Elecciones 2027: ¿Y si los votos de Javier Milei se están yendo a Axel Kicillof?
Las múltiples crisis del gobierno libertario permiten diversas hipótesis de cara a las elecciones presidenciales. No sólo para la oposición, sino para los oficialistas de “centro” y defensores de las instituciones que, en general, poco dicen o hacen para cuestionar el rumbo económico. Las elecciones bonaerenses de septiembre de 2025 le abrieron la puerta grande a Axel Kicillof, pero la posterior derrota en octubre desorientó a un peronismo ya desordenado. En simultáneo, La Libertad Avanza no reacciona frente a una opinión pública contraria.
Un gobierno desorientado, pero con posibilidad de golpes de timón; un peronismo que no arranca, pero al que le valoran figuras opositoras; una caída en la imagen positiva del presidente y en la valoración de la gestión, pero menor al crecimiento de cualquier alternativa; un ballotage contrafáctico que sostiene una tendencia hace meses... ¿Qué respuestas nos acercan las encuestas?
Los datos de imagen y las principales preocupaciones
El primer punto es contundente: en cualquier estudio de opinión, la imagen de la gestión está en sus mínimos. Para peor, según Juan Courel, la evaluación está en su piso histórico y acumula al menos seis meses de caída sin capacidad ni voluntad de reacción. En ese camino, no sólo se describe la situación económica actual como negativa sino que las expectativas tampoco mejoran. El dato más relevante es que dos de cada tres encuestados dicen que están peor ahora que en 2023.
Es así: el principal malestar es económico. La mayoría cree que el rumbo es incorrecto. Las preocupaciones varían según el voto, pero las vinculadas a la economía se amontonan: pérdida de poder adquisitivo, pobreza, desocupación, ajuste, inseguridad, corrupción. Cabe destacar que ya no se percibe que la inflación esté bajando. Por lo tanto, el cálculo es simple: cada vez son más quienes responsabilizan al gobierno actual y menos al anterior. Parte de aquellos que señalaban al período de Alberto Fernández hoy, aunque sea, reparten culpas, pero el foco está puesto en las políticas de Milei. El panorama es tal que el presidente empieza a aparecer como una preocupación entre sus propios votantes.
De esa manera, resulta lógico que el mandatario libertario consolide su diferencial negativo ante la opinión pública, aunque lo niegue y sostenga sus adeptos de mayor confianza, como los jóvenes varones del interior del país. Luego, la corrupción, ya sea el caso Libra, Spagnuolo o Adorni, empeora la percepción. Sintomático, según Mora Jozami, de una ciudadanía menos movilizada por la confrontación política y más por la experiencia cotidiana, lo que también se traslada en una menor valoración de los periodistas tildados de oficialistas y en una mayor disputa en la conversación digital, terreno que había sido de dominio libertario.
La erosión del voto blando y los arrepentidos
Esas señales de desgaste y cambios en el humor social se ven no sólo en sus votantes sino también en su núcleo duro. El primer año, más allá de la revalidación de octubre pasado, se evidenciaba la salida de electores menos convencidos. En la actualidad, según Zuban Córdoba, un porcentaje nada menor afirma sentirse decepcionado, lo que se traduce en el incremento del escepticismo frente a La Libertad Avanza y en la erosión de su voto blando.
En un repetido escenario de tercios, histórico y novedoso a la vez, en el que encontramos peronistas, antiperonistas y “pragmáticos”, la única certeza que tenemos de estos últimos -y de los primeros dos también- es que saben lo que no quieren. De acuerdo a la misma encuestadora mencionada con anterioridad, la mayoría considera necesario un cambio de gobierno pero no tiene adónde ir. "La demanda de cambio existe, la oferta creíble todavía no", sintetiza. Tal como plantea Courel, hay casos de apoyo a políticas de ajuste, pero se sostienen en dos factores -expectativa de un futuro mejor y herencia recibida- y a Milei se le cayeron ambos. Ese espacio vacío es, probablemente, lo más relevante del mapa político.
En ese sentido, no es arriesgado concluir que el gobierno está perdiendo el voto de quienes podrían desplazarse hacia el peronismo. La nueva tendencia parece insinuar una inminente fractura del escenario en el que nadie es capaz de capitalizar el deterioro de la imagen presidencial, tal como viene ocurriendo hace dos años. Lo cierto es que responde más a la lógica de la alternancia, según la explicación del citado consultor: “La circunstancial ultra derechización tiene menos que ver con una reconfiguración de los valores culturales hegemónicos que con comportamientos electorales catárticos y cualunquistas” -desinterés por la política tradicional y defensa del "hombre común"-.
Las aristas abordadas apuntan a que la erosión de la imagen del presidente y su gobierno tendría un correlato electoral. En primer lugar, por una hipotética victoria peronista sobre La Libertad Avanza, aunque forzando una segunda vuelta, y un imaginario desempate perdido frente a Kicillof. Segundo, y una de las claves, en un escenario contrafáctico, medido por las consultoras Alaska y Trespuntozero, es el tercer mes consecutivo que pierde el ballotage contra Sergio Massa por fuera de cualquier margen de error. A partir de febrero no sólo Milei no se recupera como solía, sino que la pérdida de votos se profundiza.
Empate de debilidades
Con todo, la situación ambivalente de Milei ante la opinión pública no debe rastrearse en su aprobación general sino en la falta de alternativas consolidadas. Perdió la iniciativa política, pero la oposición todavía no la encuentra. Es un empate de debilidades. En ese escenario se abren nuevas conjeturas en relación a las internas opositoras, barreras kirchneristas, otros outsiders y renovación de liderazgos; lo cierto es que el panorama se está acomodando para que el peronismo pueda llegar a presentarse como fuerza competitiva.
No tiene porqué desandar ese camino a más de un año del calendario electoral, pero la gran incógnita a resolver es qué nombre y qué propuesta va a llevar. En ese aspecto, como principal figura contraria, y valorado por dicha cualidad, Axel Kicillof viene creciendo, a su paso, aunque no tan intensamente como la caída de Milei. El peronismo deberá aprovechar estos meses para articular tanto la mayor credibilidad como amplitud le sea posible.