Peronismo y su crisis: sin debates de fondo y atrapado en la interna de coyuntura
El reciente rumor que indicaría la posibilidad de que Cristina compitiera electoralmente en provincia de Buenos Aires generó (como siempre) una ferviente discusión entre adeptos y detractores de la ex presidenta.
El problema de fondo, como ya ha enfatizado innumerables veces Aldo Duzdevich, no es si Cristina “la troskea” o si lo hace para adquirir fueros para no repetir lo que le había sucedido a Lula sino que el verdadero dilema es por la ausencia de concepción política doctrinaria que estaría demostrando que el peronismo (como partido) no es más que sello vacío comandado por arribistas desde la recuperación de la democracia.
Por nuestra parte hemos mencionado (de manera desprolija y apasionada) la derrota cultural que sufrimos como movimiento desde 1983, a tal punto que seguimos incurriendo en los mismos errores. Perón terminó siendo para nosotros como lo fue el Che para los zurdos: sólo una imagen que se ponen en la remera, mientras despliegan los dedos en “v” para la foto. En definitiva, se trata de eso, de una postura para una instantánea. La política actual está inmersa en esa suerte de presentismo, de falta de proyección y sobre todo, de unidad de concepción.
Perón, como lo fue José Hernández a través de su poema épico y como lo había sido Arturo Jauretche, fue un pedagogo, un impulsor de la sabiduría criolla. De aquel que enseña empíricamente a través del ejemplo, del refrán, y también desde la sutil ironía. No obstante, no era un sofista, como aquellos oradores atenienses que acomodaban sus argumentos al mejor postor. Su conocimiento tenía pleno contacto con la realidad efectiva y poseía un trasfondo doctrinario.
En una de sus intervenciones para la Escuela Superior Peronista, Perón refería:
“(…) la fuerza de realización está en la doctrina y no en la teoría. La doctrina, una vez desarrollada, analizada y conformada, debe ser artículo de fe para los que la sienten y para los que la quieren. La teoría es solamente la interpretación inteligente de la doctrina y la forma, ejecutarla es ya la acción mecánica en el empleo del esfuerzo para llevarla a cabo. Por esa razón, lo primero es artículo de fe, como ha dicho la señora de Perón; lo segundo es de la inteligencia; y lo tercero es del alma, y de los valores morales.”
En la actualidad, la política que se dice peronista no interpela al Pueblo no sólo porque no cree en la existencia esencial del “Pueblo” sino porque no circunscribe su discurso a una doctrina. Es todo lo contrario a lo que predicaba Perón: no hay fe, ni inteligencia, ni alma. El discurso es frágil y vacía como una cáscara. Los mensajes de Cristina desde X representan ese paradigma. Como dijimos en otra oportunidad, busca responder con los mismos recursos retóricos de los libertarios pero no hace mella en nadie solo resultando funcional a la libertósfera, lugar donde se recluye el relato triunfalista del Gobierno. Ambos están lejos de las demandas reales de la población.
Vico, más cerca de Perón que de Marx
En varias oportunidades, numerosos marxianos y marxólogos quisieron forzar la referencia del filósofo napolitano Giambattista Vico en los estudios de Karl Marx. En realidad, hay una situación abismal que aleja dichos preceptos y tiene que ver con la concepción histórica. Marx era ateo y monista, a diferencia de Vico que establecía un dualismo ontológico: una división entre lo hecho por Dios (lo natural) y lo que el hombre ha hecho (lo social).
Vico, tal como lo entendía Perón, concebía a la historia humana como la historia de conceptos e ideas cambiantes. Decía Perón:
“Nuestra doctrina puede ser desvirtuada, puede ser destruida y, en consecuencia, nuestro movimiento puede ser disociado y puede ser destruido por la mala interpretación de la doctrina y por la falta de unidad de doctrina que practiquemos los mismos peronistas. Por esa razón, entre todas las funciones que pueden asignarse yo he puesto en estas cuatro cuestiones, como la más importante, tanto la forma de inculcar, como la forma de mantener la unidad”
Es decir, para Vico no había una lectura dialéctica sino por el contrario un Corsi e Ricorsi (torno y retorno) partiendo siempre de una base que permanece. SI permanece es porque es aceptada por el Pueblo, engloba una retórica apelando al sentido común. Esa unidad de concepción es la que vence al tiempo: la organización (cuya raíz etimológica refiere a organismo. Es vital y activo).
Es por eso que la permanencia del peronismo, como expresión del sentir, se encuentra intrínsecamente vinculado a la cultura popular arraigada en las luchas ancestrales del Pueblo como “Volkgeist”, entidad histórica cultural que entra en disputa política. Vico sostiene que como el mundo social depende de los hombres, ellos, a través de las ciencias humanas, poseen la “llave maestra” para dar la batalla de sentido. El mundo de las naciones, siguen siendo, el espacio real y concreto de nuestra propia acción colectiva y, por lo tanto, es tan significativo para nosotros, como la naturaleza lo es para Dios.
Destaco esta concepción de profunda raíz romanticista para dar cuenta de la tradición humanista y cristiana de la que abreva el peronismo y así, demostrar el error fatídico de nuestra política contemporánea: el discurso oficialista, libertario, no sólo es conservador sino que también apela a una sacralización judaica y moral de la política refrendada por Milei y replicada de manera vacua y inodora por sus voceros. Su relato no sólo no incide sobre la realidad social ya que se refugia desde el mundo que es incognoscible: el perteneciente a Dios. Por ende, el relato es falso, y como tal, irreal. Por eso la respuesta “chicanera” cae en el abismo sin interpelar.
Por el otro lado, el discurso kirchnerista-progresista recae en una abstracción teórica. Y lo peor, cuando este ha tenido la capacidad e intervenir sobre la realpolitik, recayó en un concepción materialista. Sin fe, ni inteligencia, ni alma. Al no asumir doctrinariamente la responsabilidad histórica, sus políticas no tuvieron alcance, ni capacidad transformadora. Pensemos que para vencer discursivamente a la doctrina peronista tuvieron que delegar a la dictadura cívico militar el trabajo genocida para reprimir y aleccionar a la población de que todos los males nacionales eran producto de la política peronista. Luego, la socialdemocracia reforzó dichos conceptos dominzando al peronismo culturalmente. Mientras que para vencer al kirchnerismo no tuvieron que recurrir a amedrentamientos sino simplemente a replicar discursivamente. Y aquella política vaciada de esencia fue derrotada fácilmente.