Saavedra no fue el Judas de Mayo

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Saavedra no fue el Judas de Mayo

23 Mayo 2026

Cornelio Judas Tadeo de Saavedra y Rodríguez, presidente del primer gobierno de las Provincias Unidas del Río de La Plata, fue, contrariamente a lo que se afirma habitualmente, quien afirmó con sus fuerzas militares y decisión política la Revolución de Mayo de 1810.
Su figura siempre aparece desdibujada a lado de Mariano Moreno. “Saavedra queda lejos y apagado, como un semiprócer, a causa del odio que le profesó Moreno”, sentenció Hugo Wast, en “Año X” (1960). Y agregó: “¿En cuál de nuestras escuelas se enseña que Saavedra es la gran figura del 25 de Mayo y el que salvó dos veces a la Revolución arrojando su espada en el platillo donde estaba la suerte de la patria, una el 1° de enero de 1809, otra el 22 de Mayo de 1810”. 

Nacido el 15 de septiembre de 1759 en la hacienda “La Fombera”, en Otuyo, Potosí, Virreinato del Perú, siendo actualmente del Estado Plurinacional de Bolivia. El porteño Santiago Felipe de Saavedra y Palma, y la potosina Teresa Rodríguez de Güiraldes fueron sus padres, quienes se mudaron a Buenos Aires en 1767. Empezó sus estudios en el Colegio San Carlos (actual Colegio Nacional Buenos Aires), pero no pudo concluirlos al dedicarse a la administración de la estancia familiar. En 1788 se casó con María Francisca Cabrera y Saavedra, prima hermana de éste, con la que tuvo tres hijos. A los diez años falleció su esposa y contrajo nuevas nupcias con María Saturnina Otárola y del Ribero. 

Cumplió funciones capitulares, siendo nombrado en 1797 regidor cuarto del Cabildo, y, al año siguiente, regidor tercero además de Defensor General de Menores, teniendo destacada actuación en controlar los abusos en la intermediación en los precios de la carne, señalando la inconveniencia de prohibir las exportaciones de granos ya que limitaban la expansión agrícola en nuestra pampa e interviniendo a favor de varios menores en un sonado caso de abuso infantil cometido por un indio oriundo de las Misiones. También se distinguió como Síndico Procurador General, expidiéndose negativamente en una causa sobre agremiación, siendo ponderada tal decisión por los historiadores Ricardo Levene y Enrique Barba, aduciendo que apuntaló la libertad del derecho del trabajo sin tutela de gremio alguno ni autoridad estatal, y su función de administrador de granos como alcalde de segundo voto. 

Pero su destaque mayor fue su rol durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807. En el primer caso no juró lealtad al rey británico, y en el segundo acompañó la defensa de Buenos Aires con el regimiento de Patricios, en el que fue elegido por la tropa, cual “democracia directa en armas”. De igual modo tuvo relevante participación sofocando el motín del alcalde Martín de Álzaga para deponer al virrey Santiago de Liniers, el conde de Buenos Aires.

Tras la invasión napoleónica a España y el arresto de Fernando VII, será la Junta de Sevilla quien ostente el poder peninsular, decidiendo la remoción de Liniers por el nuevo virrey Cisneros. Previamente hubo sondeos para que Carlota Joaquina de Borbón estuviese coronada en Buenos Aires, siendo Manuel Belgrano uno de los promotores del “carlotismo”. Según Bernardo Lozier Almazán en “Proyectos monárquicos en el Río de la Plata” (2011): “Saavedra, en su juicio de residencia, reconoció que había sido visitado por Belgrano, quien le hizo entrega de una carta que le enviaba Carlota Joaquina, y lo instó a colaborar por la instalación de la regencia”. Saavedra refirió: “contribuir a que estos Dominios no reconozcan otro gobierno que el Monárquico, ni otra Dinastía que la Real Casa de V. A. R…” Y agregó en su “Memoria Autógrafa” (1829): “…yo con mi cuerpo de Patricios, tan lejos de hacer oposición al proyecto, lo seguiremos; pero que de ningún modo quería dar la cara, no promoverlo de mi parte…”.

El monárquico Belgrano tuvo una media palabra del monárquico Saavedra sobre Carlota, pero, el plan con ella no prosperó. En mayo de 1810 la noticia de la caída de la Junta de Sevilla encontró a Buenos Aires convulsionada, pero ya con diversos actores y grupos que planteaban un cambio político y la remoción de Cisneros. 

“La Revolución la prepararon gradualmente los sucesos de Europa. Los patriotas en ésta nada podían realizar sin contar con mi influjo y el de los jefes y oficiales militares que teníamos armas en la mano”, sentenció Saavedra en “La Gaceta Mercantil” del 25 de mayo de 1826, incluida en “Los grupos políticos en la revolución de Mayo” (1983), de José María Ramallo. Y agregó: “cuando llegó el momento de sazón di los pasos para verificarla con toda la circunspección y energía que es sabida por notoriedad, y el voto público lo acreditó en destinos que me colocó, presidiendo el país…”.

Los sucesos de Mayo se precipitaron. La idea no fue separatista sino hermanada en el Levantamiento Español de 1808, donde nadie adhería a jurar fidelidad a José I, el Bonaparte bautizado para la eternidad como Pepe Botella. 

Roberto Marfany, en “Episodios de la Revolución de Mayo” (1966) refirió, que el Cabildo Abierto del 22 tuvo, con acuerdo de Cisneros y a instancias del alcalde Lezica y el síndico Leiva, la pretensión: “que el Virrey abdicara el mando en el Excelentísimo Cabildo, y que éste con anuencia del pueblo tratase de formar el Gobierno que debíamos adoptar… según el acta del Cabildo de 21 de mayo…”.

El pedido era convergente pero las intenciones divergentes, el Virrey quería consolidar su poder, mientras que los criollos elegir un nuevo gobierno. Aún la Junta del 24 lo encuentra a Cisneros presidiéndola, pero sería Saavedra quien le pediría que dé un paso al costado.

Marcela Ternavasio, en “Historia de la Argentina 1806 – 1852” (2009) escribió: “El 25 de mayo, la Plaza de la Victoria se había convertido nuevamente en el escenario de la agitación popular. Un movimiento liderado por el regimiento de Patricios elevó un petitorio con la lista de los nombres que debían figurar en el nuevo gobierno. La Junta quedó así constituida por nueve miembros: Cornelio Saavedra, a quien se le confirió el supremo mando militar, la presidía; sus secretarios fueron Mariano Moreno y Juan José Paso, y el resto de los vocales Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea”.

La jura de Saavedra y los demás miembros de la Junta, desechando la versión de la “máscara”, fue para “desempeñar legalmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro augusto soberano el señor don Fernando Séptimo y sus legítimos sucesores, y guardar puntualmente las leyes del Reino”.

La Primera Junta tuvo en Saavedra a su sostenedor y principal figura. Luego vendría el accionar de Moreno y los choques entre ambos, que serían determinantes en nuestra historia.

Le faltó, es cierto, pasta de caudillo. Ante los sucesos del 5 y 6 de abril de 1811, donde con apoyo de los orilleros, pudo haber derrotado a los morenistas y ser un conductor popular. No quiso, o no pudo. 

El heroico jefe del regimiento de Patricios aún espera que se profundice en su historia.

Pablo A. Vázquez es Licenciado en Ciencia Política; Docente de la UCES y Secretario del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.