Revolución Nacional y Comunidad Organizada

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Revolución Nacional y Comunidad Organizada

22 Mayo 2026

Por muchos años, la disertación del presidente Perón sobre la “Comunidad Organizada” de 1949 pasó desapercibida. En los últimos años hubo un rescate público de esa ponencia, sin demasiadas aclaraciones sobre su contenido, que más que eleme­ntos concretos contiene principios filosóficos -muy válidos, por cierto- para orientar su construcción política. En realidad, esa comunidad organizada comenzó a plasmarse en el marco de la revolución de 1943, transformada en revolución nacional y popular a partir del 17 de octubre de 1945 y años subsiguientes, hasta 1955.

En efecto, en 1944, siendo presidente el general Edelmiro Farrel, estando próxima a concluir la Segunda Guerra Mundial, le encargaron al coronel Perón preparar en el marco del Consejo Nacional de Posguerra creado a tal fin, una acción para el país que nos permitiera zafar de esa situación dentro de nuestras pobres posibilidades”. El resultado de ello se convirtió al fin y al cabo en las bases ideológicas y doctrinarias del peronismo histórico.

Dicha historia la traía a cuento el propio Gral. Perón (después de haber sido elegido presidente de la Nación por tercera vez en 1973), en ocasión de reunirse en el Salón Blanco de la Casa Rosada con funcionarios y técnicos que intervendrían en la elaboración del Plan Trienal de 1974 a 1977, plan que no pudo llegar a cumplirse en su totalidad por la muerte de Perón y el golpe de 1976, sin que nadie tampoco lo rescatara expresamente del olvido para darle continuidad después de 1983. Pasaría lo mismo con la Constitución de 1949, anulada por un decreto de la Revolución Libertadora, contrarrevolución apoyada e integrada por partidos de la época, algunos todavía vigentes, curiosamente autodefinidos como democráticos.Olvidar también es tener memoria”, había dicho José Hernández en su obra inmortal un siglo antes.

Como lo revelaba Perón en aquella ocasión de 1973 frente a su gabinete técnico, el Consejo Nacional de Posguerra de 1945 constituyó efectivamente un gran cuerpo de concepción que elaboró un catecismo doctrinario, sin tiempo para más, porque la guerra terminaba pronto y había que “primerear”, de donde surgieron las consignas que “nosotros mismos pusimos en ejecución” una vez en el gobierno en 1946.

El Consejo Nacional de Posguerra -rememoraba Perón- “nos dio la posibilidad de establecer grandes líneas doctrinarias e ideológicas, y nos permitió también preparar los estudios necesarios para una planificación que los pudiera hacer efectivos”. “Recuerdo -diría en aquella oportunidad- que cuando hicimos ese plan nos pusimos a estudiar en la historia argentina, qué otros planes habían precedido al nuestro. Por lo menos llegamos hasta la Junta de Mayo”. Fue allí donde seguramente Perón y los jóvenes militares de su generación se encontraron con el Plan de Operaciones de la Revolución de Mayo, mentado y escrito por Mariano Moreno.

Sin duda, muchos lineamientos del peronismo se hallaban prefigurados en aquel Plan de Operaciones, antecedente a su vez de la “comunidad organizada” concebida y desarrollada por Perón y su generación en términos concretos y no solo abstractos o filosóficos. Para empezar, dándole al Estado y a los Trabajadores un lugar prioritario en el desenvolvimiento de dicha Comunidad: Socialmente Justa, Económicamente Independiente y Políticamente Soberana, con la mirada puesta en la Integración Latinoamericana, comenzando por el Sur del Continente: Argentina, Brasil y Chile (ABC), que Perón acordaría llevar a cabo con esos Estados en 1953.

La labor del Consejo Nacional de Posguerra -señalaría Perón ante sus funcionarios a fines de 1973- le permitió a nuestro país dos cosas fundamentales: primero, impedir que los países que habían hecho la guerra nos la hicieran pagar, que es lo contrario de lo que conseguirá el actual régimen con su ciego alineamiento detrás de Estados Unidos, Reino Unido, Israel y Ucrania, con gobiernos en franca decadencia.

En segundo lugar, aquella labor en el Consejo Nacional de Posguerra le permitiría

preparar una transformación del país, que indudablemente habría de corresponder al cambio que en el mundo traía la segunda guerra mundial”, eso sí, en forma independiente de los Estados vencedores, tal como ocurrió gracias a las previsiones de Perón y de su generación.

