Flavio Casanova: “Me decidí por el rockabilly, pero podría haber tenido una banda de after punk, dark o new wave”

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APU ENTREVISTAS

Flavio Casanova: “Me decidí por el rockabilly, pero podría haber tenido una banda de after punk, dark o new wave”

03 Marzo 2024

Flavio Casanova, leyenda y padre del rockabilly en Argentina, conversó con AGENCIA PACO URONDO sobre sus 40 años de carrera que lo encuentran activo y vigente, arriba de un escenario.

Agencia Paco Urondo: Salió un libro que escribió Nando García, Flavio Casanova. 40 años de rock and roll, cuatro décadas a donde viste toda la escena desde su florecimiento en aquella segunda etapa que comienza con el advenimiento de la Democracia.

Flavio Casanova: Se cumplen 40 años de Democracia y bueno, cuento desde ahí. Soy del año 62, cuando tenía 21 años comencé a tocar con Casanovas y como decías, son muchísimas anécdotas, vivencias. La verdad, la he pasado muy bien.

APU: Se abren las puertas de la Democracia, entra un sonido nuevo en el rock argentino y vos venías de la colimba, me imagino que con unas ganas de querer comerte el mundo.

F.C.: Era una época muy especial. Había terminado la dictadura, había esperanza en el aire y muchas ganas de hacer cosas. Fue como una olla a presión que explotó, comenzó en el 83 y en el 86 explotó. No sólo con Casanovas sino con las otras bandas de esa época.

APU: Frecuentabas lugares como el Einstein y ahí conociste los Sumo, tenías una relación muy estrecha, los conociste muy bien.

F.C.: Soy oriundo de la ciudad de La Plata, siempre viví acá. La banda es de Capital, iba mucho a ensayar allá, pero antes de conocerlos a ellos iba mucho a ver los recitales de punk rock, new wave que había en Buenos Aires y uno de esos lugares era el Einstein. Ibas, había 30 personas, y entre esos te encontrabas a Luca, Daniel Melero, Stuka, todos músicos que después armaron bandas conocidas. Los Cadillacs, Sergio Rotman. Tenía 21 y venía estudiando todo lo que iba saliendo, de muchos estilos, no solo rockabilly. Me decidí por él, pero podría haber tenido una banda de after punk, dark o new wave.

Todo ese conocimiento de música que uno iba adquiriendo era muy diferente, porque no había Internet en esa época, era todo investigación propia, tratar de conseguir alguna revista importada y enterarte de lo que iba saliendo. Fue como una revolución, también, en el exterior. A mediados de los años ´70 se volvió a las bandas de cuatro integrantes o cinco, con dos guitarras, temas simples, más cortos. Esa gente me lleva a querer armar una banda, a querer tocar en alguna.

En el 83, en un recital de Los Violadores y Los Laxantes, en la puerta me encuentro a Fidel Nadal que era otro de los habituales de esos lugares y me presenta a Pablo Carmona, contrabajista de Casanovas. Los dos con un look más o menos rockabilly, éramos pocos, en general estaban todos en la onda del punk rock. Congeniamos, empezamos a charlar y me dice “yo estoy armando una banda con Claudio”, que es el baterista, “nos falta un cantante”. Me ofrecí, al otro día me llamaron, ahí empezamos con todo y no paré más.

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APU: ¿Qué se escuchaba en tu casa cuando eras pequeño?

F.C.: En mi casa no se escuchaba rock and roll, nada. Teníamos un combinado de esos Ranser, grandote, último modelo. Mis padres eran profesionales, tenían una buena posición, pero discos no había, o había de música clásica, óperas. Yo tenía 6 años y en un programa de televisión, Beatle cartoon, veo a los Beatles y me interesa. Ese sonido me conmovió, y empecé a investigar. Me acuerdo que en canal 11 pasaron ¡Help!, la película y A hard day´s night. Cuando lo vi, me explota la cabeza y encima la gente grande no estaba acostumbrada.

Voy a la disquerías porque mi papá quería comprar el disco de Estudiantes campeón del mundo del 68, con Muñoz relatando los goles, y cuando entro, en la pared veo la colección entera de los Beatles. Me quedé paralizado. Mi papá se dio cuenta y además de los relatos de los goles compra un simple con “Ob-La-Di, Ob-La-Da”, que era el último hit de los Beatles en el 68, pero no era interpretada por los Beatles sino por Marmalade, una banda psicodélica que es muy buena, pero medio que me desilusioné.

Al poco tiempo, mi abuela que me daba todos los gustos, me compra ¡Help!, aunque me decía “esos flequilludos, no”. De ahí le di para adelante porque en los 70 me metí con el rock sinfónico, con Génesis de Peter Gabriel, Yes, Emerson, Lake & Palmer, Pink Floyd. En el 78,79 llega el punk rock acá, cuando ya me estaba recibiendo en el Colegio Nacional de La Plata.

