Otro libro sobre Charly y van...

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    patricio villarejo

Otro libro sobre Charly y van...

01 Noviembre 2026

Para bien y para mal, cuánto dinero hizo y hace ganar todavía el genio de Charly García –basta constatar la cantidad de tributos y espectáculos que se generan todos los años alrededor de su cumpleaños: remakes de sus recitales emblemáticos y de sus bandas, pero sin él, donde casi no se lo nombra, mientras él sigue vivo; re-escuchas de sus álbumes clásicos en eventos sociales; publicidades de plaguicidas que usan versos del “Rap de las hormigas”; amigos que sacan libros con anécdotas inéditas (o no tanto) o con fotos suyas, etc. etc.

No es exactamente esto lo que sucede con este nuevo libro que acaba de publicarse: Cuerdas para Charly (o cómo arreglar lo que no está roto) (Gourmet Musical), pues no podría asegurar que Patricio Villarejo sea amigo de Charly García, ya que lo conoció recién en el año 2013, cuando reemplazó a último momento a Alejandro Terán para “arreglar” los shows en el Colón —pongo entre comillas el verbo arreglar porque Villarejo cuenta que a Charly no le gustaba esa palabra, porque de hecho no había nada que arreglar. El caos y la improvisación formaban parte de la obra. Hasta había que propiciarlos. Ambos coincidieron en que una palabra más fidedigna sería traductor y no arreglador. Me gusta.

Lo cierto es que al poco tiempo que empezás a leer, advertís que se habla casi menos de Charly que de cómo compone o trabaja el propio autor, no con la obra de García, sino con la suya propia: “A veces las ideas aparecían mientras viajaba en colectivo. O en un bar. O escuchando una mezcla vieja a las tres de la mañana”. Se ve que Patricio es noctámbulo.

Hace un tiempo afirmé que cualquier cosa que saliera sobre nuestro genio inigualable era buena porque descubría o promocionaba algo de su obra o su personalidad. Ahora tengo dudas.

No es que el libro de Villarejo no contenga algunas de esas anécdotas sublimes a las que Charly nos tenía tan acostumbrados, y que lo enriquecen como personaje y artista: “Me acordé entonces de algo que me había dicho semanas antes …. Yo le pregunté si quería que lo anotara así, como una nueva forma. Me había quedado mirando un rato y después me dijo: ‘Si escribís todo no hay error. Pero si no hay error no hay descubrimiento’”. O esta otra: “Todos quieren agregar. Muy pocos sacar”, respuesta de Charly a una propuesta de Villarejo de extraer algunas notas de una canción. En fin.

Lo cierto es que el libro de Villarejo tiene otros problemas.

En realidad, tiene dos tipos de problemas importantes, uno objetivo y otro subjetivo. El subjetivo es discutible y tal vez alguien encuentre alguna razón para respaldar este tipo de enunciados (sobre gustos…), el objetivo en cambio son errores indiscutibles y que afectan a todo el libro.

Al poco tiempo que empezás a leer, advertís que se habla casi menos de Charly que de cómo compone o trabaja el propio autor.

Hay muchas partes del libro en el que pasás de enternecerte por la ingenuidad del narrador a encabronarte o a sentir vergüenza ajena por lo que se dice. Copio algunas oraciones:

“Yo no quería ser el centro de todo … ni robarle luz a nadie… Pero una cosa es no querer ser el centro. Y otra muy distinta es sentir que casi nadie ve lo que estás haciendo … Y no lo digo para agrandarme … Yo esperaba, ingenuamente quizás, que alguien de la prensa lo notara … No para convertirme en estrella … Mi lugar literal en la foto. Desde donde estaba ubicado, se me veía poco …. Algunos de esos separadores (entre canciones, compuestos por él) terminaron siendo más difíciles de escribir que las canciones mismas … No todo héroe tiene su escena en primer plano”. Y varias más en este sentido demoledor.

Yo no tengo dudas que Villarejo es un gran artista y un gran arreglador.

El problema objetivo ya no entra en el debate de los gustos o las justificaciones. Patricio Villarejo nació en 1968. Afirma que escuchó por primera vez a Charly García en la casa quinta de un compañero del secundario, es decir, tenía mínimo trece años. Estaba el long play de Sui Generis: Vida, que confiesa que lo puso una y otra vez hasta que se fanatizó de tal modo que se lo terminó robando.

Hasta acá, todo normal. Lo raro es que una página después afirma que “cuando salió el primer disco del grupo (Eiti Leda), en 1978, lo compré”. Acá Patricio tenía o tendría que tener diez años, o sea tres años antes de haber descubierto a Charly.

Lo mismo sucede con el estudio de grabación donde vio por primera vez en persona a Charly y donde ensayó: Fitz Roy. Porque ese estudio Charly lo había vendido siete años antes. Dos veces sostiene que fue a Fitz Roy.

Es cierto, esta información objetivamente insostenible son datos intrascendentes y no hacen al meollo del libro, que a esta altura no me queda muy claro cuál es.

Sea como sea, estos descuidos tiñen el resto de las páginas. Y el lector lamenta que ningún editor los haya detectado para darle a estas páginas la coherencia mínima que se le pide a un libro de memorias olvidadizas. 

PD: lo bueno de la lectura del libro es el descubrimiento de la Kashimir Orquesta y su disco de clásicos en español