Belgrano y el 25 de Mayo

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Belgrano y el 25 de Mayo

23 Mayo 2026

La Revolución de Mayo fue el resultado de un proceso de maduración donde Manuel Belgrano emergió como el principal ideólogo, aplicando una visión de Ética, Unidad y Bien Común forjada en su sólida preparación jurídica, económica y humanista. Ya como Secretario del Real Consulado (1794-1810), implementó diferentes estrategias en pos de la futura Nación basada en la legitimidad de la soberanía popular, para lo cual sostuvo correspondencia con los Diputados de distintas regiones para interiorizarse de sus realidades particulares, y confeccionó un mapa físico-político que luego serviría en las luchas independentistas. 

Para Belgrano estas estrategias encontraron su punto de inflexión durante las Invasiones Inglesas (1806-1807) al romperse el contrato de protección colonial que iniciaron el fin de este orden al revelar la incompetencia virreinal y la fuerza de las milicias criollas tras la huida de Sobremonte. Revirtiéndose la realidad de una sociedad colonial rígidamente estratificada, donde mestizos, negros e indígenas eran relegados por la minoría blanca, y los propios criollos se veían marginados de los altos cargos políticos pasando a tener mayor protagonismo institucional, ejemplo de esto es como el nombramiento de Liniers, el gran triunfador, como virrey.

En 1808 ante la invasión napoleónica a España y la captura de Fernando VII, lo llevó al pueblo español a organizarse en Juntas bajo el principio de la “retroversión de la soberanía en ausencia del monarca”, se profundizó dicho quiebre. Ante esta profunda incertidumbre, entre 1808 y 1809 Belgrano junto a Castelli, los hermanos Rodríguez Peña, Vieytes, Paso, French, Beruti  y otros criollos constituyeron una Sociedad Secreta que se reunían en la “jabonería de Vieytes” y otros lugares para debatir distintos pasos a seguir.

Mientras tanto, la puja de poder local se intensificó: Martín de Alzaga intentó deponer al virrey Santiago de Liniers (recelado por su origen francés) para reemplazarlo por una junta de peninsulares similar a las surgidas en España; la conspiración fracasó por el apoyo de las milicias y de los criollos, quienes temían que una junta monopolista empeorara su situación. Paralelamente, Montevideo formó su propia junta encabezada por Elío, jurando fidelidad a Fernando VII. Para pacificar la región, la Junta Central nombró al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien asumió el mando mientras el descontento ya desataba las sofocadas Juntas de Chuquisaca, Quito y La Paz.

Fue en la última Memoria Consular de junio de 1809, donde Belgrano expuso el diagnóstico de esta crisis terminal, denunciando la "deplorable situación en que nos hallamos, casi rotos todos los vínculos de nuestro comercio nacional” defendiendo el comercio lícito frente a quienes, "amparados del espíritu cruel de la codicia... corren precipitadamente al inicuo tráfico del contrabando". Para el prócer, la supervivencia del Estado era incompatible con la degradación moral, advirtiendo con firmeza que "jamás han podido existir los Estados luego que la corrupción ha llegado a pesar las leyes".  
En 1810, a través del Correo de Comercio Belgrano encontró la oportunidad de integrar a las mujeres y posicionar a la salubridad y educación como compromiso social, despertando la conciencia de los distintos sectores sociales, buscando que el pueblo dejara de ser "ignorante y sometido, para convertirse en un pueblo de iguales". El quiebre definitivo se precipitó el 19 de mayo de 1810, cuando publicó en dicho periódico el artículo “Causas de la destrucción o de la conservación y engrandecimiento de las Naciones”, advirtiendo: "La unión es la muralla política contra la cual se dirigen los tiros de los enemigos exteriores e interiores; porque conocen que arruinándola, está arruinada la Nación". Ese mismo día, él y Cornelio Saavedra solicitaron formalmente el Cabildo Abierto para abordar la legitimidad del poder español.

Durante el Cabildo Abierto del 22 de mayo, mientras las milicias y la Legión Infernal custodiaban los accesos a la Plaza, el debate jurídico cuestionó la autoridad de Cisneros en torno a la retroversión de la soberanía. Belgrano garantizó la seguridad del movimiento coordinando una logística de señales con las fuerzas de la plaza, relatando en sus Memorias: "Allí presidió el orden, una porción de hombres estaba preparada para, a la señal de un pañuelo blanco, atacar a los que quisieran violentarnos; otros muchos vinieron a ofrecérseme, pero nada fue preciso, porque todo caminó con la mayor circunspección y decoro". Luego de que el Obispo Lué expusiera a favor de la continuidad del Virrey, Castelli, Paso y Saavedra sostuvieron que el virrey debía cesar y que la autoridad recaía en el Cabildo hasta formar una junta afirmando que era el pueblo el que le otorgaba la autoridad, propuesta que obtuvo la mayoría y donde en el acta consta que "el Sr. D. Manuel Belgrano votó por que se subrogue el mando superior en una Junta que se forme de vocales de esta capital”.  

Sin embargo, el 24 de mayo se anunció una junta presidida por Cisneros, provocando la indignación de la Legión Infernal, las milicias y criollos, que tomaron las calles para exigir la renuncia de la Junta Provisoria. Mitre recoge en su Historia de Belgrano que el prócer “Belgrano salió a la plaza a contener y dirigir al pueblo”. 

El 25 de Mayo, a fuerza de la presión popular y las milicias criollas, fueron designados los integrantes de la Junta: Presidente: Cornelio Saavedra. (Comandante del Regimiento de Patricios). Secretarios: Mariano Moreno y Juan José Paso (abogados). Vocales: Manuel Belgrano, Juan José Castelli (abogados), Miguel de Azcuénaga (militar), Manuel Alberti (sacerdote), Domingo Matheu y Juan Larrea (comerciantes). A partir de este momento, la Junta blandió como estandarte la Equidad, la Justicia, la Industria y la Educación, los cuatro ejes propuestos por Belgrano para construir "un país digno a ser respetado y donde haya respeto para todos". La circular del 27 de mayo, donde la Junta invitaba a los pueblos del interior a integrarse, refleja fielmente la visión Belgraniana de un territorio unificado. Lejos de tratarse de un movimiento puramente local, se consolidó como una propuesta de unidad nacional que consideraba las particularidades de cada comunidad para la construcción de la Patria.

A más de dos siglos de aquellas jornadas, su legado nos interpela para alcanzar la madurez necesaria y consolidar, finalmente, ese modelo de país soberano, industrial e inclusivo que él proyectó. Belgrano hizo de la Ética, la Unidad y el Bien Común los pilares fundamentales de nuestra identidad; valores que hoy siguen siendo la brújula indispensable para cualquier proyecto de nación con destino de grandeza.

Silvia Cecilia Fussaro es Profesora Académica de Número del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.