Despedida a Melingo, por Gary Castro
Si habláramos ( ahora ) de nuestra propia partida de plano, con el Muñeco no ahorraríamos en chistes (nunca fuimos mucho de ahorrar, en nada en general).
Que "te olvidaste de respirar", que "ojo que aquí te dormís y te velan", y así un rato largo. Melingo nunca pensó en la muerte, al menos en serio. Tanta vida junta en el mismo momento, instante, suspiro, acorde. Años de pasarla como podíamos, la vida siempre nos encontró cagándonos de risa, hasta de la puta suerte que nos tocaba de a ratos. Hasta la que viene, decíamos, y que la próxima, al menos uno de los dos tenga para pagar la cuenta… y pueda hacerlo.
Atrás quedaron los años de La Porra, sitio que me tocaba regentear (solo como rebusque de momento) en la esquina de Córdoba y Laprida, en aquellos 1998/1999, y que él arrancaba presentando Tangos Bajos. Tiempos de compartir todo, familia, hijos, infortunios, alegrías, noches trastocadas e interminables en el PH de la calle Empedrado, en el querido Barrio de la Paternal.
Te fuiste antes, solo eso. Sacaste ventaja. Beso al Cielo, compañero.
PD: El "Viejo Castro" se va a poner muy triste. No sé como contarle esto que pasa.