Una Villa Diamante de la mente

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Una Villa Diamante de la mente

14 Julio 2018

Por Jorge Hardmeier

El Banderín es un bar mítico y centenario: Billinghurst y Guardia Vieja, Almagro. Sebastián Pandolfelli, músico, escritor, jardinero, lugarteniente de Alberto Laiseca, publicó en ese terrible año macrista de 2017 dos libros diamantinos: Esquina de Diamante (poemas) y Diamante (narrativa). Eso habla de un origen. Villa Diamante es un barrio del partido de Lanús, sur del Conurbano, un barrio obrero, picante, a veces peligroso. De allí surgieron, entre otros, Diego Bulacio (cuyo proyecto musical se denomina, justamente, Villa Diamante), Diego Maradona a unas escasas cuadras, el mismo Sebastián Pandolfelli y quien firma esta nota. Nos encontramos en el bar futbolero plagado de banderines y pedimos la cerveza más barata, respondiendo a la genética conurbanense.  Pandolfelli ya no habita Diamante, pero esa Villa es su Macondo.

Hermanos de Diamante

Vuelvo bastante, empecé a añorar. Cuando estás ahí lo odiás, es un barrio de mierda. Cuando te vas lo extrañás, cuando volvés lo querés. Igual, está cada vez peor. Cuando voy, los fines de semana, a la casa de mi abuela, me quiero matar, porque está heavy, te tienen que esperar en la parada del bondi para que no te choreen, está cada vez más denso. En los diarios siempre aparecemos en policiales, nunca Diamante aparece en otro contexto. Para mi Diamante es mi Macondo.

Es raro lo que ocurre en ese lugar, porque está re picante, pero surgen cosas, hay como una efervescencia ahí…

Es así, a donde te vayas a la mierda en el mundo, siempre te vas a encontrar con alguien de Lanús. Pero Diamante tiene eso, hay gente muy valiosa ahí adentro. Mis hermanos, que son los héroes de mi vida, mi hermano, que es un militante, no un militante político, sino un militante de sus ideas, conteniendo a los pibes de la calle, educando siempre a los pibes, siempre desde una educación alternativa, metido en los centros culturales, metido en las bibliotecas populares,  y mi hermana con su trabajo,  como docente de chicos con problemas. Diamante sigue siendo una mina de diamantes. Salimos en bruto al mundo y nos vamos puliendo.

Choriplanero

Pandolfelli publicó Rocanrol, Esa Básica Unidad, pero su libro emblemático es, al menos hasta la fecha, Choripán Social. Pedimos otra birra, contando billetes: Choripán lo empecé en el taller de Laiseca, con una consigna que nos había dado Lai y, tal vez suena raro, empezó medio gorilón, había leído un cuento que era “Sentencia de muerte contra las groserías”, y empecé con eso, era la historia de un chabón que vendía choripanes en Once, y después metí el Peronismo, y cuando entró eso es como que los personajes empezaron a pedir más cosas, y entonces me puse a estudiar el Peronismo. Yo venía de mi etapa progre izquierdosa y entonces descubrí el Peronismo. Es un movimiento increíble. No es que descubrí la existencia del Peronismo, ya lo conocía, digamos que me empezó a simpatizar más que antes. Entonces la novela empezó como una especie de chiste, y terminó siendo una novela peronista, básicamente. Y además está escrita de una forma ambigua, se puede leer de los dos lados, de hecho la han reseñado de los dos lados, apareció reseñada en una revista de la Sociedad Rural, donde dicen: “mirá este cómo les pega”. Pero yo no le pego a nadie. Yo cuento mi versión, delirante, y todo eso…  ¿Cuándo empecé? Empecé en 2006. Después la abandoné, después la retomé…  Me llevó casi dos años, casi todo el 2006 y todo el 2007. Y fue todo muy loco, porque después en 2008 viene todo el conflicto con el campo, y yo había insinuado cosas en la historia que comenzaron a pasar de verdad, y ahí corregí la novela, como para hacerla más atemporal, cosas delirantes, que pasaron después de 2008. Y quedó esa estructura, ese nivel de delirio. Hice como cuarenta fotocopias anilladas, y las repartí y me pasó de estar en un cumpleaños y que venga un desconocido y me diga: “¿vos sos el de Choripán? Leí la fotocopia, me cagué de risa, boludo”. Y ahí dije: qué loco esto. Andá a saber quién tiene esas fotocopias. Empezaron a circular y ahí es cuando apareció Mazzarello con Wu Wei, que habían publicado sus primeros tres libros con la editorial y estaban buscando algo nuevo para publicar, y ahí es cuando Damián Ríos le dice que se contacte conmigo. Le mandé la novela y pasó algo rarísimo que no pasa nunca jamás, que es que a la semana me dice: me cagué de risa, la publicamos. Cuando vos mandás un escrito a una editorial tenés que esperar seis meses, un año, para que te digan que no.  Fue un regalo, apareció Mazzarello, le encantó, la hicimos y en julio de 2012 teníamos Choripán social repartido en las librerías. Es una novela que salió en 2012, se agotó, se reeditó en 2015 y todavía, estamos en 2018, sigue estando en librerías. Se vende, es un long seller, se vende a cuentagotas, pero se vende… Son pocos ejemplares, pero no es un libro que esté en el sótano de una librería juntando hongos…  Está expuesto, la gente va y lo pide, siguen saliendo comentarios. Es de boca en boca, también. Yo hice el conteo de las ventas de mis obras y creo que con las ganancias, masomenos en un siglo, me voy a poder comprar un kilo de milanesas.

