Noemí Frenkel: "Creo que todos participamos de la memoria colectiva"

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    Noemi Frenkel
ENTREVISTA

Noemí Frenkel: "Creo que todos participamos de la memoria colectiva"

29 Marzo 2026

“¿Qué mirar, adónde, al lado de quién?” se pregunta Noemí Frenkel, en un libro interpelado por un mundo que se desmorona, desgarrado entre discursos que se disputan el lugar de la víctima y el sentido de lo humano. Entre el relato autobiográfico, el ensayo, y la crónica de viaje, la novela Bosque Migrante. Una judía que se desarma editado por Milena Caserola, compone una trama hibrida que recoge otras voces. Migra del yo al tú  y denuncia la sintaxis de la enemistad y el rencor.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo fue el proceso de escribir esta novela de investigación interna y externa?

Noemí Frenkel: Fue un proyecto de narrativa. Empecé con un texto que había escrito con la imagen de un bosque como base disparadora de una forma poética. Esta imagen estaba contenida en una historia que tenía que ver con lo familiar, con los muertos de los que no se hablaba, los que habían quedado en Polonia. Cuando decidí desarrollar la novela, surgió hacer el viaje a Polonia. Así empezó este proyecto.

APU: Hay un capítulo donde resaltás una foto de tu abuelo materno, Nachman Zugman, donde lo describís como un rabino ortodoxo ¿Fuiste criada en una familia judía ortodoxa?

NF: Esa foto, con esa barba y patillas largas, un ortodoxo. Mi madre fue criada en un contexto de esa herencia, pero eligió un camino que no era de religiosidad, sí de continuidad y de la tradición judía. Fui criada en una familia judía tradicional, donde estaba este antecedente de la figura de mi abuelo, de la religión, de la espiritualidad.

APU: ¿Qué podés rescatar de esta tradición judía que recibiste?

NF: En su momento lo había vivido como una rigidez, como un mandato de lo patriarcal, de la tradición mosaica, ante el cual me había rebelado. Hacer todo este camino de volver a reencontrarme sensiblemente con la tradición judía. Mis abuelos vivían consagrados al estudio, a la interpretación de la Torá. Pero eso se perdió en el camino y quedó una cosa más aburguesada de lo que es la religión. También pude encontrar que hay valores muy profundos de lo justo, tener una vida consagrada a Dios, a lo divino, a los valores más altos y espirituales. En el judaísmo hay valores muy profundos de los cuales estoy orgullosa: sobre la cultura, del estudio, del entendimiento. Rescato eso y me parece fundamental, me siento muy ligada a esos valores.

APU: ¿Cómo fue ese viaje a Polonia?

NF: Estaba indagando sobre la historia familiar de mis ancestros, más allá de la historia y de la memoria colectiva que engloba como parte de pertenecer a la minoría judía. Mi intención era escribir, tomaba notas y observaba la experiencia desde el lugar de la cronista. Me sirvió mucho esto de saber que lo que estaba experimentando, que por momentos era angustiante y doloroso, era algo sobre lo que estaba escribiendo; me contenía de alguna manera todo esto.

APU: ¿A qué hacés referencia cuando hablás de memoria colectiva?

NF: Creo que todos participamos de la memoria colectiva. Nuestra vida está inserta en un contexto, en una historia que va más allá de uno mismo y de su círculo más íntimo. Cuando fui a averiguar sobre mis parientes, eso está plegado a la memoria colectiva que tiene que ver con la historia del Holocausto, de la Segunda Guerra Mundial, inclusive de la historia de Polonia, porque mi familia venía de este país. La gran minoría judía estaba atravesada por la historia de Polonia como país y pueblo. También como generación, de ser la memoria de los migrantes que vinieron a la Argentina escapando de Europa, de las guerras, persecuciones, de las hambrunas. Y como parte de la generación de haber sido adolescente en la época de la dictadura, narro también lo que a mí me pasó en la dictadura militando en los años 70, teniendo amigos desaparecidos. Toda esta memoria se está articulando. 

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Libro Una judia se desarma

APU: En la novela contas tu vivencia en la década de los 70 ¿Qué reflexión podés hacer?

NF: Cuento, por un lado, mi rompimiento con la impronta familiar, del mandato de mantenerme en la comunidad judía. Coincide con el momento en que entro en el secundario del colegio Carlos Pellegrini, era muy politizado. Fue en 1973, que era el año de la primavera democrática, cuando se sale de la dictadura de Lanusse. Este fue un momento de mucha efervescencia social y militante. Me vi envuelta en esta situación social de tomas, asambleas, marchas, retorno de Perón a la Argentina.

