Al rescate de nuestros olvidos: los Max Brod de la literatura argentina

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    CyborArlt
    Ilustración: Leo Olivera
LITERATURA SALVADA

Al rescate de nuestros olvidos: los Max Brod de la literatura argentina

19 Febrero 2023

Todo empezó con una conversación entre amigos y amigas sobre una nota publicada en Infobae donde la autora se preguntaba si las inteligencias artificiales iban a destronar a los escritores. Más allá de que esa posibilidad exista (teniendo en cuenta que los “algoritmos” le ganaron al póker a grandes jugadores), me resultaba realmente curioso que la periodista pusiera la “salvación” de los escribas humanos en la incorrección de los mismos. Porque hace rato que, en un número no menor, esa incorrección se la entregaron a las reglas del mercado, solitos y sin competencia más que la de sus pares. O sea, escritores escribiendo en serie lo políticamente correcto podríamos decir que es un invento humano.

A esto, el exfilósofo Dani Mundo supo agregar “salvo que logremos devenir otro Kafka o Arlt, esos que nunca vas a leer en las colecciones de las megaeditoriales”, lo que cambió completamente la conversación, ya que dejó de ser irónica para volverse revisionista y hasta soñadora.

Creo que el número de buenos escritores como Kafka que van por ese lado, por el de seguir haciendo obra sin importarle si es lo que atrae al mercado o, simplemente, está de moda, es superior al que finalmente conocemos. Lo que no es tan usual es la aparición de un Max Brod que decida no cumplir con el destino de olvido de una producción literaria que considera necesaria y hace todo el esfuerzo que cabe en sus manos para rescatarla de ese final. Y fue pensar sólo unos segundos para darme cuenta que existen una buena cantidad de Max Brod en la Literatura Argentina, salvando las distancias y las diferencias.

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Un Ortiz

Juan Laurentino Ortiz escribió bellísimos libros de poesía que, al principio, repartía en mano, y luego fueron publicados en tiradas cortas que se agotaron para convertirse en inhallables. Hoy día nadie pone en duda que su obra es un punto alto dentro de la poesía del siglo XX, pero tranquilamente se podría haber perdido si en 1967 Hugo Gola no hubiese “cruzado el charco” en repetidas ocasiones hasta conseguir que Juanele aceptara publicar en la mítica Biblioteca Vigil su (hasta entonces) obra completa. Recuerda el poeta santafesino que, en ocasión de acercarse con Rubén Naranjo para convenir la publicación, el entrerriano lo llevó aparte para preguntarle cómo iban a hacer para pagar una edición tan costosa.

Lo cierto es que este merecido rescate tardó bastante en ver la luz. En una conversación con varios poetas que habían asistido al Festival Internacional de Poesía Rosario, en el entrepiso del Centro Cultural Fontanarrosa (en esa época, todavía Rivadavia), supo confesarnos que “cada vez que llegábamos hasta su casa pensando que ya cerrábamos la edición, Juanele aparecía con un grupo de poemas inéditos que había encontrado y todo se retrasaba”. Eso, más la pérdida de unos originales por parte de un “corrector” amigo del entrerriano, hizo que En el aura del Sauce viera la luz recién en 1970, en la colección Homenaje (la que su libro iba a inaugurar y al final lo hizo la obra de Pedroni) de la editorial Biblioteca. Hay que pensar que en esa época las impresiones se hacían de una manera diferente y cada vez que había que incluir una corrección, los movimientos que se realizaban para su concreción eran realmente engorrosos. Lo cierto es que esa edición contuvo los libros publicados de Ortiz más 3 inéditos.

Pero la de Juanele es la obra completa más incompleta de nuestra historia, o si quieren, la más abierta. En 1996, la UNL realizó la primera reedición de En el aura del sauce, que incluyó material inédito en prosa, los poemas que habían quedado dispersos y ensayos sobre su obra. En 2020, la edición conjunta de la UNL y UNER sumó poemas juveniles, artículos, traducciones y hasta correspondencia con César Tiempo. Y quién sabe qué nos traerá el futuro, ya que Juanele parece haber planeado inescrutables caminos para que su trabajo vea la luz. Que se reedite en 2 tomos la obra de un poeta y se incluya hasta esos detalles, demuestra cómo creció en consideración lo escrito por Ortiz, tanto en escritores como en lectores. Pensar que si no fuera por esos intrépidos que llevaron adelante en Rosario esa monumental obra cultural que fue “la Vigil”, podríamos no tener conocimiento de un libro imprescindible en nuestra historia literaria como es El Gualeguay. Me produce escozor el sólo pensarlo.