Brilla tu diamante loco

Resultado de imagen para sebastian pandolfelli diamante libroEl Banderín comienza a poblarse, Mario Riesco – el dueño del mencionado lugar -  nos saluda, pedimos otra cerveza con cierto temor a no juntar los billetes necesarios. El acuerdo es silencioso y se firma con una mirada. Hablamos de Diamante, entonces, ese libro editado por Galerna en 2017. Los personajes y lugares se repiten en los libros de Sebastián Pandolfelli, en esa geografía mental que es Villa Diamante. Y pienso, no solo en el mencionado Macondo. Santamaría, Yoknapatawpha, Utopía.  La unidad básica es la misma que la de Choripán Social. Laiseca decía que uno siempre está escribiendo la misma obra, le cambiás los personajes, las situaciones, qué sé yo, pero siempre estás más o menos hablando de lo mismo, tus obsesiones, tu mundo…  Creo que no puedo escapar mucho de eso. “Diamante” sería el libro realista… y “Choripán” el sueño de uno de los personajes. “La esquina de Diamante” es un satélite…  En la Abuela de Rambo reaparece Miguelito Miguel, que está en Diamante y en Choripán, sale haciendo como un cameo, el chabón dice: “Bueno, lo que pasa es que después de aparecer en una novela… el autor me abandonó… pasé por acá a ver si me dejaban meter un bocadito”. En esa geografía, en esa zona real pero que a la vez es una geografía mental, el mismo autor se inmiscuye, es narrador y personaje y explica el alma de Diamante: Para mí es una novela, y empezaron a aparecer como cuentos, el primero de los relatos es Rocanrol, que es del 2008. Y después otros más, apareció la segunda parte de Rocanrol, aparecieron otros personajes, y se fue armando como un clima y me di cuenta de que tenían que ver todos con todos. Lo fui estructurando y fue tomando esta forma, que son relatos autoconclusivos que podés leerlos como que empiezan y terminan pero también podés leerlo, en el orden que los puse, como una novela. Y hay un único cuento que está en primera persona en que el personaje está con una piba, no sé qué y que le dice: “sigo siendo un mal escritor pero estoy escribiendo las historias del barrio”, y ahí es donde está el chiste autorreferencial, que también le da un sentido y lo arma como novela… Los personajes, muchos, son reales. Incluso me pasó con Rocanrol algo rarísimo. Porque el Corcho, el setenta por ciento del personaje soy yo, y el resto características de amigos o cosas que le agrego al personaje, para hacerlo creíble. Pero resulta que existe un chabón en Diamante, que le dicen Corcho, y toca la viola, es un rockero, y cuando sale el libro mi viejo le pasa el libro, porque lo conoce, y el chabón chapeaba: “éste escribió mi vida…”. Es re loco. Y me lo cruzo al Corcho y me saluda, eh, loco, ¿Cómo andás? Yo lo inventé, boludo, ese apodo se lo puse yo, pero ya existía, eso me parece maravilloso. Y muchos de los personajes son mezcla de gente que conozco, uno va tomando las cosas que le interesan, los datos de color, para armar los personajes y hacerlos creíbles. La Unidad Básica, no exactamente, como la narro, existe, nos juntábamos con gente cercana a Quindimil, tomábamos, cerveza, yo escuchaba historias todo el tiempo. Hay cosas que me han pasado a mí, cosas que cuentan los personajes. Hay un diálogo, en la Unidad Básica, que aparece en un cuento, que lo escuché, tal cual, en un colectivo. Siempre tengo la antena atenta a ver cómo habla la gente,  y escuché que hablaban de unos yanquis, en un restaurante, de cómo pelan la naranja con cuchillo y tenedor, me encantó eso y lo metí en el cuento. Tengo eso, la antena prendida para ver cómo habla la gente, los modismos. Después eso lo uso para armar literatura.

