Malvinas: memoria, soberanía y futuro

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Malvinas: memoria, soberanía y futuro

02 Abril 2026

Cada 2 de abril, el pueblo argentino se inclina ante una de las páginas más profundas de su historia. El Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas es memoria, honor y gratitud eterna hacia los 649 héroes argentinos que dieron la vida por la Patria y hacia los veteranos que cargan hasta hoy con la marca indeleble de aquella gesta. Esta es una fecha sagrada para nuestro pueblo. Las islas y el Atlántico Sur son parte de nuestra identidad nacional, de nuestra conciencia histórica y de nuestra propia idea de Patria. Malvinas exige una sociedad capaz de honrar a sus combatientes y de sostener, con la emoción de una herida y la firmeza de una causa, el reclamo inclaudicable sobre nuestra soberanía legítima e imprescriptible.

Pensar Malvinas en el presente es asumir la Argentina que estamos obligados a construir. En ellas se condensa una disyuntiva profunda de la historia argentina: el dolor de la dictadura, la irresponsabilidad de una conducción criminal y la entrega de un país sometido a intereses ajenos a su pueblo. Sin embargo, allí vive también otra fuerza: la del coraje popular, la de la bandera argentina afirmada con orgullo, la de una voluntad de soberanía que sobrevivió a los usurpadores de adentro y de afuera. Malvinas guarda la memoria de una tragedia y, al mismo tiempo, señala un camino de futuro. En su nombre aparece lo peor que nos pasó y también una de las razones más nobles para volver a ponernos de pie. Por eso nos conmueve tanto.

Sostenida desde 1833, la ocupación británica de las islas y el Atlántico Sur abarca 1.639.900 km² de territorio marítimo e insular argentino. Eso representa un 43% de los espacios marítimos jurisdiccionales soberanos de nuestro país, de donde extraen anualmente – a través de licencias ilegales – un promedio de 250.000 toneladas de recursos pesqueros valuados en torno a los mil millones de dólares, al tiempo que se impulsan exploraciones petroleras como la del proyecto Sea Lion de la compañía israelí Navitas Petroleum. Ante esta expresión persistente de colonialismo en pleno siglo XXI, el gobierno de Javier Milei relativiza la usurpación, admira a sus responsables históricos y es indulgente con el saqueo de nuestros recursos. Su política de claudicación dibuja un modelo de país subordinado, complaciente con las potencias y cada vez más distante de una idea efectiva de soberanía nacional. Esa renuncia, además de lesionar el interés nacional, constituye una ofensa a la memoria de los héroes que pelearon y murieron por la Patria en Malvinas.

La Argentina necesita otra dirección. Hoy más que nunca tenemos el deber de pensarnos como una Nación bicontinental, arraigada en el Atlántico Sur, consciente del valor estratégico de sus recursos y decidida a defender lo que le pertenece. La recuperación de YPF en 2012 fue, en ese sentido, una decisión audaz de un país que entendió que el control de sus recursos estratégicos era inseparable de su desarrollo, y buena parte de lo que hoy se proyecta alrededor de Vaca Muerta sería impensable sin aquella definición soberana. Para ello es preciso elaborar una política exterior que no se arrodille ante las potencias de siempre, que elija con criterio sus alianzas y que acompañe, en nuestra región y en el mundo, a los pueblos que sufren despojo, ocupación y coloniaje. Un proyecto nacional que reordene el vínculo entre soberanía, desarrollo y dignidad es nuestra alternativa: la de una Argentina que se planta, que protege lo suyo y que vuelve a mirar el futuro con ambición de Patria.

En este 2 de abril volvemos a recordar a quienes dieron todo por la Patria y todavía nos señalan un rumbo. Honor y gloria a nuestros héroes y compromiso inclaudicable con la soberanía argentina.