Leo el libro Punk, la muerte joven y veo artículos en El Expreso Imaginario hablando de los Sex Pistols, de los Clash, me volví loco con eso. Entre los 18 y los 20, fue un aluvión de discos importados, estaba muy informado con lo último que salía, los discos de Joy Division los tuve cuando salieron. Eso me permitió, cuando iba a Buenos Aires a esos lugares que te contaba, poder meterme entre todos los músicos. Una de esas personas era Luca Prodan, que cuando le hablaba de esas bandas, se volvía loco. “¿Cómo vos conocés, acá, si yo vivía en Manchester y era plomo de esas bandas?”, me decía. Por eso la amistad con él, lo mismo con Melero. Eran horas y horas, hablando de música.

APU: Dos tipos con una cabeza adelantada a su tiempo; Melero dejó un testimonio en el libro de Nando hablando de vos.

F.C.: Fue una de las primeras personas que conocí en el ambiente. Nos hicimos amigos enseguida, me invita a su casa y cuando fui tenía los mismos discos que yo. Ahí está la conexión. Por eso, después, cuando llegó el momento de encontrar un productor para Casanovas, pensé en Daniel Melero para darle una estética más moderna, más after punk. Los chicos querían un sonido más duro, más rocker, por eso habían pensado en Michel Peyronel. En esa pulseada, por suerte, nos inclinamos por Melero porque le dio una apertura al disco, genial. Por eso es un disco que perdura, el primero de Casanovas.

APU: En ese ir para atrás en la búsqueda musical, es inevitable pensar en Sam Phillips y Elvis Presley ¿Ahí descubrís el sonido y empezás a abrazar la estética?

F.C.: Lo que me decide a formar una banda de rockabilly es escuchar el disco de Robert Gordon, Rock, Billy, Boogie, que es anterior. Él es verdadero pionero. Eso es fue lo primero del neorockabilly que me pegó. Investigando, me fui más atrás, todavía, a Hank Williams, al primer blues de los años 20, 30, al country viejo, te metés en todo. Y también para adelante, cuando salen grupos nuevos con buena onda, los escuchás. Eso te da una apertura grande y un conocimiento que te sirve para todo.

APU: ¿Le prestabas atención a lo que pasaba a nivel nacional con las bandas de rock o simplemente estabas totalmente atravesado por lo que venían de afuera?

F.C.: Qué buena pregunta. Sinceramente, me creía que vivía en Nueva York o en Londres. Eso es lo que me permitía poder ir “adelantado”, porque acá todo llegaba más tarde. Lo vivía así y vivía así, es increíble, vivía por y para eso. Uno lo cuenta como si fuera una cosa común, ahora que me fijo después de tantos años puedo decir que tuve la suerte de estar en el momento justo, en el lugar justo.

"Sinceramente, me creía que vivía en Nueva York o en Londres".

APU: Te lo preguntaba porque había potente influencia de bandas locales y, sin embargo, vos como que lo viste un poco de costado a ese fenómeno, te pegó de lleno toda esa música que venía de afuera.

F.C.: No es tan así. Como te decía, en los 70 curtía el rock sinfónico, imagínate que los discos de Manal, Pappo´s blues o Spinetta estaban, los había escuchado. Veía un disco que podía tener una letra, una tapa, todo eso me gustaba, pero nunca llegó a conmoverme. Respeté. Me parecía buenísimo, pero miraba más para afuera. Cuando conozco el punk rock, la new wave, es como una “vuelta” a los 60, los 50. Fue una revolución, mental y también estética. Tener el pelo parado, de colores o usar cosas de cuero. Lo que realmente me gustaba, me costaba, tenía que hacer 60 km para encontrarlo. Acá en La Plata no estaba, salvo en 15 amigos que, entre todos, comprábamos discos y nos pasábamos las grabaciones en casettes.

APU: ¿Cómo fue ese período de abstinencia, el momento de estar haciendo el servicio militar y quedar lejos, de alguna manera, de toda la movida?

F.C.: En algunas cosas fue duro, pero pasó rápido. Soy de la generación que estuvo Malvinas. Yo no fui, estuve acá, en La Plata, tuve suerte. En esa época tenía un walkman que recién entraban, y un día estaba haciendo guardia en el puesto 3, en el Destacamento de Inteligencia, y estaba con los auriculares (imagínate que la gente no sabía que existía, menos un militar) tapado con la capa, el casco, todo, y por ahí me tocan la espalda y era el jefe de la compañía que estaba viendo que no se duerman. Por abajo, apagué el aparato y ni se dio cuenta, si no me lo sacan, me lo rompen o me lo afanan. Cuando apenas salí, empecé a ir a ver bandas a Capital. Ir en micro, ir y volver, llegar a las 8 de la mañana, acá. Pero bueno, se hacía con ganas

APU: ¡Qué vital es la música! Sabías que podías ser sancionado, perder el equipo, y sin embargo la necesitabas.