El hombre conurbano

Diamante es una mirada, también, sobre el Conurbano, lo sabemos ambos, ser del Conurbano es algo muy particular…

Es muy particular, si… no es lo mismo que haber nacido en Palermo.  Si bien está situado en un lugar, y el nombre de Diamante es puntual, lo que traté de hacer es que pueda ser Diamante pero que pueda ser cualquier otro barrio. Es un barrio del Conurbano, listo. Es un Diamante que es mi Macondo. Creo que la frase es: Una furia quieta regada de promesas incumplidas…  Es eso: el anuncio de vamos a hacer un hospital, vamos a hacer las cloacas, el puto puente, mi abuelo estaba contento, porque estos hijos de puta lo están terminando, y él creía que lo van a terminar, se murió y no llegó a verlo… Hace cuarenta años que prometieron el puente… Pasa con las líneas de subte que faltan, volver al Conurbano después de las diez de la noche…Para venir a laburar a Capital, tenés que salir a las seis de la mañana si entrás a las ocho, porque el bondi se rompe, porque hay paro, porque mataron a un chofer, porque cortan el puente, porque se cortó la luz, porque hay un bardo, porque las calles están rotas… siempre pasa algo, te perdés el presentismo, te querés matar. A la mañana agarrarte al caño frío, congelado, del 9, del 188… y odiás al que está sentado o a la vieja con olor a perfume. Estás dormido, odiás a la humanidad, porque tenés que ir a laburar por dos mangos de mierda, y vas a laburar y salís a las seis de la tarde y volvés a tomarte el bondi y llegás a tu casa a las ocho de la noche, y estuviste todo el día dando vueltas por Capital y en la Capital hay de todo, que sé yo, pero también es todo una mierda, el salir y el volver del barrio es un dolor de huevos. Perdés muchas horas de tu vida en esos viajes en bondi. Lo podés pasar leyendo o maquinando cosas, porque si no, te convertís en asesino serial.

Anarcozurdoperonista

En la escritura de Choripán me pasó eso, de tenerlos ahí y decir: estos tipos hacen pero son impresentables, y que esa impresentabilidad se me convirtiera en simpatía. Todo bien con ser anarcos, pero dentro de este mundo de mierda en el que vivimos, en el contexto en el que vivimos, lo única alternativa que tenemos para participar, para llegar, dentro de esta mierda de sistema, lo más cercano a nuestras ideas es el Peronismo. Creo que es la única salida. ¿Qué te vas a hacer?, ¿trosko? Está todo bien con los troskos, pero a veces, lamentablemente, han sido funcionales a lo que quiere la derecha.  No lo hacen a propósito, pero son tan “anti todo”, que no funciona... Ya los veo tocándome el timbre, boludo ¡Jajaja!…  Los troskos son buenos para manejar sindicatos, ahí sí andan bien. Lo que quiero decir es que si uno quiere hacer algo por la gente, los que están ahí, hace años, son los del Peronismo. No nos queda otra. Me pasó escribiendo Choripán. Igual sigo diciendo que no soy peronista, creo que soy anarkozurdofiloperonista, o sea una contradicción con patas, pero el peronismo es la opción que nos queda. Si querés combatir esta mierda, tenés que estar metido adentro y la mejor opción es el Peronismo.  Quizás me van a odiar muchos… Choripan Social es una novela muy ambigua. Los valores del Peronismo, están buenos, entonces, aliémonos a estos tipos…  En Villa Diamante hay una unidad básica cada dos cuadras. Pensar el Conurbano sin peronismo es como pensar el mundo sin Coca Cola o sin los Simpson. No hay manera. Está ahí, el peronismo sucede en el barrio. Es meter las patas en el barro, en el barrio y los únicos que lo hacen, de verdad, son los peronistas. Guste o no guste, los que se meten, los que militan, los que caminan, son los peronistas.

Ya no hay plata para otra cerveza. Apenas cigarrillos. Le comento a Sebastián Pandolfelli que en su libro, Diamante, hay muchos guiños: literarios, musicales, cinematográficos, barriales.  No lo puedo evitar. Está dentro de mi tono, dentro de lo que escribo. Hay muchas citas de canciones. Hay mucha cita de todo, en mi literatura hay mucho meta texto. Hay gente que las caza… Está el Nadador de Cheveer, está el Matadero de Echeverría… No es que lo cito textual, hay como un juego. Me encanta hacer esas referencias. Es parte del texto…  y el que lo caza, lo disfruta el doble. Y si no, no importa. Hay muchas letras de canciones, pedacitos, hay citas a las artes plásticas y a la filosofía. A veces son chistes boludos. Las artes plásticas me interesan mucho, he pasado horas en el Museo Nacional de Bellas Artes, sentado, mirando un tapiz. Nadie ve esas pelotudeces, yo sí. Así como voy en el colectivo y escucho a los que están sentados adelante, o estoy sentado en un bar y estoy escuchando lo que dicen estas tres señoras acá atrás, también voy a los museos y galerías a ver cuadros y me flashean cosas. Y todo lo que leo, queda. Y todas las canciones que escucho, quedan. No sé por qué, pero tengo una memoria que guarda demasiadas cosas. Después, eso, en algún momento sale, cuando estoy escribiendo. Y ahí está esa mezcolanza kitch, pop, llamala como quieras, que se convierte en literatura.

No nos fían.