Trueno y "Turr4zo": el manifiesto de una Argentina que no pide permiso

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Trueno y "Turr4zo": el manifiesto de una Argentina que no pide permiso

10 Mayo 2026

En un contexto donde la cultura nacional es blanco de ataques y cuestionamientos, Mateo Palacios, Trueno, responde con música. El lanzamiento de Turr4zo no es solo el estreno de su cuarto álbum de estudio; es un acto de soberanía cultural que pone al barrio, sus códigos y su sonido en el centro de la escena global.

Con antecedentes saludables, como fueron los últimos discos de Lali Espósito, Dillom y Milo J la cuestionada música urbana adquirió un ADN cada vez más afirmado en nuestra idiosincrasia. Sin embargo, Trueno ya desde El último baile (2024) había afirmado su ADN barrial, denunciando a la corrupción y la violencia del Estado así como también asimilaba una referencia del rock nacional en canciones ya consideradas de culto como “Dance crip” o “Tranky funky”.

No obstante, El último baile había sido una oda al hip hop clásico. Ahora con Turr4zo, Trueno se  sumerge en las inmensidades de nuestro ser nacional. Trueno logra lo que pocos: que convivan en un mismo universo sonoro el espíritu de los Wachiturros, la profundidad de Spinetta y Cerati, el romanticismo de Sandro y la mística de Carlos Gardel.

El "Turreo" como resistencia

El título del álbum no es casual. Trueno reivindica la figura del "turro" no como el estereotipo estigmatizante de los medios hegemónicos, sino como el exponente de una identidad popular que tiene su propio lenguaje y estética. En ese sentido, recurrir al sampleo de aquel suceso del efímero conjunto llamado Los Wachiturros es de una referencia simbólica potente para marcar su postura. A diferencia de las clásicas referencias del trap, ligadas a la ostentación y al lujo extremo, donde se exacerba la meritocracia, Trueno apela a la defensa del territorio: él turrea desde su barrio: La Boca. En temas como "X unas llantas", la narrativa se vuelve cruda y política, relatando la realidad de los pibes de barrio con una sensibilidad que solo alguien que pateó la calle puede tener.

El disco cuenta con 14 canciones que funcionan como un mapa de la música nacional. Las colaboraciones son una declaración de principios en sí mismas: desde el rock de Andrés Calamaro y la fuerza de María Becerra, hasta el aporte generacional de Milo J y la leyenda rioplatense de Rubén Rada.

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Un sonido con memoria

Coproducido junto a Tatool y El Guincho, Turr4zo utiliza samples icónicos para conectar el pasado con el futuro. No es nostalgia vacía; es memoria activa. Trueno entiende que el hip hop en Argentina tiene que sonar a Argentina. Ya en su apertura, samplea un temazo olvidado de Sandro “Fácil de olvidar” (perteneciente a uno de los discos más vendidos de la historia, Sandro de América) para gritar su lugar en el mundo sin perder su identidad barrial. En ese sentido, el Gitano es un punto de partida para abordar con suma naturalidad los diversos puntos cardinales de nuestro ADN rítmico: folklore, tango, samba, pop, rock, cada estilo vuelve a tomar vida en sus intervenciones. 

El mejor ejemplo es “Mil horas” de Los Abuelos de la Nada con la colaboración de su compositor, Andrés Calamaro: probablemente esta canción que tiene y tuvo innumerables versiones nunca haya tenido una reversión tan notable como la que realiza Trueno en este álbum. Una cosa es hacer covers y otra cosa es reinterpretar la canción, es decir, hacerla propia. Eso es lo que hizo el joven trapero con este clásico del rock nacional.
Por eso, el disco fluye entre bases urbanas y raíces folclóricas, demostrando que se puede ser global sin perder el acento ni la esencia.

Conclusión: Identidad ante todo

Con Turr4zo, Trueno se consolida como un guardián de la cultura popular. En tiempos de algoritmos y música de laboratorio, él elige el camino del mensaje y la identidad. Este álbum es, ante todo, una carta de amor a un país que, a pesar de todo, sigue bailando y resistiendo con el ritmo del barrio como escudo.