Leer "Rayuela" 40 años después

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    Cortázar
    Foto: Dani Yako
ENSAYO

Leer "Rayuela" 40 años después

11 Enero 2026

Para Nina

Entre los 17 y los 19 años leí siete veces Rayuela, la famosa novela de Julio Cortázar.

La leí salteadamente, la leí de corrido, de atrás para adelante y al revés. Para bien y para mal, posiblemente sea una de las novelas que más me haya influido en la vida: ¿quién, qué porteño engreído y con aspiraciones no quisiera ser Horacio Oliveira?

Provenía de una familia cuyos adultos no habían terminado la escuela primaria, así es como justifico mi fanatismo. No había libros en mi casa, tenía que armar mi biblioteca. Horacio Oliveira y la Maga y el Club de la Serpiente y los Traveler fueron una guía fundamental para inventar el mundo en el que yo quería vivir, que era el mundo de la literatura y la alienación consciente y buscada, no el mundo de mi familia, que como cualquier nueva familia de clase media lo que deseaba era el dinero y el ascenso social.

Desde hace unos meses largos mi hija más chica me viene pidiendo a la noche que le lea algún capítulo. Cuando ella se dormía, seguía leyendo para comprobar si lograba revivir aquella pasión que evidentemente me embargó en mi adolescencia. No podía pasar más allá de algunas páginas.

Tuve la suerte y el privilegio de acompañar este diciembre a esa hija a París, donde ella permanecerá dos meses, en la casa de un amigo, estudiando francés. Me dijo que quería llevarse mi ejemplar de Rayuela, que tiene innumerables marcas y comentarios vergonzosos escritos con lápiz, que estuve tentado de borrar pero que ni releí.

La semana que estuve en París volví a leer Rayuela de manera salteada, es decir la versión completa (no me acordaba que en esta versión se ignora el capítulo 55, pero bueno, cuarenta años son muchos).

Podría decir que es una novela que envejeció mal, pero lo cierto es que el único que envejeció acá fui yo.

Podría repetir a Sarlo y decir que es una novela para adolescentes, pero no me gusta repetir a Beatriz Sarlo.

De un lado y del otro del Atlántico los personajes hablan todos igual, piensan igual, se burlan de la misma forma de los estereotipos sociales.

Voy a proponer, entonces, a mi improbable lector, un par de motivos por los cuales resulta muy difícil o imposible defender esta novela, que tuvo la suerte de escribirse en ese momento de auge de la literatura latinoamericana, y que terminó coronando al autor de Cien años de soledad con el premio Nobel (Borges decía que a esa novela le sobraban cincuenta años, y tal vez tenía razón).

De un lado y del otro del Atlántico los personajes hablan todos igual, piensan igual, se burlan de la misma forma de los estereotipos sociales: la burguesa gorda que mira telenovelas, el burgués pretencioso que se vanagloria de su dinero, el intelectual que se la cree, etc. Sin entrar a discutir con el polémico concepto de “lector hembra”, del que el mismo Cortázar se retractó, Gossip Gregorovius opina lo mismo que podría opinar Talita, que sin duda es la doppelgänger de la otra, Lucía. Traveler, el amigo frustrado que nunca viajó a ningún lado, tiene la misma inteligencia cosmopolita y cínica que tienen Etienne o Roland. Ya sé, dirán: los amigos se parecen a los amigos. Pero sabemos que la literatura no debe ni puede imitar a la realidad.

En fin, vale aplicar aquí la fórmula que patentó Gustavo Flaubert, con una pequeña modificación: además de decir que todos los personajes son Cortázar, habría que decir que todos los personajes son Horacio, porque Horacio no es del todo Cortázar: esa inteligencia corrosiva y autodestructiva solo tiene dos finales: la locura o el suicidio. Horacio es una tentación, no puede ser una realidad.

Tan se parecen todos entre sí que cuando transcriben los párrafos de ese viejo escritor tan admirado por los integrantes del Club: Morelli (el alter ego de Macedonio Fernández sin duda), el estilo de esos párrafos es idéntico al estilo en el que “habla” Oliveira o en el que escribe el narrador (como recordarán, en la novela se juega mucho con el cambio de narrador, pasar de la primera persona a la tercera o del singular al plural, baste la primera oración del capítulo 1, que no es la primera oración del libro: “¿Encontraría a la Maga?” —la mejor novela que recuerde en el que se cambia de narrador es Misery, de King, cuya traducción se debe a César Aira).

En fin, hay que considerar que esta interpretación improvisada que esgrimí acá la escribió alguien que nunca consiguió imitar ni un párrafo de la carta que la Maga le escribió al infausto bebé Rocamadour.