La trampa de la microfísica financiera
I. EL SÍNTOMA DE LOS PARCHES
La ley de Santoro en CABA refinancia deudas a tasa máxima del treinta y cinco por ciento anual vía Banco Ciudad. Hagman y Zaracho declaran la emergencia crediticia nacional por dos años y proponen un fondo fiduciario público-privado para quienes ganen menos de seis salarios mínimos. Santiago Roberto condona el cien por ciento de intereses por mora. Salvatierra va más lejos e incorpora a los trabajadores informales. En las provincias, Mendoza, Santa Fe, Corrientes y Tucumán tejen un mosaico de parches con vocación de arquitectura social.
Cada propuesta parte de una premisa que opera como axioma no declarado, inconsciente de la derrota: la pauperización masiva es un dato del presente que hay que mitigar, no una consecuencia de un modelo que hay que revertir. Al fragmentar el problema hogar por hogar, deuda por deuda, las iniciativas disuelven la pregunta estructural: ¿por qué se endeudó esa familia? ¿Por qué el salario no alcanza? ¿Quién se queda con la diferencia entre lo que vale el trabajo y lo que cobra el trabajador? Las propuestas tratan al deudor como víctima fragmentada que necesita asistencia técnica, no como sujeto político atrapado en una estructura de saqueo. La posmodernidad atraviesa la economía y dinamita la posibilidad de la construcción de un relato nacional. Nadie puede desendeudar a las familias si primero no desendeuda a la Argentina. La microfísica financiera es hija de la macrofísica del saqueo.
II. LA SEMÁNTICA VACIADA: DE LA SOBERANÍA AL EUFEMISMO
John William Cooke advirtió que en los países semicoloniales la oligarquía le pone hasta las palabras a los diccionarios, el que nomina: domina. 'Desendeudamiento' es hoy un caso de laboratorio de esa operación. Durante el kirchnerismo nombró la ruptura de la cadena de dependencia financiera frente al FMI: el pago de la deuda en 2006, las quitas del sesenta y cinco por ciento a los acreedores externos, la recuperación de reservas como instrumento soberano. Era, en sentido estricto, un concepto de liberación nacional.
Hoy la misma palabra designa la posibilidad de refinanciar la deuda con el Banco Ciudad a tasa del treinta y cinco por ciento. El sujeto de la liberación, es decir: la Argentina soberana fue sustituido por el sujeto de la asistencia lo que se nos presenta como el hogar vulnerable. La escala se contrajo de lo nacional a lo familiar y cada vez más individual. El horizonte se redujo de la soberanía a la solvencia. Cuando el debate sobre 'desendeudamiento' ya no involucra a los grandes bancos internacionales, al FMI ni a la Ley de Entidades Financieras heredada de la dictadura, sino que se reduce a las tasas del Banco Ciudad y los requisitos de la Central de Deudores, el campo de disputa se desplazó completamente al terreno que el poder financiero eligió. Y en ese terreno, el poder financiero siempre gana.
III. ARITMÉTICA DE LA IMPOTENCIA
Las familias se endeudaron para comer, pagar el alquiler, acceder a medicamentos. Lo hicieron porque el salario no alcanzó. El salario no alcanzó porque fue la variable de ajuste elegida por el modelo. Y ese modelo se sostiene porque la Argentina está sujeta a los compromisos con el FMI y los acreedores externos, que exigen superávit fiscal y desregulación financiera como condiciones innegociables. El sobreendeudamiento de las familias en 2026 es el resultado directo del sobreendeudamiento de la Argentina con los organismos internacionales. La cadena causal es impecable.
¿Cómo puede una refinanciación doméstica por buenos intereses que tenga resolver ese problema de fondo? No puede. Mañana, pasado y el año que viene, los mismos salarios que no alcanzaron volverán a no alcanzar. Los refinanciados de hoy serán los nuevos morosos de 2027. El ciclo se repetirá. Los bancos ganarán. Las familias seguirán endeudadas. La Argentina subsumida a la pobreza
IV. VOLVER A LA NACIÓN, DEROGAR A MARTÍNEZ DE HOZ
El primer gobierno de Perón nacionalizó los depósitos bancarios en 1946 y convirtió el crédito en instrumento de política económica orientado al desarrollo industrial y al salario real. Gelbard intentó ir más lejos: subordinar el sistema financiero al bien común. Esa visión fue barrida el 24 de marzo de 1976 con un programa económico específico: la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, vigente hasta hoy en sus aspectos fundamentales. Esa ley desreguló tasas, liberó capitales, privó al Estado de su capacidad de orientar el crédito y sentó las bases de la valorización financiera como modelo de acumulación. Es el sistema operativo sobre el que funciona la Argentina financiera de 2026, incluida la arquitectura legal que permite a Mercado Pago operar de facto como banco sin las obligaciones ni las restricciones de la banca tradicional.
El verdadero desendeudamiento popular exige: derogar la ley de la dictadura y sancionar una nueva que subordine el crédito al desarrollo soberano; gravar las ganancias extraordinarias de bancos; recuperar el control estatal de las tasas; y construir una banca pública popular que compita con y discipline a la banca privada, no que la complemente en los márgenes donde el mercado no quiere llegar.
Proponer el crédito subsidiado sin denunciar la estructura que lo hace necesario no es una política de izquierda. Es filantropía de mercado.
CONCLUSIÓN
La posmodernidad hizo un gran negocio cuando convenció al progresismo de que los grandes relatos habían muerto. El resultado es una izquierda que gestiona la vulnerabilidad con más habilidad que la que tiene para imaginar la emancipación. El debate sobre el 'desendeudamiento familiar' es el síntoma más reciente de esa derrota: acepta que el sistema financiero es el horizonte irremovible de la política y juega en el tablero del adversario.
La alternativa no es el purismo ideológico ni el rechazo de las medidas paliativas. Es la articulación: batirse por el alivio inmediato y nombrar, en la misma voz, el proyecto histórico que haría ese alivio innecesario. Legislar en el margen y denunciar la estructura que produce el margen. No abandonar el gran relato nacional por las micropolíticas de la emergencia. Mientras Mercado Pago siga capturando el flujo financiero de los trabajadores informales a tasas usurarias y la Ley de Martínez de Hoz siga siendo el sistema operativo de la banca argentina, ningún programa de desendeudamiento familiar tendrá capacidad de resolver lo que se propone atacar. El verdadero desendeudamiento comienza donde estas propuestas terminan: en la decisión política de tocar al poder financiero. Perón lo hizo. La pregunta es si la dirigencia actual está a la altura de ese legado.