Una ciudad entre fronteras: entrevista a Gabo Ferro (recuperada 2018)
Esta entrevista es de septiembre de 2018 y formó parte de un ciclo orientado a pensar la Ciudad de Buenos Aires. Años después, con la ausencia física de Gabo Ferro pero con la enorme presencia de su legado artístico, poder recuperarla y abrirla a quien quiera leerla o releerla nos parece imprescindible para los tiempos que corren.
Este ciclo de entrevistas busca dar cuenta de una ciudad entrecruzada por diferentes miradas, protagonista de pequeñas historias y dueña de muchos mitos. Un territorio sumergido a orillas del Río de la Plata, edificado sobre injusticias y desigualdades. En cada uno de estos diálogos nos atrevemos a indagar sobre la construcción de los distintos sentidos comunes que la acompañan desde su origen, a desarmar las crónicas inmersas en su interior y a repensarla, con una lógica construida colectivamente. Un aporte para seguir preguntándonos. Una hoja de ruta construida a partir de una multiplicidad de miradas que se animan a no ver lo mismo.
Es difícil encasillar a Gabo Ferro. Pero, además, es peligroso. Eso quedará claro a lo largo de la conversación que mantuvimos en su casa -un departamento que se accede por una escalera desde un 4° piso, en pleno centro de la Ciudad-. Nos recibe mientras de fondo se escucha el disco Lazarus. la banda de sonido del musical sobre David Bowie. Sus primeras palabras son humildes y expresan su timidez: nos advierte que no sabe cuánto tendrá para aportarnos a nuestro búsqueda de pensar la Buenos Aires deseada.
Territorios de frontera: los lugares donde todo comenzó
Son pasadas las doce del mediodía en el barrio de Once. Un barrio de frontera, como Gabo lo describe. Frase que repetirá al evocar su infancia en Mataderos, los carnavales y los festejos del día del niño en el Frigorífico Lisandro De La Torre. Imágenes que se imprimen a lo largo de toda su obra. Y es que, Gabo Ferro transita muchos lugares a la vez: el de cantante, autor, compositor, poeta, performer e historiador. Aunque decide no habitar demasiado tiempo en ninguno de ellos.
– Crecer en Mataderos fue hermoso: soy nacido, crecido y educado en ese barrio. Mi familia eligió vivir ahí porque ese lugar estaba completamente atravesado por el trabajo de mi papá. Él fue Jefe de Personal del frigorífico Lisandro De La Torre. Ese era su trabajo desde las 5 de la mañana hasta el mediodía. Después, llegaba a casa y dormía la siesta. Y, a la tarde, se iba a trabajar al Club Nueva Chicago. En el 80, Osvaldo Cacciatore (Intendente de Facto de la Ciudad de Buenos Aires entre 1976-1982) desmantela y desintegra el frigorífico. Fue, en esa autopista que todavía no estaba habilitada, donde -en mi primera adolescencia- iba a andar en skate y, con mis amigos, tuvimos nuestras primeras roturas de tobillo. Ese lugar era un sitio de frontera. La General Paz no operaba como límite, al menos no en Mataderos. Nos llegaba el perfume del Conurbano: de Villa Madero, Lomas del Mirador, del oeste. Y, a su vez, llegaban todas las cuestiones de la Ciudad: de los que nos educamos y fuimos al colegio ahí.
Una de las imágenes que Gabo recuerda de su infancia son las tortas fritas con leche que preparaba la tucumana, la mamá de un amigo del colegio. Las tardes de juego en Ciudad Oculta todavía le provocan felicidad. “El terror, no era el terror al barrio sino a la cantidad de leche y tortas fritas que nos hacían comer para dejarnos salir a jugar”, nos dice sonriendo. Nombra a la Av. Alberdi, a las chicas travestis y trans que hacían los disfraces que usaban para las obras de teatro del colegio. “Mirábamos fascinados lo que era ese ambiente lleno de plumas y telas y cosas”, nos confiesa. También recuerda el carnaval de Mataderos, como un momento de comunión entre ese mundo heterogéneo y diverso que apenas estaba descubriendo:
– Cuando las murgas salían a la calle, las chicas travestis y trans salían adelante. Era el momento de habilitación. El Club Nueva Chicago estaba atravesado por su murga. Entonces, era una cosa compleja, donde uno no paraba de aprender y socializar. Afortunadamente, en mi caso tuve viejos que me animaron todo el tiempo a estar en comunión con todo eso que, yo creía, solo existía en Mataderos. Al menos esa era mi fantasía.