F.C.: Es el aire, la respiración, la sangre, era eso y lo sigue siendo. En el día a día, tan difícil, te lleva a relajarte, a ponerte bien, a mí me sirve. En mi casa hay 4000, 5000 compactos.

APU: ¿Cómo se dio la idea del libro que escribió Nando García, cómo fue la propuesta? ¿Cómo te llevas con los recuerdos, con repasar tu historia?

F.C.: Para mí, siempre es muy lindo, tengo todo muy presente. El tema es así: justo cumplía 40 años de tocar y tenía una idea de hacer algo, no sabía si un recital, un libro, algo tenía que salir. Creo en la causalidad. Justo en enero recibo un llamado telefónico, una persona que no conocía personalmente, Nando García, que es un científico del CONICET de La Plata, o sea, está en otra cosa. Me dice que le encantaría hacer un libro y le respondo “genial, venite ya”.

Se vino a la tarde y en todo enero, febrero y marzo lo terminamos. Tengo muy buen material guardado de flyers, fotos de todas las épocas, de cada cosa que cuento es como que hay una foto. Es increíble el material que hay y anécdotas, como la de la colimba que no la puse, fui más por arriba. Entró lo que entró, y está bien resumido los 40 años en 200 y pico de hojas.

"Tengo fotos de todas las épocas, de cada cosa que cuento es como que hay una foto".

APU: ¿Cómo definirías al rockabilly, de dónde viene, cómo llega a conformar esa identidad que tiene?

F.C.: El rockabilly, siendo escueto, es una fusión entre la música country, el hill billy y el rithm & blues. En los años 50 había radios de blancos y negros. En la primera pasaban country music, en la segunda rithm & blues. Sam Phillips (un tipo blanco), de Memphis, tenía un estudio de grabación chico en el cual grababan artistas negros, Hawling Wolf, por ejemplo. En 1954, aparece el joven Presley con 18 años, que trabajaba en una compañía eléctrica, para el camión en la puerta y dice “quiero grabar acá”. Al tipo le gustaba toda esa música negra, era blanco y tenía muy buena imagen, se congenió todo eso con la onda de Sam Phillips que le puso una banda de country e hicieron todas esas versiones que fueron el puntapié inicial. En Inglaterra nunca murió, pero en Estados Unidos se fue diluyendo a fines de los 50 y la invasión inglesa de los 70 hizo que volviera a Estados Unidos. Es un ida y vuelta constante. Cuando vino el punk rock, ahí se metieron las primeras bandas de rockabilly, ahí se abrió todo, muchas excelentes.

APU: Pensaba en el formato, en que al comienzo no había batería ¿Cuándo se incorpora en la formación de rockabilly?

F.C.: Las primeras grabaciones son sin batería, pero ya existían cosas en la música country y en el blues sin y con batería. Un ejemplo, el primer disco de Elvis Presley, London Calling, del 56. Firma con RCA, se va de Sam Records y ya tiene productores, una empresa grande atrás y le proponen grabar con baterista. Empieza a sonar más, ese disco fue muy masivo, pegó muchísimo ese sonido algo más pesado. Pero los comienzos son el contrabajo, la guitarra acústica que, al rasgar, es como si tuvieras una escobilla, y la guitarra eléctrica. Existen muchísimas bandas actuales que suenan como en los 50 y eso lo podés ver en los festivales.

APU: Sé que hay un disco inédito, trabado por alguna razón, que tenés para sacar.

F.C.: En 2010 habíamos grabado un disco con la Rockaband que le íbamos a poner Vintage Moderno. Lo habíamos hecho a pulmón, en un estudio de La Plata, con todos temas propios. El baterista lo llama al manager de Miranda!, por probar, y el tipo le contesta “soy fanático enfermo de Flavio, si tiene un disco se lo saco yo”. Fuimos, nos reunimos y como que entablé una amistad con él. Damián se copó, editó el disco, edita dos más que se llaman Elegante, que son muy buenos. Cuando me separo de Rockaband me propone hacer un disco solista, con temas que no son rockabilly y después vemos.

Compuse 10 temas con mi hijo Jerónimo en batería y Cachorro López en el bajo. Ese disco quedó registrado y en 2018 había hablado con Sony para editarlo primero en Miami, en México y después sacarlo acá. Justo cuando teníamos que ir a firmar el contrato a Sony, le agarró un ACV, no sé cómo fue y estuvo tres años en una cama, después falleció un día antes de la pandemia. La familia, de la cual me había hecho muy amigo, me dice que haga lo que quiera con el disco, lo había pagado, preparado todo él. Estaba fantástico, no es un disco de rocabillys, es más variado. Lamentablemente, quise ubicarlo en algunos lados y no se dio.

Ahora la música es diferente por más que sea bueno, que esté bien grabado… Quizás editorial Serial, los que editaron nuestro libro, el año que viene se anime a editarlo en un vinilo. No lo he subido, todavía, porque quiero que salga en formato físico y después recién lo voy a subir.