"La nueva internacional fascista", de Ugo Palheta: un nuevo fantasma recorre el globo
Es evidente que si queremos vencer a la “internacional fascista”, como la llama Ugo Palheta en su libro La nueva internacional fascista (La Cebra), vamos a tener que empezar a organizarnos.
Tengo mis dudas si es con el discurso del amor y la bondad como podremos vencer al odio y la furia.
Un nuevo fantasma recorre el globo, es lo otro del comunismo —de hecho depende tanto del fantasma comunista que tuvo que revitalizarlo, se lo invoca cada vez que se puede, aunque no quede claro el referente.
Lamentablemente, a nosotros, sudacas, no nos va a servir de mucho el muy buen mapa de la extrema derecha europea o primermundista que traza Palheta (ya que incluye a Estados Unidos y Rusia), pues si bien nombra un par de veces a Javier Milei, evidentemente no lo investigó en comparación con lo que sabe de los países centrales y con lo que nosotros lo sufrimos –esto no significa tampoco que nosotros logremos entenderlo. Por ahora parece ininteligible para la tribu intelectual, que se puso a leer con frenesí a los libertarios austriacos y se la pasa repitiendo la consigna “extrema derecha” —hay que recordar que nuestro enemigo a muerte era el pobre de Larreta.
Tal vez para entenderlo haya que pensar de una manera diferente a como nosotros pensamos. Tal vez lo que es importante para nosotros, es insignificante para la sociedad. Nosotros, que argumentamos o tratamos de argumentar, nos quedamos prendados al contenido de los discursos, cuando no hubo nadie hasta ahora que llevara más lejos las contradicciones y el absurdo, las autorrefutaciones y los disparates más violentos en su discurso que Javier Milei —acusó en campaña de haber matado niños a la que después nombraría ministra de Seguridad, o sea.
Quizás habría que pensar la forma más que el contenido. Pero la forma, en el sentido que pretendo darle, no tiene que ver con las maneras de manifestar unas ideas, tiene que ver con la dimensión mediática de ese discurso. Es una cuestión material. Se relaciona al poder de los medios de comunicación, básicamente al poder (psíquico y social) del smartphone. Pensemos que nuestro presidente es un animador de televisión que se consume por Tik Tok.
Todo lo que leí sobre extremas derechas, en el mejor de los casos, nombra la importancia de internet y del smartphone, pero en ningún caso intenta comprender lo que estos medios, este multimedia “inteligente”, hacen con nosotros, con nuestros deseos, con nuestro yo: frustración y narcisismo, prepotencia e impotencia, exigencia de satisfacción e insatisfacción, existencia virtual y soledad real, cócteles de implosión y arrasamiento.
Milei es violento, Palheta lo llama autoritario, yo tengo mis dudas. Amenazó con ser autoritario, pero por ahora no neutralizó los poderes del parlamento, más bien se los apropió, alguien que venía realmente del llano televiso, sin partido político que lo respalde y con una campera de rockstar.
Amenazó con imponer la autoridad máxima, si hacía falta, y quiso que las marchas de protesta se hicieran en fila india por la vereda, pero aún no rompió el pacto del Nunca Más, que consiste en que el Estado no tiene impunidad para matar. Todavía no tenemos muertos.
Milei (nunca voy a dejar de sorprenderme de este apellido), para nosotros, tiene un aura de vanguardia con respecto a los países europeos, que están viendo las neo guerras colonialistas en su propio territorio como si fuera una partida de TEG. Solo que ellas, las naciones europeas, no tienen ningún poder de decisión allí.
Todo lo que leí sobre extremas derechas, en el mejor de los casos, nombra la importancia de internet y del smartphone, pero en ningún caso intenta comprender lo que estos medios, este multimedia “inteligente”, hacen con nosotros.
Para los que quieren entender de dónde viene y en qué consiste la derecha extrema global, el libro de Palheta colabora. De cualquier manera, quiero plantear mis diferencias.
Comparto con Palheta que no hace falta una fuerza militar para estatal para que este movimiento actual sea llamado fascismo, pasa que nunca se terminó de entender bien qué fue ese movimiento de masas: el fascismo.
Que lo que presenciamos en este momento tumultuoso y atomizado es una fuerza global (a Palheta le gusta decir “mundial”, me parece incorrecto) no quedan dudas.
Y que como el fascismo original, el neofascismo también viene a amortiguar o remediar una crisis del capitalismo, tampoco.
No estoy para nada seguro de que sea apelando al vocabulario del mejor marxismo (el de Gramsci, el de Marx “auténtico”) como nosotros encontraremos la manera y las ideas para enfrentar esta derecha que llamamos extrema, aunque tengamos dudas de que en un futuro inminente esta violencia “extrema” no nos parezca irrisoria.
No es la primera vez que acciones globales se imponen con características locales, por supuesto. No es lo mismo la “extrema” derecha en Italia que en Francia o en Estados Unidos, mucho menos en Argentina.
No hay que olvidar que los fascismos tienen su origen en las crisis económicas, es decir, antes de ser algo ideológico (en contra de las múltiples minorías y la “filosofía” woke), es una potencia económica. No son un conjunto de ideas (que no alcanzan la coherencia de una doctrina, como sostiene Palheta) lo que se difunde e impone, sino una manera que tiene el Capital de propagarse virosicamente, deglutiendo en su difusión todos los materiales naturales que se necesiten para ser revitalizado.
Para decirlo con claridad: no son ideas lo que se propagan, es el Capital.
Por lo tanto, debemos pensar que lo único que le interesa al Capital es acrecentarse, cueste lo que cueste.
Este fascismo quiere imponer un orden, solo que este orden se parece bastante al caos —el caos es un orden que aún no se entiende. Lo hace solo para crecer. Cuando deje de crecer (es decir, de generar más desigualdad), el Capital, que es básicamente un capital financiero, migrará, dejando detrás de sí, una vez más, deuda y miseria.
Esta es la lógica cíclica que estamos acostumbrados a vivir en nuestro país, donde la crisis de hegemonía que estamos soportando provoca que ninguna fuerza política (la de ellos, la nuestra) conozca el éxito en su plan. Lo que nos une es la derrota. Lo importante es la reproducción.
Lo cierto es que gobierno a gobierno el que siempre sale perjudicado es el más pobre. Y la clase media, que con cada golpe económico se va desmoronando.
Palheta tiene muy buenas propuestas, pero de otro momento histórico, ya que habla de proletariado y de sindicatos independientes (contra la burocracia sindical, que suele terminar pactando).
El problema en la Argentina no es el proletariado que pierde derechos (¿existió un proletariado en Argentina?), es la clase media que no logra estabilizarse, es la “casta” política que siempre consigue reproducirse, son las castas económica y judicial, que constituyen los auténticos actores permanentes tras los distintos gobiernos que pasan. Son los changueros y los que no tienen trabajo o trabajan en trabajos precarios y sin garantías.
Milei es el personaje mediático que el poder “permanente”, local y global, eligió para que lo consumara.
No lo representa, porque representa a la sociedad. Si nosotros hablamos de crisis de representación es porque no nos gusta vernos retratados por este monigote que grita y desmantela al Estado.
No se puede gobernar exitosamente un país si el modelo es la administración de una carnicería, por más grande que sea el frigorífico.