Once, al igual que Mataderos, es para Gabo un “barrio de frontera”. Un lugar que, para algunos, no se entiende. Territorios híbridos que rompen la quietud en la que, a veces, se encuentra sumergida la Ciudad. Él edificó sobre estos espacios su música y sus ensayos y, también fueron los lugares donde decidió quedarse: “y de las cosas que mayor tristeza me producen - en estos tiempos- es, justamente, esa negación y esa falta de empatía con lo diferente”.
“Y de las cosas que mayor tristeza me producen - en estos tiempos- es, justamente, esa negación y esa falta de empatía con lo diferente”.
La incomodidad del género
– Vengo arrastrando una tristeza poderosa desde aquel miércoles en la Vigilia por la Legalización del Aborto en el Senado. Una tristeza que no se me va.
Esa afirmación nos abre una puerta: el género. Un tema que, sin dudas, recorre toda su obra musical y literaria. Desde la aparición del disco Canciones que un hombre no debería cantar (2005), diez años después de que Porco -su primera banda- se disolviera, hasta su participación en la primera movilización de Ni Una Menos o en el escenario ubicado a unos metros del Congreso en la Vigilia del miércoles 13 de junio. Un tema que tanto la canción, como el rock, desatendieron por mucho tiempo.
– De manera no consciente lo tuve presente todo el tiempo. Muchas veces, yo me sentía más atraído por las cuestiones o temas que la cultura pone en el cajón de las chicas, de lo femenino. Yo podía estar encantado jugando al fútbol y, de repente, veía algo más interesante que las chicas estaban jugando y me iba con ellas. A veces, me trompearon. Muchas más veces, no. Pero no me importaba. Eso lo ejercí toda la vida.
Después con mi formación académica -la carrera de Psicología, Filosofía e Historia- descubrí los estudios de género y todo ese milagro de la revolución historiográfica de fines de los años 70. Ahí empecé a leer teoría y a capitalizar todo eso. Primero para mi propia formación como historiador y después cuando comencé a trabajar con la canción, la perfomance, la ópera contemporánea, pude llevarme todo eso conmigo.
Cuando compuse el disco “Canciones que un hombre no debería cantar” -mi primer disco solista- me di cuenta que eran canciones que si las cantara una mujer no sonarían tan inconvenientes. A la gente le llamaba mucho la atención ese material porque era cantado por un señor con barba. Pero a su vez, era cantado por un señor con barba que no intentaba cantar como un varón. Sino que estaba en un lugar de hibridez. Ese es el lugar que a mi me gusta, porque es el lugar de la verdadera inquietud.
Estamos en una época donde todo es catalogado en etiquetas. El capitalismo trabaja con esas redes de asociación porque la etiqueta tiene una cuestión sedativa: seda y tranquiliza. Pero si hay alguien que no está diciendo qué es, es inquietante y, por lo tanto, peligroso.
Ese lugar de hibridez, es para mi, un ejercicio de libertad. Ven a un señor con barba y guitarra y, dicen ahí viene el cantautor: yo siempre digo que mi apariencia de cantautor es una trampa fatal. Nada me interesa menos que el cantautor, está barba hago así y me la saco.
Gabo nos cuenta que, actualmente, está grabando un material sobre cancionistas mujeres de la época del 30 y 40 como Ada Falcón, Tita Merello y Libertad Lamarque, entre tantas otras. A fin de año, va a realizar un concierto con ese material, enunciado en femenino. En esa enunciación es donde la inquietud se vuelve a manifestar: “¿pueden creer que hay personas que me dicen <no puedo escucharte enunciar en femenino>? Ahí te das cuenta del peligro de la enunciación.