Todo este recorrido lo viví en un contexto social donde me involucré con mi confusión, con mi desconocimiento, pero al mismo tiempo me sentía muy atraída porque era inquieta, curiosa. Al mismo tiempo me marcó muchísimo cuando tenía 15 años. Llegó la dictadura, donde por un lado estaba toda esta cosa muy genuina de participar, pero luego el correlato de muchos que participaron de la militancia se vieron expuestos de una manera muy irresponsable por sus dirigentes, porque quedaron expuestos frente a los servicios y quedaron marcados muchos de esos chicos que desaparecieron, fueron secuestrados, y yo me salvé de esta situación. Tuve compañeros de la UES que desaparecieron. Rescato ese deseo genuino de querer transformar el mundo, de la justicia y los valores, los ideales. Por otro lado, la derrota política, y por otro lado la traición de Montoneros y de muchos dirigentes como Firmenich. Fue una generación que fue inmolada por sus dirigentes.

APU: En la novela narrás cómo viviste la matanza de Hamas a Tel Aviv el 7 de octubre de 2023. ¿Qué opinión tenés con respecto a la guerra de Medio Oriente?

NF: Esto me interpeló como judía. Una vez que veo la respuesta del régimen ultraderechista israelí hacia Gaza, esto a mí me atraviesa. Estuve estudiando para poder elaborar, para ser testigo de un genocidio en Gaza. Al principio me costaba, porque hay tanto maniqueísmo de estar de un lado o del otro, quién era enemigo de quién. Me llevó un gran trabajo decir: cómo puede ser que el pueblo judío, que fue víctima de un genocidio, después en Israel, que dice que lo hace en nombre del pueblo judío, haya un gobierno que está cometiendo un genocidio contra el pueblo palestino.

Esto me ayudó a estudiar la historia de este conflicto y desaprender muchas cosas que a mí me enseñaron en el colegio hebreo de lo que representaba Israel para mí como judía. Israel era el lugar que a mí me garantizaba que yo no sufriera el antisemitismo que habían sufrido mis ancestros y familiares. Era la garantía de que el día de mañana no te tenga que pasar lo mismo que le pasó al pueblo judío en Europa.
Todo esto es una construcción narrativa que está cargada de falacias, de colonialismo, de hegemonismo, de la supremacía blanca europea contra los pueblos nativos de Palestina. Es la misma idea colonizadora que tuvieron los blancos europeos en América y África. Todo esto lo desarrollo, pero tuve que salir a estudiarlo y a leer cosas que no conocía antes del 7 de octubre, y ver la historia viva hoy de lo que está sucediendo y sigue sucediendo en Palestina.

A mí me interpeló de manera tal que me lo tuve que volver a preguntar y decir: cómo me paro yo frente a esto. Están diciendo que lo hacen para defender a los judíos de los árabes, pero lo que estoy viendo es que se están matando niños, inocentes. No es que sos un terrorista de Hamas o sos un sionista. Tengo que desarmarme; por eso se llama el libro Una judía desarmada. La novela justamente plantea que tengo que desarmar muchas cosas que me inculcaron. Es un desafío desarmar muchas narrativas, manipulaciones, propaganda para sostener poderes y agendas que no son interés de los pueblos sino de los poderosos. Mi posición es que judíos y árabes, palestinos, no son enemigos entre sí. Esto me suena a manipulación: es una enemistad que está construida para sostener poderes y negocios, y todo lo que es la maquinaria de la guerra.

APU: ¿Escribir esta novela fue de alguna manera sanar lo pasado? ¿Cómo ves el futuro?

NF: Por un lado está la cosa de ir a contramano del silencio familiar, donde era muy doloroso. Tenía parientes que los asesinaron en el Holocausto, de eso no se hablaba. Esos silencios de lo que no se habla… y decir: bueno, quiero echar luz sobre algunas cosas que están tapadas. Este mismo ejercicio de hablar de lo que no se habla, de pensar en lo que no se piensa, de cuestionar lo que no se cuestiona, de no someterse a ciertas cosas que están como jerarquías, me sirve hoy en día.

Con respecto al futuro, como compromiso humano y existencial, me doy cuenta de que pensar sobre las cosas me sirve para elaborar situaciones que son muy angustiantes, muy amenazantes, como el tipo de vida que estamos viviendo, de régimen de humanidad. Cómo me paro con todo esto. Hacer el ejercicio de pensar, y para pensar tengo que revisar muchas veces mis creencias y cosas que estaban sin cuestionar. Vamos a mirar para adentro, no solamente decir “yo tengo la razón y el otro es el que está equivocado”. Tengo que poner todo en cuestión. Esta es mi propuesta de futuro: no confirmar el sesgo que uno trae.