Sapos: momentos de infancia en dictadura
A fines de febrero se estrenó Sapos: momentos de infancia en dictadura, dirigida y guionada por Lucas Brunetto. Desde entonces, el documental producido por Cábala films, fue emitido en el complejo teatral Ítaca los sábados de marzo por la noche y también está programado durante abril. En un contexto de desmantelamiento de las políticas e instituciones culturales nacionales, y ante la reivindicación del último gobierno de facto por parte del gobierno de Javier Milei y Victoria Villarruel, cobra mayor relevancia.
A cuarenta años del regreso de la democracia en nuestro país, un grupo de personas se junta a grabar historias sobre sus infancias en dictadura. Son textos escritos por los propios protagonistas -tras haber dado una capacitación hace unos años en Catamarca-, que van leyendo en turnos y separadamente, y que dialogan con material de archivo doméstico, grabado en casetes o filmado en Súper 8, para terminar conformando un mosaico audiovisual que combina diversas temáticas, que van desde la cotidianidad de juegos infantiles y fiestas escolares a sorpresas, como lluvia de sapos y apariciones de pingüinos, y complejidades de la época, como desfiles militares, libros censurados y viajes al exilio.
Esas narraciones se convierten en el eje de un film tan sensible como inteligente que, a diferencia de otras propuestas, genera una experiencia inmersiva a partir de la perspectiva de las infancias. No apunta a la clandestinidad sino a otras vidas cotidianas en la época, que también entrecruzan con lo político a modo de simbolizar una realidad atravesada por el terror y la incertidumbre. De esa manera, el archivo se vuelve una herramienta fundamental ya que no sólo sirve como complemento sino que aporta la tesis de la memoria como proceso en constante reconstrucción.
El origen de Sapos hay que rastrearlo hasta 2006, cuando Brunetto fue convocado por el Ministerio de Educación de la Nación como parte de un equipo de capacitación docente para jornadas en Catamarca. En ese contexto, en el grupo descubrieron que habían pasado sus infancias en dictadura e intercambiaron vivencias por mail. Diez años después el director, mientras investigaba materiales filmados de forma amateur, en el que las niñeces ocupan un lugar central en pantalla, recordó aquellos relatos y dio inicio formal al proyecto.
El documental destaca por su exploración narrativa, no sólo por la perspectiva sino el tipo de registro periférico o, si se quiere, no oficial. No recurre a los acervos de los noticieros ni al Archivo General de la Nación sino elementos completamente ajenos -a excepción de los audios de una de las protagonistas-, cedidos por otras personas o conseguidos en ferias o anticuarios. A su vez, el soporte particular del Super 8 cobra un doble valor: sociocultural, por pautas y formas de habitar, y cinematográfico, por lo performativo de las filmaciones.
En ese sentido, está claro que el objetivo de Brunetto no es explicar sino postular cierta separación entre la idea de memoria, particular, e historia, si se quiere, colectiva, aunque entre quienes relatan sus experiencias haya un mundo de códigos compartidos más allá de las marcas que dejó la dictadura. “Verde era el color del miedo”, desliza una de las que cuenta su historia, y describe a la perfección esa sensación en común. En la misma línea, el montaje virtuoso de Sapos nos sumerge en esas atmósferas detalladas.
Cabe resaltar, finalmente, que la obra de quien dirigiera Cine, dioses y billetes y quien fuera director de producción de El hemisferio nocturno de la tierra, Mujer perseverante y La orden del lunar, recupera, a su manera, el nombre de Guillermo Allamprese, militante montonero desaparecido en octubre de 1976 tras ser llevado al Pozo de Quilmes. “Billy”, de 26 años, era estudiante de arquitectura en la Universidad de Buenos Aires y se inmiscuye casi como una curiosidad en una de las tantas historias que las otrora niñeces nos cuentan.
Sapos: momentos de infancia en dictadura está programada para todos los sábados de abril a las 21 hs en el complejo teatral Ítaca -Humahuaca 4027, Ciudad de Buenos Aires- y las entradas pueden conseguirse por Alternativa teatral. Tras la función se da lugar a consultas y reflexiones, reforzando el espacio intimista elegido. Al mismo tiempo, hay una muestra fotográfica documental homónima que surge también del relevamiento de la investigación, como otro de los vasos comunicantes entre vida privada y contexto público. En ese sentido, AGENCIA PACO URONDO dialogó con Lucas Brunetto sobre el film.
Agencia Paco Urondo: ¿Cómo surge la idea del documental?
