Dije: "no está tan mal esta novela", se la mostré a una escritora y me dijo que la tenía que publicar, me contactó con la editorial, la leyeron y les gustó.

APU: Sobre el proceso de la escritura, ¿cómo fue ese trabajo a pesar de las pausas?

MA: La fui tratando en diferentes momentos y talleres. Fue una novela muy larga, tenía como 300 páginas, y en un taller la reduje a la actual. El proceso de que son fragmentos que van para adelante y para atrás también es un poco la cabeza de Damián; quería que cada fragmento sea autoconcluido y decir "acá hay un cuento". Cuando empiezo a escribir así, por un momento te das cuenta de que hay una historia mayor; ahí te soltás un poco y decís "no importa porque voy a otro final" y es entretenido.

APU: Es entretenido y llevadero a la vez.

MA: Leo mucho y estoy permanentemente diciendo dónde está el corte para seguir. En un momento actual en que competís con las pantallas, querés que sea todo acotado y puedas parar, seguir, parar y seguir. Soy de esos que miran las páginas para saber cuánto falta para que llegue el otro capítulo. Y digo: quiero que esta novela tenga algo de esto, que se pueda leer, parar y leer de nuevo.

APU: El personaje principal, Damián, tiene una fuerte ausencia emocional y una carga. ¿Cómo surgió la construcción de este gran personaje?

MA: Pasé mi infancia en la Quebrada. Mi abuelo era jujeño, donde tenía una casa en la que pasábamos todos los primos en el verano, en la época de los 70, diferente al actual Jujuy. En el carnaval bajaban los diablos, es un espectáculo; bajaba la comparsa y la escuchaba a lo lejos. A mí los diablos me metían un miedo terrible. Luego hice un cuento que quedó afuera del libro, que es el padre de Damián que de chico está en Tilcara, en esa misma casa con los diablos, y se esconde debajo de la cocina de piedra. Hablan dos chicas y una le dice: "¿sabés lo que le pasó a Genoveva? No podía tener hijos, entonces indignada empezó a gritar para arriba: '¡Tata Dios, que le nazca un hijo mitad chivo y mitad hombre, cualquier cosa que me nazca, por favor!'... va y le nace". Entonces él escucha ese cuento debajo de la mesa y eso es lo que lo lleva a él a querer ser ginecólogo, para saber si algún día da a luz a algún demonio; y el que da a luz es al hijo como demonio. Esa fue la historia original desde donde desarrollé la novela, de quién era la responsabilidad de que nazca el hijo que es un demonio, que finalmente te das cuenta de que es una responsabilidad compartida: qué tan demonio es Damián y qué tan demonio es el padre.

APU: La paternidad es el eje de la novela.

MA: Sí, es el eje que funciona como un castigo terrible para Damián y después es como liberador. Siempre digo que es como una tragedia griega que tiene hibris, que es ese poder sexual que tiene Damián, y tiene catarsis, porque al final logra una vuelta entera de campana y transformarse en una especie de espada.
 

"Cuando me siento a escribir lo que busco es el extrañamiento de una situación normal y digo: "¿cómo la transformo en algo extraño que le interese al lector?".

APU: Hay mucha violencia. ¿Cuál sería el modelo de masculinidad que propone el padre a Damián?

MA: Un modelo es el machismo, es ginecólogo y experimenta con hembras, y después tiene una empresa de natalidad. Él se considera el creador de las mujeres, es una especie de Dios falso. Para él, el hijo debe ser igual. Hay otra parte de la novela en que dice el padre que los únicos que deben tener hijos son los animales que tienen bolsa; si no existe esa bolsa, no podés querer a tu madre. Es una figura de masculinidad antigua sumada a la locura de querer controlar el nacimiento; de hecho, lo usa experimentalmente al hijo.

APU: Cómo explora Damián para hacerse hombre... un poco tiene que superar al padre y tiene que explorar esa oscuridad.

MA: Físicamente Damián estaba dotado para el combate, viene con una marca inconsciente terrible que lo lleva a ir para adelante y que nadie lo detenga.

APU: Esa oscuridad es una salvación para Damián.

MA: Inicialmente no, se transforma en una salvación en el transcurso de la novela. Lo que digo siempre es algo loco, porque lo escribí en otro contexto de la Argentina pero refleja mucho la actualidad, porque es una obra cruel y de incertidumbre de Damián, que no sabe lo que está pasando. Lo veo parecido a la actualidad, en la que hay una crueldad política y una incertidumbre. En el momento en que la escribí, la sociedad no era así. Para cuando la escribí, el contexto era muy diferente. La ficción dialoga con la realidad.

APU: Hay mucha crueldad en tu escritura. ¿Qué lugar ocupa el lenguaje en esa construcción?

MA: El lenguaje como matizador siempre, como ejercicio mental. Tengo una obra anterior que no publiqué que también me la puse como planteo. El ejercicio, que también lo practiqué en otra novela, mi deseo era: ¿cómo llego a la violencia a un grado superlativo sin que vos pierdas un grado de empatía frente al personaje? Este es un juego que nos da la escritura: cómo matizar esa violencia.

APU: Sobre la relación padre e hijo, ¿hasta qué punto Damián es responsable de sus actos?

MA: No mucho, porque el padre lo utiliza como un experimento más, es como una obra del padre. Uno debería tomar conciencia de sí mismo en algún momento. Pero lo que anhela es lograr conectar con el padre de una manera más afectiva, que no lo logra. La mayor responsabilidad la tiene el padre en esa violencia. Uno se hace grande y se da cuenta, a una determinada altura de la vida, de que uno maneja el barco; la carga la tenés que dejar.

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Libro Torso de perro

 

APU: Cuando terminaste la novela, ¿qué experiencia tuviste?

MA: La experiencia es que está publicada ahora. Como en la obra de Barthes, La muerte del autor, donde dice que el lector es el que mata a la novela, ya le pertenece al lector entonces. Hablando con los lectores, lo que vieron de la novela es enriquecedor. Se empieza a componer, la novela ya no es mía; para mí es un placer cualquier comentario, sea malo o que me asuste. Y, sobre todo, lo bueno.

APU: ¿Cómo pensás el género de esta novela?

MA: Es un género de novela realista y un toque de magia, una especie de terror casero que no sea un diablo corporalizado o de demonios que se hacen cuerpos. Tiene un terror interno naturalista. Es ese terror que llevamos adentro, pero no es una obra de terror. Cuando me siento a escribir, lo que busco es el extrañamiento de una situación normal y digo: "¿cómo la transformo en algo extraño que le interese al lector?".

APU: ¿Por qué escribir? ¿Qué es la escritura en tu vida cotidiana?

MA: Hoy en mi vida la escritura está en un plano central. Cuando me dediqué a estudiar, me dediqué a estudiar. Siento un poco que a la historia la adoro y volveré a hacer alguna investigación. A nivel literario, tiene una forma de escritura muy cerrada. También quería escribir una novela que tenga poesía; quizás la novela no lo tiene, pero sí los personajes. Más allá de la escritura, como dice Nietzsche, exponemos el arte para no caer en manos de la realidad. Cualquier expresión artística es liberadora. Veo a la sociedad con mucho pesimismo y digo: el arte es un pequeño nicho donde vos inventás el mundo, y en ese mundo, por más que sea malo o bueno, te libera de la tensión del día a día. El arte es liberador, hagas lo que hagas.