A 80 Años: del Día que Perón y Evita estuvieron en Beruti

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    80 años del triunfo de Perón

A 80 Años: del Día que Perón y Evita estuvieron en Beruti

24 Febrero 2026

El maquinista de “La Descamisada" pita y pita, desesperado. Del otro lado, los delantales celestes conforman una barrera humana, una improvisada barricada. El conductor del tren insiste, pero los obreros y obreras no ceden. La formación, finalmente, se detiene. Juan Domingo Perón baja en la estación Beruti un 19 de febrero de 1946, cerca de las cuatro de la tarde, hace 80 años. 

Luego, lo hace María Eva Duarte de Perón, “Evita”, y la algarabía y la felicidad se vuelven completas. Los dos preguntan por los delantales, por la fábrica GIAT, por los trabajadores. Conversan animados, Perón dice que ganará las elecciones.      

Ese día histórico, de la llegada de dos figuras que gravitaron como pocas en la escena nacional, comenzó temprano por la mañana: lo que era un rumor se confirmó y generó una ansiedad inusitada en el pueblo. El tren que trasladaba a Perón arribaría desde el lado de Trenque Lauquen, pero no se detendría. Esa era la información oficial que, previamente, había sido publicada en sólo un puñado de diarios de escasa tirada o reciente aparición, como La Época y Democracia. 

Los gerentes de la fábrica GIAT dejaron libres a sus obreros para que marchen hacia la estación ferroviaria por una única, y simple, cuestión: la totalidad del personal había solicitado permiso para asistir. 

“Ese tren iba a pasar de largo”, recuerda Roberto Taverna en su destacado libro “Cruz y Cara. Mi vida de Beruti a Chivilcoy”, para una línea más adelante decir: “Ese 19 todos los obreros de la fábrica solicitamos permiso para ir a la estación del ferrocarril. Como era todo el personal quien lo pedía nos dejaron ir. Cuando el tren se acercaba a la estación, toda la gente reunida se volcó a las vías. El maquinista pitaba sin cesar para que abriéramos paso, pero nadie se movía. Al final, el tren tuvo que parar y, para alegría de todos, el coronel Perón bajó y saludó a todos. La alegría se hizo completa cuando descendió Evita repartiendo fotos de Perón. Yo recibí de manos de Evita una foto de Perón que aún conservo”.  

Una vez en tierra berutense, y ante una ronda improvisada de vecinos y vecinas, Perón fue categórico: —Muchachos, con la campaña que venimos haciendo, tenemos el triunfo asegurado. 

Otro reconocido vecino, Ernesto Razzeto estuvo en el acto en Trenque Lauquen que terminó cerca de las 3 y media de la tarde, y casi acompañando al tren por el “Camino Real” se vino hasta Beruti para también participar de este hecho de tamaña significancia. “Mi padre tenía en mis brazos a mi hermano, y Evita lo señaló desde la ventana del tren, pero había muchísima gente agolpada frente a ese vagón. Entonces, papá extendió sus brazos y logró pasarle su bebé a Edgardo Neirotti que estaba pegado a la formación y él logró que Daniel llegará a Evita, y ella le dio un beso”, cuenta más de 80 años después del suceso, a La Opinión, Claudio Razzeto, hijo de Ernesto y hermano de Daniel. 

Hernan Sotullo, periodista y escritor de Trenque Lauquen, visitó durante largos años Beruti. Sucede que su papá, Tito Livio, era el titular del Registro Civil del partido. “Cuando había un casamiento o un bautismo íbamos con mi padre a Beruti. Lo hacíamos por camino de tierra, esquivando muchísimos lagunones. Allá, los viejos peronistas siempre nos contaban de la visita de Perón, y que habían obligado a que el tren se detenga. Sobre todo me acuerdo de Arturo de Lellis -en ese tiempo era el encargado del Registro en Beruti- que siempre contaban de la visita de Perón. También un tipo muy simpático, que se movía en una silla de ruedas: Camilo Taverna”, le cuenta Sotullo a La Opinión.

Además, relata que Ernesto Razetto fue uno de los primeros impulsores en la zona de Beruti del “Estatuto del Peón Rural”, postura que le valió que algunos propietarios de campo dejaran de cortarse el pelo en su peluquería.  

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80 años del triunfo de Perón

Ese peronismo en Beruti 

Como yendo para el almacén de Zoppiconi, por calle Rivadavia, a la altura de la antigua sala de primeros auxilios, se puede ver una inscripción en un galpón ferroviario de chapa. Se trata de una de las pintadas más antiguas del pueblo: “Perón-Quijano”, está escrita con letras blancas y se nota claramente desde la calle. Una clara huella que resiste al paso del tiempo. 

Por esos años, como ya se sabe, los trabajadores del emporio ferroviario eran uno de los aliados claves del incipiente peronismo, así como también los peones rurales. 

Otro vecino de Beruti, Pedro Raúl Tártara, cuenta que su tío, Trento, tenía una imagen de Perón y Evita en la cocina, como muchas de las familias del pueblo. Era común que se armara el altar, que se prendieran velas. Frente al club “La Luisa” estaba el caserón de los Risueño, ahí funcionaba una Unidad Básica donde se brindaba apoyo escolar a niños y niñas. Las hermanas Leonor y Pilar Risueño, Elvira Scotti, enseñaban las tablas, caligrafía y a interpretar la historia argentina.  