Lucas Brunetto: Si hubiera que remontarnos hasta el momento en que se inicia este recorrido deberíamos comenzar en 2006, cuando me tocó trabajar haciendo unas capacitaciones para el Ministerio de Educación en Catamarca. Ahí compartimos, entre varios capacitadores, relatos de nuestras infancias durante la dictadura. Una serie de vivencias que luego escribimos e intercambiamos por mail. Quedaron atesorados por mucho tiempo hasta que promediando 2016 empecé a investigar juntando películas de Super8 hogareñas filmadas entre 1976-1983 por gente amateur. Las fuí consiguiendo a través de colegas cineastas, familiares, amigos, vecinos y compañeros de laburo.
Fue entonces que me acordé y se me ocurrió desarrollar un proyecto con un guión capaz de contener ambas líneas de interés: relatos y materiales de archivo. A fines del 2018 presenté el proyecto en el INCAA y en 2019 nos pusimos a trabajar en su realización. En 2020 hubo que detenernos por la pandemia y luego retomarlo poco a poco siguiendo los protocolos. En la película se escucha en off como, después de muchos años, nos reencontramos en un estudio para grabar los relatos. Entre 2022 y 2023 pudimos darle un cierre definitivo y comenzar la presentación de la peli en festivales.
APU: ¿De qué manera se fue llevando la narración y su hilo conductor? ¿Y su proyección?
LB: La historia se desarrolla a través de dos líneas narrativas. La de los relatos de vivencias infantiles que cuenta cada uno de los protagonistas y una suerte de subtrama que narra justamente ese momento acontecido en Catamarca a través del cual comenzamos a compartir nuestras historias de infancia en dictadura. Pese a que nunca se explicitan con detalle las vicisitudes de aquel hecho, dicho encuentro e intercambio luego de comer un asado funciona como hilo conductor y reaparece de forma tangencial en más de uno de los relatos.
De todas formas, el hilo conductor más importante lo conforman los elementos que se presentan de forma recurrente en casi todas las vivencias. Me refiero, por ejemplo, al juego lúdico que siempre se destaca en todos los recuerdos. También hay algo vinculado a la intimidad de la casa, muy recurrente, y a los vasos comunicantes que a través de las imágenes y audios se establecen entre la vida íntima de la familia y los espacios públicos como las calles, avenidas, escuelas y parques. Otro aspecto que funciona como hilo conductor es el punto de vista infantil presente en todos los relatos.
APU: ¿Qué significa su realización en este contexto de la cultura y del país?
LB: Dado que hacer esta película llevó tanto tiempo y atravesó diferentes gobiernos y contextos, reformularía la pregunta poniendo énfasis en la etapa en la que nos toca exhibirla. La cuestión sería la siguiente: ¿Qué significa su estreno en este contexto de la cultura y del país? No cabe duda de que nos encontramos en un momento muy difícil y complejo en donde nos surgen más preguntas que respuestas. Es un trabajo que ha resistido el paso del tiempo y las diferentes coyunturas porque en el fondo todos estos relatos de infancia en dictadura proponen, de una u otra manera, una aproximación diferente a la que la mayoría de las películas que se hicieron en las últimas décadas.
No se trata de la infancia clandestina, que tan bien se contó ya en el cine argentino, ni tampoco sobre los hijos de desaparecidos y/o nietos recuperados. Es un film que le da lugar a los recuerdos de quienes nos tocó ser chicos durante la última dictadura y un buen día nos detuvimos a pensar y analizar qué fue lo que realmente vivimos ahí. Trata sobre nuestras infancias pero también sobre la memoria. En un momento en el que se encuentran en crisis los relatos que se urdieron con la reapertura democrática, se recupera la mirada de los niños para tensar las interpretaciones formuladas por los que eran grandes una vez finalizada la dictadura. En este contexto la intención es abrir una instancia capaz de propiciar el análisis y el pensamiento.
APU: ¿Hay otros proyectos en mente?
LB: Estoy trabajando en otro proyecto que también es, en parte importante, un trabajo con materiales de archivo. En esta ocasión, con fotos en blanco y negro tomadas a principios del siglo XX, filmaciones en 8 mm de la década del 60, audio de cassettes y cinta abierta, diapositivas, fotos y videos hogareños. Hay una serie de relatos que se van a articular a lo largo del film, como en Sapos, pero todavía prefiero mantener silencio al respecto porque la experiencia me indica que es mejor ir despacito y no precipitarse anticipando lo que nunca sabremos realmente cómo sucederá.