– Sin embargo, estas cancionistas enunciaban en masculino y, en ese momento, no era considerado nada extravagante. Es más, muchas de ellas, vendían más discos que Gardel pero nunca nos enteramos de eso. ¿Por qué si estaba Gardel y todo el séquito de varones, estas cancionistas estaban en el lugar de lo cómico? Por ejemplo, hago una versión de "Besos Brujos" de Libertad Lamarque y me han dicho “qué gracioso". La verdad es que no tiene nada de gracioso. Esta canción trata sobre una mujer que es víctima de la trata de personas. ¿Qué es gracioso entonces? ¿Nadie lo vió? Es un material tremendamente doloroso, porque la mujer está siempre colocada en el lugar de guarda, infante, de espera del hombre para realizarse. Ella va a aguantar hasta que él se canse de vivir y vuelva. Yo canto esas canciones y lloró. Es increíble la cantidad de mujeres intérpretes, compositoras y autoras que hay. Pero, en muchas revistas, todavía dicen: a las chicas les falta tener su propio Spinetta. ¿Qué les pasa? No nació otro Spinetta, ni mujer ni varón. Tampoco otro Charly. Esa es la negación que hay de la voz femenina dentro de la música popular.
Por eso, una de las cosas que hay que poner en crisis son los cánones establecidos: ¿por qué estos tipos construyeron el canon de la música argentina? Es innegable su material, la belleza y la importancia de lo que hicieron pero, ¿por qué todas estas mujeres que construyeron y trabajaron a la par de Gardel están casi invisibilizadas?
¿Qué pasa en la construcción de los curriculums de enseñanza? No sólo de la música sino de la enseñanza de la historia. ¿Qué pasa con las mujeres historiadoras, con las investigadoras del CONICET? Tenés una o dos que permiten por etiqueta académica pero, todavía hay una construcción absolutamente patriarcal, masculina.
Las jornadas históricas por la Legalización del Aborto que, tuvieron su epicentro en la Ciudad de Buenos Aires y como principal protagonista al movimiento de mujeres, lograron imponer en la agenda mediática y pública debates que estuvieron postergados durante muchos años. Gabo Ferro acompañó -ese 13 de junio- con sus canciones las horas de espera frente al Congreso. El 8 de agosto también estuvo allí pero, en este ocasión, en la calle, como uno más que se mezclaba en esa poderosa marea verde.
– Mi lugar de varón está subsumido, está en un lugar de compañía. Mientras que mi lugar como persona me saca. No podía creer lo que estaba escuchando en la Cámara de Senadores. Uno que toma contacto con diferentes sitios del país, sabe que lo que estaban diciendo era mentira y, no sólo era mentira, sino que estaban apelando a una construcción de verdad para el ajeno, para el que no vive en ese lugar. Por otro lado, mi lugar femenino -lo ejerzo sin ser mujer- me saca aún más que a mi persona. Ese día, me quedé hasta donde pude escuchando las exposiciones de los/as senadores/as en casa. Todo el mundo decía que se perdía pero, era imposible no pensar que todo se podía dar vuelta. Todavía teníamos la música de lo que había sucedido en Diputados adentro. Después, la calle, la mojadura, el frío y el abrazo. Los que pudimos acompañar a alguna compañera, amiga o mujer a una práctica relacionada con el aborto, hubo algo que se nos hizo indeleble para siempre: lo que se siente cuando, hay algo que supuestamente es tuyo -como tu cuerpo-, y no te dejan ejercer tu poder de decidir sobre él.
Yo creo que el feminismo necesita derramarse en sí mismo, yo necesito que el feminismo se derrame en el mundo.
"Yo creo que el feminismo necesita derramarse en sí mismo, yo necesito que el feminismo se derrame en el mundo".
La Ciudad y la cultura de masas
Gabo nos ofrece una reflexión clave sobre el papel de la Ciudad de Buenos Aires en tanto polo cultural. Y en particular, como centro creador de cultura de masas a partir del siglo XX. De hecho, señala que el tango se realizó en la Ciudad de Buenos Aires cuando antes, no existía el tango. Ese proceso de invención, configuración y masificación de una cultura popular ocurre en el marco del auge demográfico de la capital.
