Argentina y Egipto: una muestra que atraviesa siglos
No es una muestra sobre Egipto. O al menos, no solamente. “Ciencia y fantasía. Egiptología y egiptofilia en la Argentina” es una exposición que propone algo más profundo: contar la historia de la relación entre Argentina y la civilización egipcia, un vínculo cultural que comenzó en el siglo XIX y que aún hoy sigue despertando curiosidad y asombro, eso lo demuestra las más de 200 mil personas que ya visitaron la exposición desde diciembre.
Una muestra sobre nuestra relación histórica con Egipto, una relación que es de larga data. Nos recibe en el ingreso la fotografía del matrimonio González Garaño, Mariette Ayerza y Alfredo González Garaño, quienes viajaron a Egipto en 1926 y se retrataron en el templo de Luxor. Ellos realizaron un registro fotográfico tras la fascinación por los grandes descubrimientos arqueológicos. Fueron contemporáneos de esa idea de viajar a Egipto como referente cultural: un paseo de disfrute, pero también de conocimiento.
Argentina, dentro de su trayectoria histórica, desarrolló una búsqueda y una fascinación por Egipto. Los fundadores de los museos nacionales veían en Egipto un modelo de civilización. En su visión histórica creían incluso en ciertos vínculos culturales profundos. No podían fundamentarlos científicamente, pero sostenían que existía algún tipo de conexión.
Gracias a esa pasión se incorporaron libros fundamentales a las bibliotecas nacionales. Como el ejemplar conservado por la Biblioteca del Museo Mitre sobre la cartografía de Ptolomeo. Se publicaron manuales sobre la historia de Egipto y se realizaron compras importantes para lo que en ese momento era el Museo Nacional de Buenos Aires, hoy conocido como Museo Rivadavia. En esa época, los presidentes acumulaban patrimonio cultural como parte de la construcción de una idea de país. Para consolidar una nación, se consideraba fundamental poseer patrimonio cultural.
En 1845 se publicó un manual de gran formato sobre la historia de Egipto. Es un libro bellísimo que actualmente puede consultarse en la biblioteca del museo. En aquel momento, los museos permitían incluso la manipulación directa de ciertos objetos, algo que hoy ya no sucede por razones de conservación.
Uno de los hitos fundamentales en la historia del conocimiento egipcio fue el desciframiento de los jeroglíficos. Durante mucho tiempo nadie sabía qué significaban esos signos. No solamente los franceses intentaron descifrarlos, sino también los ingleses, en lo que fue una verdadera batalla cultural. Finalmente, el lingüista francés Jean-François Champollion logró interpretar la escritura gracias al hallazgo de la Piedra Rosetta, que contenía el mismo texto en tres escrituras distintas: jeroglífica, demótica y griega.
El sistema jeroglífico es complejo, porque no es solamente alfabético: transmite ideas, sonidos y conceptos. Un mismo signo puede tener diferentes significados según el contexto. Dentro de los cartuchos —óvalos que enmarcan nombres reales— se encontraban los nombres de los faraones. El reconocimiento de estos cartuchos fue clave para el desciframiento.
En el Antiguo Egipto, religión y política estaban profundamente unidas. Se trataba de una teocracia. El Estado egipcio fue una de las primeras estructuras estatales que organizó la distribución de alimentos. Existían grandes depósitos de trigo y un sistema centralizado de administración. La religión legitimaba ese orden político.
Muchas de las piezas de la muestra reflejan esa cosmovisión. Cada persona tenía en su hogar un pequeño culto doméstico. Anualmente se realizaban procesiones como forma de ofrenda y agradecimiento por la producción obtenida.
Argentina, dentro de su trayectoria histórica, desarrolló una búsqueda y una fascinación por Egipto. Los fundadores de los museos nacionales veían en Egipto un modelo de civilización.
También podemos observar la representación del cielo en un calco sobre el Zodiaco de Dendera. Allí se encuentran las constelaciones y los signos. Los jeroglíficos que rodean estas representaciones aluden a los dioses que sostienen el firmamento.
En 1922, el descubrimiento de la tumba de Tutankamón generó un impacto internacional. Argentina también se vio influenciada por ese entusiasmo. Se publicaron artículos en diarios, se difundieron imágenes y comenzaron a realizarse viajes con fines culturales y científicos.
La momificación es otro gran atractivo científico, cultural y curioso, constituye uno de los aspectos más conocidos de la cultura egipcia. Los faraones, al morir, debían enfrentar el juicio de Osiris. En ese juicio se pesaba el corazón del difunto para determinar si había llevado una vida justa. Si supera la prueba, accedía a la vida eterna.
Durante el proceso de momificación se extraían las vísceras, que eran colocadas en vasos canopos. También se utilizaban amuletos protectores y brazaletes de oro con cabeza de serpientes.
En la muestra se conserva una momia cuya identidad se desconoce. Solo se preserva la cabeza, sin el maxilar inferior. El nombre era fundamental para la continuidad en el más allá; perderlo significaba la desaparición simbólica. También se encuentra exhibido un ataúd con una momia masculina cuyo nombre es Herwodj. Las tumbas en el antiguo Egipto estaban decoradas con pasajes del Libro de los Muertos, textos que guiaban al alma en su tránsito hacia la eternidad. Con el paso del tiempo, muchas inscripciones se deterioraron o se perdieron.
Otra historia interesante es la del llamado “Papiro Buenos Aires”, un relato literario que muestra la complejidad del pensamiento egipcio y su concepción del más allá. No se trata de un hecho histórico real, sino de una narración literaria que ilustra las creencias de la época.
En el siglo XX, Argentina envió misiones científicas y adquirió piezas que hoy forman parte de colecciones privadas y públicas. La fascinación por Egipto también se manifestó en la cultura popular argentina. Escritores, artistas y músicos se inspiraron en estos descubrimientos.
Esta muestra no habla únicamente del Antiguo Egipto, sino del vínculo cultural que Argentina construyó con esa civilización. A través de libros, fotografías, objetos arqueológicos y testimonios, se evidencia una relación que atraviesa generaciones y que continúa despertando interés en la actualidad.
Al final del recorrido, queda una idea clara: la fascinación por Egipto no pertenece únicamente al pasado. Sigue viva, reinventándose en cada generación que vuelve a preguntarse por el misterio de los jeroglíficos, las pirámides y la promesa de la eternidad.
La exposición fue curada por Emilio Burucúa y Sergio Baur con el asesoramiento académico de los especialistas Diego M. Santos y Marcelo Campagno. Podrá visitarse en el Pabellón de exposiciones temporarias del Museo Nacional de Bellas Artes Argentina hasta el 19 de abril de 2026, de martes a viernes, de 11 a 19.30 (último ingreso), y los sábados y domingos, de 10 a 19.30, en Av. Del Libertador 1473, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.