Andrea Álvarez: “No tengo más ganas de insistir para que, musicalmente, me quieran”

  • Imagen
    Andrea Álvarez
    Foto: Télam
APU ENTREVISTA

Andrea Álvarez: “No tengo más ganas de insistir para que, musicalmente, me quieran”

09 Julio 2023

Andrea Álvarez es baterista, cantante y compositora. En diálogo con AGENCIA PACO URONDO recordó sus comienzos en la música, su paso por Soda Stereo, y cómo fue tomar la decisión de abandonar en pleno éxito el trío para dedicarse a sus proyectos personales. Además, se refirió a su actualidad, que la va a depositar en el escenario de Strummer Bar, el 22 de julio; al trabajo en un libro autobiográfico y a un nuevo disco de estudio, el quinto, llamado Policía de la corrección. “El nombre tiene que ver con mis broncas por todo lo que está pasando. La corrección política, que define lo que es bueno y malo, lindo o feo”, explicó.

Agencia Paco Urondo: ¿Cómo llegás a la música y, particularmente, a sentarte frente a una batería?

Andrea Álvarez: Empecé con la música desde muy chiquita, antes de la última dictadura militar, pero la batería entró más en la adolescencia, 14, 15 años. No sé como la elegí, lo que sí sé es que fue como un impulso, cuando conocí a la familia Vitale nucleada en Músicos Independientes Argentinos (MIA). En ese momento tocaba el clarinete, pero me gustaba el rock, sabía que quería pertenecer a eso, que era como una comunidad. Siempre supe lo que quería hacer, lo que no sabía era cómo se iba a hacer realidad. Lo cierto es que mis viejos, personas amantes de la música, me dijeron que si y ni bien me senté en la batería me di cuenta que, junto con la música, era el lugar en el que tenía que estar.

APU: ¿Cómo fuiste haciendo el proceso de dejar de ser sólo una instrumentista para empezar a componer tus propias canciones?

A.A.: Son distintas etapas. Al principio, sólo quería era tocar y lo único que me identificaba era ser instrumentista. En el 2000 ya de grande, empecé a componer. Nunca se me había ocurrido, no había sentido la necesidad. Mi musa inspiradora fue las ganas de decir cosas que me importaban y no las estaba diciendo. Así fue cómo empecé a hacer los temas, como creo que tiene que ser todo. No fue un plan, fue algo más bien vital. Cada vez que hago algo, tiene que ver con eso. Sale de la disconformidad, la rabia, mi enojo sobre algunos temas en determinados momentos.

APU: Muchos te relacionan con los 80, aunque esta no sea la etapa del rock argentino que más te gusta.

A.A.: El sonido de los 80 nunca fue lo que me gustó tocar. La gente me asocia con eso porque toqué en Soda Stereo, aunque no sabía sus temas hasta que tuve que tocarlos. No era una música que a mí me interesara pero obviamente, la llevo en mi corazón. Con la propuesta de las bandas argentinas de la década de 1980, tengo que ver solo en lo generacional, con la edad.

APU: Siguiendo con Soda Stereo, te alejás de la banda en pleno éxito de Canción Animal, donde prácticamente eras considerada un miembro más.

A.A.: Por ahí estaba a la altura, pero no era un miembro más, no. Soda Stereo siempre fue 3 personas. Para mí ha sido una etapa espectacular, de crecimiento, pero que también me alejaba de mi esencia, porque no estaba tocando la batería ni tampoco demasiado. Después, lo que siguió de Soda cuando editaron Dynamo (1992) iba para otro lado que a mí, mucho no me gustaba, haciendo una música un poco más “sónica”. De todas maneras, mi alejamiento tuvo que ver con que no me sentía a gusto conmigo, no podía hacer mi propia vida. Tenía inquietudes distintas que no podía desarrollar por formar parte de un proyecto para el cual tenés que estar 24/7. A mí me empezó a pesar, eso. La decisión la tomé 1 año antes de irme. Me costó porque era un lugar muy exitoso, una referencia, es muy difícil irse de un lugar así.

URL de Video remoto

APU: Una decisión valiente y arriesgada, pero con el objetivo claro de desarrollar tus proyectos musicales.