– Es muy complejo pensar la Ciudad de Buenos Aires como un centro, sin incorporarle al Conurbano. Lo que ocurre en la Ciudad no se explica sin lo que ocurre en el Conurbano y lo que ocurre en el Conurbano no se explica sin lo que ocurre en la Ciudad. La Ciudad de Buenos Aires es un centro cultural por excelencia desde hace más de un siglo y, a la vez, es un centro cultural que ha trabajado sistemáticamente para negar esa construcción, para negar esa mixtura. Es la construcción de lo unitario por excelencia. De hecho, la letra del tango se funda con la migración del sur, o de la gente que llega del interior.
En relación a ese “centro cultural por excelencia”, Gabo considera que hay un supuesto que debe revisarse: que la cultura de masas es cultura “baja”. En su recorrido, menciona a quienes “diseñaron” esa cultura de masas y el rol de la ciudad en esa operación.
– El siglo XX en la Ciudad de Buenos Aires fue el momento donde se creó la cultura de masas. Eso fue fundado sobre una serie de terribles injusticias y desigualdades. La cultura de masas fue hecha por varones y mujeres que intentaron dar cuenta de los territorios marginales de la ciudad. Eso, muchos no lo quieren ver.
Gabo plantea que la cultura de masas tiene una capacidad de iluminar lo que un orden social tiende a ocultar. En ese sentido, rescata el carácter político del tango, del rock, de la canción. También alerta sobre la facilidad con la que ese carácter puede ser neutralizado.
– La cultura de masas es algo que la gente consume y que la gente disfruta. Pero también es una cultura que es apropiada por el poder. Es muy fácil que la cultura de masas pierda su peligrosidad y se vuelva un objeto decorativo. Uno tiene que, de alguna manera, impedir eso.
"La cultura de masas es algo que la gente consume y que la gente disfruta. Pero también es una cultura que es apropiada por el poder".
El amor como agenda política
Gabo insiste en que no hay que resignarse a la captura religiosa o mercantil del amor. Lo piensa como fuerza histórica y como potencia política.
– A mi uno de los temas que más me interesa, justamente para devolverle su peligrosidad, es el amor. No es joda el amor ni sus manifestaciones. Últimamente, se cree que el amor es un gesto burgués o una especie de ensoñación, de fantasía.
Tengo un hermano que me lleva varios años y perteneció al movimiento hippie. Para ellos el amor no era una cosa menor, de hecho el rock se funda sobre el amor.
Ahora, tiene mejor prensa cierta falta de compromiso amoroso. A los que elegimos comprometernos amorosamente, fuertemente y creemos que el amor es tremendamente peligroso y revolucionario, somos vistos como trasnochados, apasionados, medio enloquecidos.
Cada vez me agarro más de eso. Por lo tanto, cada vez, estoy más solo, porque no dejan de verte como una especie de hombre no evolucionado del todo, como que parte del último sapiens sapiens sapiens es haber dejado el amor como gesto revolucionario. Yo prefiero seguir siendo un sapiens sapiens (ríe).
"En la historia de la cultura, las cosas que la gente no ha hecho por odio las ha hecho por amor. Hay que incorporarlo en la agenda política, tenemos que recuperar esa potencia transformadora".
Creo que las agendas políticas partidarias tendrían que pensar qué hacen con el amor. No con las prácticas eróticas, con las elecciones sexuales o con la diversidad de identidades. Probablemente, se caguen de risa, pero para mi no es una cosa cómica. Ha pasado algo muy peligroso: el amor se ha colocado en la agenda de la religión. Por lo tanto, se ha sacado al amor de lo laico. Yo no le quiero permitir a ninguna religión que se lleve puesto al amor.
Hay un gran miedo y por eso el amor está desconsiderado de las agendas políticas, desagregado de la cosa cotidiana, porque la religión y la música pop se lo apropiaron. ¿Vos sabés las cosas que ha hecho la gente por amor? En la historia de la cultura, las cosas que la gente no ha hecho por odio las ha hecho por amor. Hay que incorporarlo en la agenda política, tenemos que recuperar esa potencia transformadora.