El misterio de escribir una historia distinta: reflexiones sobre la poesía de Pablo Queralt
La doble pena de volver a contarlo todo (Ediciones La Yunta, 2025) es una extraña sinopsis de sucesos vívidos y de agudas reflexiones sobre la creación que Pablo Queralt despliega en cada una de las páginas, desde una búsqueda intencionalmente instintiva, como queriéndonos decir “aquí está lo que quiero decir, sin puntos ni comas”.
La extrañeza del libro reside en una escritura librada al azar, como si hablara un paciente empotrado en el sillón del psicoanalista, discurriendo sin pausas sobre lo que siente, lo que duele y lo que fluye desde el fondo de la vida.
Donde el poeta se quiere esconder detrás de la palabra y, simultáneamente, la palabra se oculta en el silencio del poeta.
Y, precisamente, lo que más llama la atención al lector sobre esta experiencia narrativa es ese discurso desvertebrado que construye Queralt, no resuelto desde el ritmo o la métrica convencional del poema, sino desde un lenguaje nutrido de pensamiento y de imágenes, conformando una trama atemporal que exalta realidades y fantasías entre distintos escenarios simbólicos:
En el living de casa tengo un caballo
de calesita que me hace acordar
cuando de niño iba al parque Lezama
y daba vueltas para sacar la sortija
en la calesita y siempre estaba el señor
que iba con su gato que se creía perro a tomar un café
después mi padre me llevaba al bar El Británico
a tomar un chocolate caliente con churros
en esa atmósfera de magia y misterio
de los Domingos por la mañana crecí era
como un libro para niños una novela de las abuelas
o una canción que no aprendí.
Una dialéctica constante que permanece a lo largo del libro. Una sucesión de vivencias que se entrecruzan para reflejar el andar de hoy y las revelaciones que emanan del ayer. Las vivencias del hombre van al encuentro del creador, donde las disquisiciones sobre el devenir de la poesía se integran a un discurso elaborado a conciencia, manteniendo la atención del lector en todo su recorrido:
Tener escondido libros en el baño en la cocina como la plata en distintos lugares
para que nunca me falte así alguien que no conozco esconde dentro mío ideas
recuerdos que de pronto aparecen como cuando salía a fumar para no sentirme desplazado del que narra y quién mira
donde se gesta el poema y pone algo que va del pasado al presente como quién confunde
los tiempos y viene de lo antiguo y no de lo reciente tirando del hilo.
Existe una correspondencia íntima entre los recuerdos del poeta y la palabra que trasciende como si fuera un árbol plantado en medio de la infancia y sus ramas comienzan a deshojarse para darle vida a una historia no revelada: “… esa atmósfera de magia y misterios… y donde la mirada del poeta todavía chispea como un libro para niños y su corazón vibra ante cada acontecimiento como una canción que no aprendí…”
Un desafío sin máscara, con los ojos bien abiertos, que reproduce evocaciones que conmueven, giros expresivos que nos llevan a un lugar sin salida, simplemente porque el mismo autor no desea encontrar la salida y se siente cómodo en ese universo de círculos concéntricos que exploran su interacción con la vida, “en ese limbo donde habla el ser” de sí mismo.
“La infancia es un ancla una cámara de fotos que los escritores usan…” dice Queralt, probablemente para reconocer sus asombros, sus miedos, sus angustias, para salir de la caverna y atreverse a la aventura de descubrir su propia existencia.
Pero el poeta no sólo sitúa las cosas que lo rodean, sino también exalta sentimientos o revela emociones en una combinación de actos que transforman su realidad y, por consecuencia, la realidad del lector.
Queralt también percibe que la escritura nos permite tomar distancia de los alcances y limitaciones de nuestra forma de pensar, incluso se presenta como un alivio para “remendar el alma”. Entiendo la palabra “alma” como la propia esencia del creador, como el vector que nos eleva para acceder a lo desierto, a lo inalcanzable, a lo extravagante.
Pablo Queralt es médico y poeta nacido en Buenos aires donde reside. Es curador de poesía y organizador del Ciclo de Poesía en la Biblioteca en San isidro; creador y curador del Festival de Poesía de San isidro.
Publicó los libros de poesía : en España, (Zaragoza), La piscina (Palma de Mallorca), Biosfera del amateur (Oviedo). En Buenos Aires: Cansancio de lo escrito, La flecha de Agustín, Pueblo de agua, 89 Golpes y un whisky, El Padre, Pájaros en palabras, Poema de la nieve, Ser y ser visto, Nací en el cine, Raros sentidos y su Obra Reunida 2001/21, entre otros. Tradujó a Yves Bonnefoy, Alice Oswald, Thomas Hardy, aD.H.Lawrence, a Amy Lowell, Christophe Mannon, Charles Reznikoff , Thom Gunn y otros poetas ingleses.
Este viaje parabólico por el adentro y el afuera del Ser está condensado en este libro a través de los temblores de la infancia, de las películas que nos hicieron ver la vida al revés o de los misteriosos artificios de un sueño.
Escribir requiere de un tempo que tiene que ver con el silencio, con la mirada y, si la voluntad acompaña, con el inesperado hallazgo de la palabra. Escribir es abrazar la pasión y la belleza, pero más aún, filosóficamente, desentrañar la vida más allá de la muerte:
Me hago cargo de la cicatriz al fin es lo que hacen los poetas
lavan los significantes para que las palabras vuelvan a decir
lo que decían mejorar lo que querían destruir por eso se tapan la boca
cuando hablan para que no vean lo que dicen ponen el pulso
desde lo más secreto del alma con palabras vacías que se hacen oro
un silencio de resurrección detalles minuciosos un gota a gota
afuera del tiempo vertiginoso una cura en zigzag
como la de los que navegan cuando no pueden ir directo.
La poesía navega entre estos estadios y vale doblemente la pena insistir en contar todo lo que nos pasa, tal como Pablo Queralt lo propone en su nuevo libro, donde nuestro poeta ha ejercido con elocuencia el don de la palabra, desde la dignidad del creador y desde un profundo decir sin tregua ni concesiones.