Del mismo modo, una cierta transformación podría haberse operado igualmente de haber sido otro el resultado de las elecciones de fines de 2023, lo que nos hubiera permitido estar junto a los países emergentes del mundo, y particularmente en los BRICS, construyendo una alternativa multipolar y más justa y feliz para la Argentina y América Latina. Pero, evidentemente, algo andaba y anda muy mal en la Argentina, para que el natural proceso de construcción de una sociedad mejor, aun con sus idas y vueltas, se desmadrara de la forma en que lo ha hecho.

El punto de partida de nuestra acción revolucionaria -terminaba de aclarar Perón en aquella reunión de diciembre de 1973- dio un contenido filosófico al movimiento, del cual emanó nuestra Doctrina Justicialista”.

Cabe afirmar entonces, que fue en aquella oportunidad donde surgieron las bases de esa “comunidad organizada” a la que en 1949 Perón pretendía darle bases filosóficas, y en 1974, con el lanzamiento del “Modelo Nacional”, reclamaba terminar de construir en términos políticos, económicos, sociales y culturales muy concretos, sobre la base de sus dos gobiernos anteriores (con sus planes quinquenales y su acción revolucionaria), modelo que aún sigue pendiente de continuidad, realización y profundización, dado el retroceso experimentado, que transforma de hecho ese pasado en el futuro deseable y confiable más cercano.

Doctrina y concreción de la “comunidad organizada”

Sin ninguna duda, aquel primer peronismo o peronismo histórico tenía en su naturaleza y accionar un perfil socializante, expresado tanto en la importancia que los trabajadores tenían en su concepción de sociedad: “No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan”, como en la preeminencia que le otorgaba al Estado Nacional en la organización, planificación e impulso de la economía y de otras actividades en una sociedad organizada. Con Perón en el exilio (1955 – 1973), el propio Movimiento Obrero peronista, organizado en la Confederación General del Trabajo (CGT), lo plasmaría en los programas de La Falda (1957) y Huerta Grande (1962), que entre otras tareas inmediatas propondría, como lo han hecho y lo siguen defendiendo así, países hoy muy desarrollados:

Establecer un sistema bancario totalmente nacional, con preeminencia estatal; implantar el control estatal sobre el comercio exterior; nacionalizar los sectores claves de la economía: siderurgia, electricidad, petróleo y frigoríficas (y minería); desconocer los compromisos financieros del país firmados a espaldas del pueblo; prohibir toda importación competitiva con nuestra producción; planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses de la Nación y del Pueblo Argentino, particularmente de los trabajadores, fijando líneas de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos de producción, etc.

En su disertación filosófica de 1949, Perón había deducido que en muchos planos de la realidad nacional y mundial reinaba “el desconcierto”, y no por exceso de “comunidad” sino por carencia de ella: los hombres no habían podido “establecer la debida relación entre su yo y el mundo circundante, objeto de cambios fundamentales”. Y si bien aspiraba a persuadir a quienes en realidad no querían “cambiar el mundo para bien de los más rezagados”, sabía que el hombre es un ser ordenado para la convivencia social” y que “el bien supremo no se realiza, por consiguiente, en la vida individual humana, sino en el organismo súper-individual del Estado; la ética culmina en la política”, entreviendo que “el tránsito del yo al nosotros, se operaba no “como un exterminio de las individualidades, sino como una reafirmación de éstas en función colectiva”.

En esa línea “comunitarista” (término utilizado por el Dr. Pablo Anzaldi en el prólogo de un reciente libro de Luis Gothe sobre la “Comunidad Organizada”), Perón adelantaba ya en 1949:

Al pensamiento le toca definir que existe, eso sí, diferencia de intereses y diferencia de necesidadesque corresponde al hombre disminuirlas…”.

No era solo asunto de la filosofía o de la ideología sino de la Política, plataforma de acción alrededor de la cual gira y se sostiene la vida pública, económica y social de una Nación. Había para el hombre un futuro, y ese futuro no podía ser sino en “comunidad” para el bien de todos y de cada miembro de la comunidad.