A.A.: En realidad, yo le pongo toda mi energía a eso. Lo que no le puedo poner es lo que no tengo, que es plata. Por suerte, encontré un gran amigo que me hace grabar discos, pero nunca a nadie interesado en producir para que mi proyecto crezca. Sí me llaman para tocar o irme de gira con Ataque 77 o con Natalia Oreiro, voy, pero son sólo 10 días. Antes de la pandemia estaba tocando en lugares como Niceto y por empezar a trabajar en un álbum nuevo. Después, cambió muchísimo la escena y perdí las ganas de realizar ese esfuerzo de la autogestión. Ganas de tocar tengo siempre, pero lo puedo hacer en mi sala y está todo más que bien. Estoy más grande y tengo otras prioridades como vivir. No tengo más ganas de insistir para que, musicalmente, me quieran. Me aburrí de eso. 

APU: ¿Por lo que decís entonces, tocar es lo único que tenés para enfrentar y vencer ese aburrimiento?

A.A.: No puedo parar de tocar. En vivo o en la sala. Cuando lo hago en el ensayo, o estoy componiendo. pienso que está bueno lo que va apareciendo y lo quiero compartir. Realmente, siento mucho placer al ejecutar, la paso muy bien, no permito que nada ni nadie se interponga, como me ha sucedido por muchos años. De hecho, en el momento que me nominaron como mejor disco de rock para los premios Latin Grammy, por Y lo dejamos venir (2015), ninguna agencia se interesó por tenerme en su booking o para formar parte de un festival. Si en ese momento no pasó, ya fue. Ni siquiera el esfuerzo por ganarnos un lugar las mujeres dentro de la música lo logró.

APU: Tengo entendido que estás trabajando en un libro junto con a la periodista Adriana Franco ¿En qué etapa está ese proyecto?

A.A.: Va lento, como todo lo mío, porque no tengo guita. Decidiendo qué cuento y de qué manera. Como narrar lo que me pasó en el ambiente de la música sin nombrar a otros, teniendo en cuenta que sola no estaba. Por eso, con Adriana estamos viendo cómo le damos forma, porque no quiero que quede aburrido. Es a través de la música donde mejor me expreso y me gusta comunicarme. Ahí lo digo todo. Y en el libro me gustaría que eso quede demostrado.

“Mi musa inspiradora fue las ganas de decir cosas que me importaban y no las estaba diciendo”

APU: ¿Qué pensás de los sonidos urbanos como el trap, por ejemplo, que muchos buscan emparentar con el rock?

A.A.: Para mí, no tiene nada que ver con el rock. Sí con la cultura joven. No entiendo por qué la gente quiere empecinadamente unir las cosas. Me gusta el ritmo, pero no me genera curiosidad el género urbano. Me interesa más el under del rock. Aunque también allí puedas encontrar algunos números un poco infantiles a los que yo llamo músicos de tiktokers. Artistas que no lo son, pero que cuando sean grandes van a contar que en algún momento lo fueron. Eso sí me da bronca.

APU: Contanos algo acerca de tu nuevo disco que lleva por título el sugerente, Policía de la corrección.

A.A.: El nombre tiene que ver con todo lo que está pasando. La corrección política, que define lo que es bueno y malo, lindo o feo. Tengo un montón de temas nuevos que estoy terminando. Pero por vagancia no los cierro. Son tantas las cosas que hay que atravesar para parir un álbum que me aburre tremendamente. En general, cada disco habla de lo que me pasó en el momento. El primero Andrea Álvarez (2001), parecía un manifiesto feminista. Dónde me importaba retratar lo que les sucedía a las mujeres; el segundo, ¿Dormis? (2005) hablaba de despertar, hacerse cargo de uno mismo y haber sobrevivido a un montón de cosas. Doble A (2008) fue una liberación que tenía más que ver con los vínculos personales, la sexualidad y con mis relaciones de pareja. Y lo dejamos venir (2015) está muy ligado a lo que yo registro como el fin de una era, la decadencia del ser humano que incluye a políticos y líderes religiosos, la destrucción del planeta y el advenimiento de un futuro incierto. En cambio, Policía de la corrección dice mucho de mis broncas. Hay un tema que se llama “Los cazafantasmas” que tiene como centro lo que te decía antes, todo lo que no me banco de la escena musical.

APU: Tenés otra nueva canción que se llama “Cuando yo me muera” ¿Escribiste sobre eso porque te ronda la idea del fin de la existencia?

A.A.: Nunca había pensado en la muerte, hasta que empecé a perder a gente que quería. Primero, a mis viejos que acompañé y cuidé mientras atravesaron el alzhéimer. Eso fue un clic, para mí. Después mis amigos, María Gabriela Epumer, Gustavo Cerati y Ulises Butrón. Que me generaron, también, mucha rabia por el trato que se les dio a partir de sus fallecimientos, endiosándolos. Porque parece que hay que morirse para ser intocable y que te reconozcan.