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Otro Ortiz

Autodidacta, telegrafista, baqueano, minero, Juan Carlos Bustriazo Ortiz escribió una obra compuesta por más de 80 libros que, hasta entrado el siglo XXI, fue uno de los mayores secretos literarios de La Pampa. “Bustriazo Ortiz era un mito aunque estaba vivo. Generalmente el mito empieza a trascender cuando se muere, pero el ya se había convertido en una especie de espectro que no sólo irrumpe en la realidad sino que toma por asalto y modifica, de alguna u otra manera, el canon literario de la región. Juan Carlos recién estaba fundando su estilo y ya era un mito”, me dice Sergio De Matteo, quien junto a Andrés Cursaro y Cristian Aliaga fueron los responsables de quitarle la condición de confinada a su obra cuando en 2008 publicaron Herejía Bermeja, una coedición de En Danza y Espacio Hudson, logrando que la obra del pampeano (cuya materia está compuesta por la voz de los pueblos originarios, la cuestión de los ríos, de las márgenes de Santa Rosa y de la lengua) estuviera al alcance de los lectores de todo el país. Antes permaneció oculta, difícil de rastrear, mientras los libros inéditos se encontraban en manos de quien se sintió depositaria de los mismos en los años en que el poeta fue confinado a un hospital psiquiátrico.

Para llegar hasta ahí debemos retroceder al momento que, tras regresar a La Pampa en 1992 y buscando material literario para empaparse en qué andaban los escritores de la zona, De Matteo da con un ejemplar de la ahora famosa Unca Bermeja, libro escrito en el 73 que recién se publicó en 1984. Empujado por ese hallazgo, comenzó la búsqueda de otros materiales del poeta, la cual resultó bastante infructuosa porque estaban agotadísimos: siempre fueron tiradas de pocos ejemplares. Los libros publicados fueron apenas 4: Elegías de la piedra que canta (1969, siendo el único libro que él escribe y se lanzó en el mismo año); El aura del estilo, que lo escribe entre 1961 y 1964 y se publica en 1970; Poemas puelches, escrito entre el 54 y el 59, publicado por el diario La Arena en 1991; y Libro del Ghenpín, del 2004.

Herejía Bermeja surge de la coincidencia fortuita entre Sergio, Andrés y Cristian en un encuentro de escritores organizado por Raúl Mansilla, en Neuquén. Se ponen a hablar de la obra de Bustriazo, lo difícil que resulta hallar sus libros, y cuando De Matteo vuelve a Santa Rosa se le ocurre armar unas jornadas (llamadas Canto Quetral) donde convoca a investigadores y artistas que se sentían atraídos o influenciados por la palabra de Bustriazo a expresarse. Cursaro y Aliaga se hacen presentes en esas jornadas y empiezan a trabajar con el material que consiguen, la mayoría fotocopias de algunas de esas ediciones agotadas o directamente inéditos que estaban dando vueltas en idénticas condiciones. Al mismo tiempo, De Matteo reubica a Juan Carlos (lo había conocido antes, viviendo en la Asociación Pampeana de Escritores) ya juntado con Lidia (su viuda) y los 4 empiezan a interactuar logrando armar un libro que tiene la particularidad (por lo menos en gran parte) de que la selección de los poemas se hizo junto a Bustriazo Ortiz.

Luego aparecerá Canto Quetral, que reunirá sus 80 y pico de libros en una sola edición. “Cuando arma su obra completa, Bustriazo reordena todos sus libros y los Poemas Puelches pasa a ser el primero. Es el lugar donde, de alguna manera, crea su espacio mítico para, desde ahí, proyectar toda su literatura. El Libro del Ghenpín es el libro número 51, es más o menos la mitad de su obra y es el libro fundamental, escrito en 1977”, explica Sergio y descubro una coincidencia con la obra del otro Ortiz, el entrerriano: ambos habían codificado su poesía como un solo libro.