Una cuadra más adelante, siempre por calle San Martín, estaba el local de la AOT -Asociación Obrera Textil- en ese lugar se armaron las coronas de flores por el paso a la inmortalidad de Evita, en 1952. También de esos meses se recuerdan las formaciones alrededor del mástil principal de la plaza “José Guazzone”, hombres y mujeres en absoluto silencio rogando por la salud de la abanderada de los humildes.   

El contrapunto histórico de este movimiento fueron los radicales locales que provenían del Yrigoyenismo de la década del veinte, y que se mantuvieron durante todo el peronismo como una voz disonante. Esos vecinos y vecinas resistieron, en minoría, esa masividad que festejaba cada triunfo electoral frente a sus domicilios particulares tirando bombas de estruendo. 

La campaña ferroviaria  

Las dos fuerzas que competían durante las elecciones de 1946 tuvieron formaciones ferroviarias a disposición para realizar sus giras de campaña por todo la Nación. “El tren de la Victoria”, que conducía la Unión Democrática y “La Descamisada”, del entonces “Partido Laborista” con el que se presentó el coronel Perón acompañado en la fórmula por Hortensio Jazmin Quijano, un empresario correntino a quien Evita cariñosamente llamaba “Abuelo”.  Esta fórmula también expresaba la incipiente unión entre los sindicatos y un sector del radicalismo, conocido como UCR Junta Renovadora. 

La última gira de Perón por el interior bonaerense fue rauda, vertiginosa y, considerando los resultados, decisiva. Se trataba de instalar las candidaturas de Domingo Mercante, candidato a gobernador, y su vice Juan Bautista Machado, que recién fueron oficializadas -debido a una interna feroz- el 12 de febrero. 
   
El tren, con toda la comitiva a bordo, partió un domingo 17 de febrero de Plaza Constitución y en tan sólo cuatro días recorrió: Brandsen, Chascomús, Dolores, Maipú, Ayacucho, Balcarce, Necochea, Quequén, Tandil, Azul, Olavarría, Tres Arroyos, Dorrego, Bahía Blanca, La Vitícola, Saavedra, Carhué, Tres Lomas, Trenque Lauquen, Pehuajó, 9 de Julio, Bragado, Larrea, Chivilcoy, Suipacha, Mercedes y Luján. En algunas paradas estaba previsto dormir, y en otras realizar actos en los centros de la ciudad, pero en la mayoría de los destinos Perón y Quijano hablaban desde el último vagón que se convertía en una especie de balcón.        

En cada uno de los puntos que atravesó el tren reinó el intercambio popular y creativo: guitarreadas, recitados, lecturas de poemas, estampitas, gente sobre los techos y los tanques de agua, besos y una prédica que giraba alrededor de Braden o Perón. También fueron comunes las barricadas sobre las vías para forzar la detención de “La Descamisada”: ocurrió en Beruti, también en Francisco Madero, donde cruzaron una camioneta sobre un paso a nivel, y también en medio de los campos de la zona, ya que Perón ordenó detener la formación al divisar a una niña, junto a sus tres hermanitos. Así fue como Máxima Guerrero pudo hablar con Perón y Evita el 19 de febrero de 1946; hoy tiene más de noventa años, vive en Pehuajó y lo cuenta a quien se lo pregunte.

Sin embargo, la campaña tuvo un final trunco. El boca a boca generado por Perón generaba, justamente, que se reunieron multitudes en cada una de las estaciones de los pueblos y ciudades de la provincia de Buenos Aires. El último gran acto fue frente a la Basílica de Luján. Allí Perón fue invitado por el clero local que, claramente, se mostró a favor de su candidatura. Al salir, pronunció un discurso sobre la explanada. Las Damas Católicas de la ciudad repudiaron el hecho. 

En Haedo, el coronel decidió dar por terminada la gira y continuó su trayecto en auto. De todas maneras, su camino fue interrumpido en varias ocasiones. De alguna manera lo detectaban en su paso y debía bajar a saludar, ya no había respiro ni para él, ni para Evita. 

Fue muy sorprendente lo que se generó en la ciudad de La Plata, pues un Perón afónico no pudo asistir y la gente no dejó que hablase ningún orador, estos eran una y otra vez interrumpidos al grito de “queremos a Perón”, misma consigna que había sido vitoreada en la noche del 17 de octubre de 1945. 

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80 años del triunfo de Perón

Rompa el candado  

Sobre el filo de la veda, ese viernes 22 de febrero por la noche, Perón brindó uno de sus discursos más recordados, quizás por su carga poética en las imágenes que construía en cada uno de las palabras que pronunciaba: “Se descuenta que algunos patrones urbanos y campesinos pondrán toda clase de obstáculos a sus trabajadores para evitar que voten. Por lo tanto, no concurra a ninguna fiesta a que inviten los patrones el día 23; es necesario que se quede en casa y el 24, bien temprano, tome las medidas para llegar a la mesa en que debe votar; recurra a la tropa del Ejército más próxima si alguien quiere presionarlo en algún sentido; denuncie al expendedor de nafta que no le provea de combustible; evite todo incidente para que no lo detengan; no beba alcohol de ninguna especie el día 24; si el patrón de la estancia, como han prometido algunos, le cierra la tranquera con candado, rompa el candado o la tranquera o corte el alambrado y pase para cumplir con la Patria; y si el patrón quiere llevarlo a votar, acepte y haga su voluntad en el cuarto oscuro”.

Claramente, Perón, elegía a los peones rurales. La totalidad de su discurso lo tiene como único destinatario. Contento debió sentirse Ernesto Razzeto que alguien como Perón, como Evita, coincidieran, por lo pronto, en sus sueños.

*La nota también fue publicada en La Opinión en el siguiente link.