Bajo Flores: diez años de la represión salvaje de la murga del Barrio 1-11-14

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Bajo Flores: diez años de la represión salvaje de la murga del Barrio 1-11-14

29 Enero 2026

El 29 de enero de 2016 entre 85 y 100 chicos y chicas de la murga “Los Auténticos Reyes del Ritmo” ensayaban en la manzana 9 del Barrio 1.11.14, cuando se presentó una grúa de la Policía Federal escoltada por dos patrulleros de Gendarmería Nacional. A los pocos minutos los efectivos comenzaron a disparar balas de goma y siete personas resultaron heridas, entre ellos tres menores de edad.

El Tribunal Oral N°12 condenó a cinco agentes en mayo de  2023 por la represión. Los jueces Darío Medina, Claudia Moscato y Luis Márquez responsabilizaron a los uniformados por los delitos de vejaciones en concurso ideal con lesiones leves agravadas por el empleo de arma de fuego y abuso de sus funciones. La pena fue de tres años y seis meses de prisión para Elvio Ezequiel Cardozo, Darío Fernando Soler Páez, Saúl Humberto Juáres y Esteban Smolares. A Yanina Maldonado le impusieron una pena de tres años y Guido Cativa fue absuelto. El tribunal rechazó la solicitud de detención inmediata de la fiscala Ángeles Ramos. A casi tres años, la sentencia todavía no está firme. A su vez, los condenados también habían recibido la inhabilitación especial para ejercer la función pública por diversas cantidad de años, pero dado el paso del tiempo ya no rige.

Florencia Torres, una de las víctimas de aquella jornada, dialogó con AGENCIA PACO URONDO y recordó lo sucedido: "Estábamos en pleno ensayo como todas las tardes y de repente se hicieron presente efectivos de Gendarmería con una grúa pidiendo que se les ceda el paso. El director de la murga se puso a hablar con ellos mientras nosotros les decíamos a los chicos que se vayan corriendo porque ya sabíamos que no iban a querer dar la vuelta. Uno de los gendarmes se bajó del patrullero, empezó a gritar y sacó el arma. Yo me di vuelta y le dije que pare, que no vaya a tirar y volví a girar para apurar a los chicos. No terminé de decirles que se empezaron a escuchar disparos. Gritos y disparos, y más gritos y disparos".

Además, agregó: "No teníamos cómo cubrirnos de las balas. Lo encontré a mi nene apoyado contra la pared gritando. Lo puse detrás mío y empecé a correr. La calle se me hizo eterna. Cuando empecé a sentir los impactos no sabía que eran balas de goma. Llegué a la esquina y ahí se me va mi nene. Me manotea una nena de la murga que tiene 12 años, vio que tenía sangre y me empezó a gritar que no me muera. Me agarró una señora y yo gritaba desesperada porque en la corrida había perdido a mi hijo. Se había metido en la casa de una vecina, donde me metí también. Cuando mi nene me vio llena de sangre empezó a gritar y por suerte me dijeron que eran balas de goma. Ahora tiene 9 años y le sigue teniendo miedo a la policía, y eso es algo muy feo porque se supone que él tiene que creer que una persona de una fuerza de seguridad lo va a cuidar, no que lo va a lastimar".

Por otro lado, compartimos algunos de los otros testimonios que fueron parte de la querella en aquel momento. Una mujer de 40 años afirmó oír cerca de cincuenta detonaciones, dieciséis le impactaron entre la espalda y las piernas: “Los más chiquititos estaban adelante encima, lo que nunca pasaba, y a los que dispararon no les importó. Empezaron los disparos y nos gritaban ‘negros de mierda’ e insultaban. Yo empecé a retroceder y correr, lo agarré a mi hijo y atiné a tirarme contra las paredes”.

Otro hombre, también de 40 años y parte de la murga, padre de un joven de 14, deslizó: “Cuando veo al patrullero les pido que paren y si pueden retroceder por que había muchos chicos ensayando. Bajan dos gendarmes, hablamos tranquilos, pero el chofer avanzó igual y chocó a dos mujeres. Para evitar problemas le solicito a la gente que abra paso. Avanza y también el camión de Gendarmería. De atrás salen dos gendarmes, ni bien pido que no usen las armas porque hay muchas criaturas uno me empuja, caigo, y en el piso me tiran con la escopeta. Mi hijo se cruza y me cubre con el cuerpo. El impacto de bala pega entonces en su pierna, y salimos corriendo”.

La balacera, según el relato, fue en aumento: “El mismo gendarme me seguía tirando, me escondí entre una casa y el kiosco. Mi hijo se metió para los departamentos de Illia 2, y se escondió con algunos chicos que también corrieron. Cuando me dejan de tirar, comienzan a tirar para todas partes y contra la murga en particular, contra los chicos y las mujeres que se quedaron en la calle. La gente pedía por favor que dejen de tirar, y los gendarmes seguían. En ese momento llegan refuerzos de Gendarmería, alrededor de cinco patrulleros en total. Siguieron tirando. Todo duró entre veinte minutos y media hora”, aseguró. 

Otra mujer del Barrio Illia, de 35 años, apuntó sobre un gendarme en particular en el inicio de las tensiones: “Bajaron dos, uno era muy alto y otro era medio gordito y cachetón. Él fue el que más se ensañó con todos. No sé si fue porque los chicos no se apuraban, no sé qué discusión hubo. El gendarme discutía con Marola -así se apoda el director de la murga, al que le armaron una causa- y lo empujan. Los hijos de él, que tienen 13 y 14 años, empezaron a meterse para defenderlo y ahí empiezan a empujar todos. Los chicos de la murga, las mamás, todos. Este gendarme sacó un arma larga y le apuntó al pecho a mi hija y a mi cuñado“.