Al volver a la Patria y al Gobierno en 1973, el general Perón sabía que todas sus previsiones no habían podido cumplirse, y por eso intentaría actualizar el ideario de la Comunidad Organizada en su Modelo Nacional de 1974

Resulta claro -destacaba críticamente- que hemos llegado a cierto grado de organización del Estado, pero no hemos alcanzado a estructurar la comunidad organizada. Más aún, muchas veces los poderes vertidos en el Estado trabajaron para que no se organizase el pueblo en comunidad”. Y esos poderes no cejarían hasta imponer su voluntad y sus intereses, como está sucediendo frente a nuestras narices sin que nada ni nadie los detenga, como sucedió aun con Perón proscripto con la acción del pueblo entre 1955 y 1973.

La comunidad debe ser conscientemente organizada”, demandaba el líder justicialista, consustanciado con los idearios sociales de su época y lo manifestaba en 1974, casi como una profecía:

Los pueblos que carecen de organización pueden ser sometidos a cualquier tiranía. Se tiraniza lo inorgánico, pero es imposible tiranizar lo organizado”. Y no hablaba de un partido o solo de un movimiento, sino de toda una sociedad.

De eso se trataba y se trata: de “organizar” la comunidad (el Estado y la Sociedad), pues, como el mismo general Perón había sostenido,

la organización es lo único que va más allá del tiempo y triunfa sobre él”, por lo que todo fundamento de estructuración debe prescindir de abstracciones subjetivas, recordando que la realidad es la única verdad”, como habían sostenido a su tiempo tanto Aristóteles como Marx.

En definitiva, creía profundamente que

la organización de la comunidad implica una tarea ardua que requiere programación, participación del ciudadano, capacitación y sentido del sistema para su orden y funcionamiento…”, respetando las propias raíces.

Nuestra experiencia histórica y vital y los desastres del individualismo libertario, nos demuestran que en una comunidad “que anhela mejorar y ser más justa, más buena y más feliz”, el individuo solo puede realizarse realizando la comunidad en la que vive, realizándose en ella; y de que “el mundo debe salir de una etapa egoísta y pensar más en las necesidades y las esperanzas de la comunidad…”.

La crisis argentina reclama responder no solo con palabras o abstracciones sino con hechos a esa “necesidad histórica”. Solo la Política con mayúscula podrá hacerlo, lo que resulta la antítesis del relato libertario y anarco-capitalista e individualista y vacío de nuestros días. Por omisión o carencia de esa visión estratégica, es que hemos retrocedido tanto después de cada derrota política durante estos últimos cincuenta años, al no avanzar estructuralmente en la organización de esa “comunidad” nacional con hondas raíces históricas, frustrada por: la falta de una irrenunciable política de identidad nacional e integración latinoamericana; la falta de centralidad del Estado en el desarrollo económico autónomo del país; la extranjerización y concentración económica y financiera; la acción descarada e impune de los monopolios de la comercialización, la alimentación y la comunicación; la colonización pedagógica; la desnacionalización y globalización de nuestra cultura; y la desmalvinización y déficit de una política incontrastable de defensa nacional.

La experiencia de los propios gobiernos del general Perón, con el aporte militar, científico, tecnológico y social de sus mejores cuadros, son los mejores ejemplos y modelos a seguir por las nuevas generaciones y un buen punto de partida para reconstruir y terminar de construir la Patria inconclusa, agregando a dicho aporte la amplia experiencia del Movimiento Obrero Organizado, heredero de las masas federales, protagonista de una larga resistencia en tiempos de dictaduras y gobiernos pseudo democráticos y protagonista necesario de una sociedad productiva, justa e igualitaria, sumando a ellos el aporte de investigadores y educadores que generan la ciencia nacional y las nuevas tecnologías que garanticen un futuro mejor.

Debemos apelar al aporte de los sectores sociales, productivos, intelectuales, militares y religiosos fundamentales de la Patria, sin distinción de género, a fin de confluir en un gran Proyecto de Comunidad Organizada integrada a la Patria Latinoamericana de acuerdo a nuestras raíces indo-ibero-americanas y al legado unionista de nuestros Libertadores y de nuestros grandes Políticos, Estadistas y Pensadores Nacionales. A las nuevas generaciones incumbe convertir a América Latina en otra potencia emergente del siglo XXI.

Al volver a la Patria y al Gobierno en 1973, el general Perón sabía que todas sus previsiones no habían podido cumplirse, y por eso intentaría actualizar el ideario de la Comunidad Organizada en su Modelo Nacional de 1974.