“Cómo será de influyente la palabra de Bustriazo que tengo registro de 175 de sus poemas transpuestos a la canción, yendo desde el folclore más tradicional hasta la música electrónica, pasando por el rock”, completa Sergio como para que tengamos un panorama de lo fundamental de este rescate.

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Y una Libertad

Libertad Demitrópulos nació en Ledesma, provincia de Jujuy. Sin ser una escritora costumbrista ni regionalista, ambientó sus novelas en las provincias del interior de la Argentina. “Pareciera que estoy haciendo un friso de mi país sin que me lo haya propuesto”, supo afirmar en alguna ocasión. Podría decirse que Río de las congojas, junto al El entenado, de Saer, y Zama, de Antonio Di Benedetto, forman la piedra angular de la literatura escrita sobre la “conquista española”. Pero si empezamos a preguntar al azar si leyeron o conocen los 3 libros, el de Libertad puede que sea el más ignorado, cuando para aquellos que están al tanto de su existencia, tal vez, esté en lo más alto de su consideración. Lo que lleva a la pregunta de por qué su obra fue subvalorada todo este tiempo.

“Por ser mujer, por ser huraña, y por ser fanáticamente peronista”, me dice el poeta Alfredo Luna, quien ha estudiado profundamente las novelas publicadas por Demitrópulos. La escritora jujeña fue directora de uno de los hogares escuelas que fundó Evita, trabajando muy al lado de ella, y fue una de las que participaron en el génesis de la rama femenina del Justicialismo. Si bien es perseguida en el 55 (da cuenta de ello en uno de sus libros) por la Fusiladora, al igual que su compañero Joaquín Gianuzzi, no es algo que va a detener lo incisivo de sus obras. Los comensales (1967), sale en plena proscripción y es una crítica absoluta a la vida caudillesca de algunos líderes políticos en los pueblos, poniendo en perspectiva a la organización y el conflicto laboral como eje. Luego publicará la poética Flor de hierro (1978), Río de las congojas (1981), Sabotaje al álbum familiar (1984), Un piano en Bahía Desolación (1994) y La mamacoca (2013) “Tenés lo de su primera novela. Para mí, en Río de las congojas, además de la fundación de Cayastá, hay una alegoría a la dictadura; en Sabotaje al álbum familiar hay un personaje gremialista del sindicato del azúcar que refleja toda la actividad clandestina de la resistencia peronista y hay un episodio que no podés no relacionarlo con la Noche del Apagón, en Ledesma. El establishment hizo lectura de todo esto, por eso la ignora. Río de las Congojas es una novela monumental que no pudo pasar desapercibida así nomás”, afirma Luna. Y debo reconocer que Demitrópulos admite en una entrevista jugar en sus libros cruzando planos históricos y presentes, lo que suma varios puntos a la hipótesis del poeta.

El primero que comienza a validar la verdadera dimensión de este libro es Ricardo Piglia, que la incluye en la colección de Fondo de Cultura Económica, serie del Recienvenido. Rescata que la obra de Libertad es sentimental, poética y política. Luego, María Teresa Andruetto, Juana Luján y Carolina Rossi editarán en 2013 La mamacoca, con Eduvim. Otras voces comenzarán a alzarse en su favor, hasta el punto de que en 2022 (a 100 años de su nacimiento) se difundió un petitorio que reclama la publicación de su obra completa, por ser “un legado que definimos imprescindible… Consideramos una tarea propia del Estado articular los diálogos con su familia para lograr una publicación de sus obras completas, de alcance, difusión y reedición constante”. Un gigantesco homenaje en el CCK vino a completar el rescate definitivo.

Repaso los lugares desde dónde nos llega estas literaturas y quedan bastante lejos de la centralidad porteña, algo que no me parece menor. Y no termino de escribir esta nota con los 3 salvatajes que se aparecen los nombres de Aurora Venturini, Jorge Leónidas Escudero o Julia Prilutzky Farny y el trabajo me queda corto, inconmensurable. Pero creo que, como dice Sergio Delgado, el encargado de llevar adelante la última edición de las obras completas de Juanele, que “si a alguien hay que rescatar es a nosotros mismos, los olvidantes”. Y si el nuevo Max Brod que lo haga es una inteligencia artificial, indudablemente será lo de menos.